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Padre bueno
que la Palabra que escuchamos
eche raíces hondas en nuestra
vida.
Ayúdanos
a construir cimientos fuertes
para nuestra fe.
Que edifiquemos toda nuestra vida
sobre la roca firme de tu Palabra.
Que penetre nuestro corazón
y nos empape de tus sentimientos
y de tus propuestas.
Que ilumine nuestras acciones
y oriente
las decisiones que tomemos.
Enséñanos a rumiar tu
Palabra,
guardándola en el corazón,
como lo hacía la Virgen,
para llenarnos de vos
y vivir conforme a tus enseñanzas.
Danos la valentía necesaria
para llevarla
al mundo en que vivimos,
y allí ser testigos fieles
de tu voluntad de Vida nueva
para todos los hombres.
Que tu Palabra se encarne
en todas nuestras actividades,
que impregne nuestros trabajos
y que sea el horizonte
de todas nuestras metas.
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Mantén,
en nosotros, siempre viva
el hambre y la sed de tu Palabra,
que nos muestran el camino
de la justicia y la libertad.
Enséñanos a hacer silencio
para escuchar tu voz.
Ayúdanos a ser perseverantes
en la lectura diaria de la Biblia.
En ella encontramos
tu mensaje que interpela
y que invita a la conversión.
Que nuestros frutos sean generosos
conforme a los dones
que nos has regalado
para el bien de todos.
Padre Bueno,
que tu Palabra
nos transforme desde el interior
y la vivamos con gestos concretos
de amor, de solidaridad
y de entrega por tu Reino.
Que la Palabra que escuchamos
y compartimos haga crecer
nuestro compromiso y nos anime
en el seguimiento de tu Hijo Jesús
hacia el Reino,
construyendo un mundo nuevo,
firmes en la esperanza
y servidores de la justicia.
Marcelo
A. Murúa
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