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La Paz
por Ricardo
Stirparo y Horacio Prado
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"Que la paz de Cristo reine en sus
corazones: ustedes fueron llamados
a encontrarla, unidos en un mismo
Cuerpo."
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Col.
3,15
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En el Evangelio
encontramos numerosos llamados a vivir en
la paz que viene de Dios.
Esa paz nace
del corazón, cuando nos dejamos abrazar
por el amor de Dios y solo es posible que
crezca cuando abrazamos con ese amor a los
demás. Por eso la paz a la que nos
llama el Señor en su Palabra, no
es una paz de ausencia de conflictos, no
es la paz de los cementerios donde nada
pasa..., por el contrario, es una paz por
la que debemos trabajar luchando contra
todo lo que atente a la comunión
con Dios y con los demás y esto solo
es posible si juntos nos confiamos al amor
del Señor.
"Entonces la
paz de Dios, que es mucho mayor de lo que
se puede imaginar, les guardará su
corazón y sus pensamientos en Cristo
Jesús." Flp. 4,7
Primer
momento:
Para
comenzar el tema recurrimos a una de las
personas más significativas en la
lucha por la paz: Martin Luther King. El
formó un movimiento por la no-violencia,
en la que participaron miles de personas
luchando contra la discriminación
racial y por los derechos civiles de toda
persona.
Les proponemos
analizar el decálogo o "tarjeta de
compromiso" que cada voluntario no-violento
firmaba y se comprometía a vivir:
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"Entrego
aquí mi persona, física
y espiritual, al movimiento no violento.
En consecuencia me comprometo a respetar
los 10 mandamientos siguientes:
- Meditar
diariamente sobre el mensaje y la
vida de Jesús.
- Recordar
que el movimiento no violento tiene
por fin el buscar la reconciliación
y la justicia, y no la victoria.
- Conservar
en mi conducta y en mis palabras
la actitud del amor, porque Dios
es amor.
- Orar
todos los días y pedir a
Dios ser su instrumento para que
todos los hombres puedan ser libres.
- Sacrificar
mis intereses personales para que
todos los hombres sean libres.
- Observar,
tanto hacia mi amigo como hacia
mi enemigo, las reglas habituales
de cortesía.
- Tratar
de servir con regularidad a los
demás y al mundo.
- Abstenerse
de la violencia de palabra, física
y también de corazón.
- Hacer
cuanto pueda por conservarme espiritual
y físicamente sano.
- Respetar
las indicaciones del movimiento
y las de los responsables cuando
haya una manifestación.
Firmo este
compromiso, después de haber
reflexionado maduramente sobre lo
que hago, y con la determinación
y la voluntad de perseverar en él.
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En grupos de
seis personas y aproximadamente en 20 minutos,
se reflexiona sobre el decálogo con
las siguientes preguntas:
- ¿Cuál
o cuáles de los 10 compromisos
nos impacta más? ¿Por qué?
- ¿Cuál
de estos compromisos nos resulta más
difícil de vivir? ¿Por qué?
- Teniendo en
cuenta lo leído en este decálogo,
¿cómo definiríamos
"la paz"?.
- ¿Ustedes
creen que es posible vivir esa paz? ¿Por
qué?
Después
de este compartir se ponen en común
las conclusiones.
Segundo momento:
A través
del anuncio de la Palabra de Dios, intentamos
descubrir, cuál es la paz que nos
ofrece Jesús. Tomaremos algunos pasajes
del Evangelio, dejando que el Señor
nos ilumine con lo que tiene para decirnos:
Mt.
5, 1-12: "Las Bienaventuranzas"
Recordemos
que en la época de Jesús su
pueblo estaba dominado por los romanos y
aparecían grupos revolucionarios
que intentaban imponer la paz por medio
de las armas. La esperanza mesiánica
estaba muy ligada a una liberación
que llegaría por la fuerza. Ante
esto El nos dice: Serán felices los
mansos, los pacientes, los misericordiosos,
los que trabajan por la paz, denunciando
la injusticia.
Serán
felices los que perdonan con alegría,
los que no conocen el rencor ni el odio,
porque comprenden las debilidades propias
y ajenas.
Lc. 6, 27-38:
"El amor a los enemigos"
La paz
que ofrece Jesús, nos pide devolver
al mal el bien; no solo se trata de vivir
"tranquilos" entre amigos, nos llama a perdonar
y buscar el bien de los que incluso nos
causan algún mal. Esto solo es posible
si primero nosotros nos dejamos perdonar
y amar por el Señor, solo así
entenderemos la paz que ofrece Cristo, que
dio su vida para que la humanidad sea un
pueblo de hermanos que vivan en paz.
"El Reino de
Dios es un Reino de paz"
Hay
muchos ejemplos en el Evangelio, que nos
invitan a construir este Reino de paz:
- La benevolencia
para juzgar: Mt. 7,1-5
- La corrección
fraterna: Mt. 18,15-18
- El servicio
a los demás: Mc. 10,42-45
Por todo esto
que recibimos de la Palabra de Dios, descubrimos
que difícilmente haya paz si entre
nosotros no derribamos los muros de la injusticia,
la indiferencia, el egoísmo.
Tercer momento:
Luego de
haber recibido el anuncio de la Palabra
de Dios, podemos plantear la siguiente pregunta:
¿Cómo
podemos ser constructores de esta paz?
Cada uno recibirá
una ficha, qué intentará completar
en forma personal, en un tiempo de 15 minutos.
| Cómo
podemos ser constructores de la paz... |
| En nuestra
casa... |
| Entre amigos...
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| En el grupo... |
| En el colegio... |
| En el barrio... |
En los grupos
formados con anterioridad se realiza una
puesta en común.
Cuarto momento:
Para sintetizar
lo visto en este encuentro, se propone a
cada grupo que sobre la base del decálogo
de M. L. King, elabore el suyo propio y
realicen panfletos o tarjetones plegables,
que tendrán como destino la difusión,
en el barrio y en las familias, del mensaje
de paz que nos trae Jesús en su Palabra.
Cerramos el encuentro
con una oración y dándonos
unos a otros el gesto y el compromiso de
la paz.
| "Que
el Señor de la paz les dé
su paz en todo tiempo y de toda manera.
Que el Señor esté con
todos ustedes " |
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2
Tes. 3,16
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