" Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu, y su fama corrió por toda aquella región. Enseñaba en las sinagogas de los judíos y todos lo alababan.
Llegó a Nazaret, donde se había criado, y el sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre. Se puso de pie para hacer la lectura, y le pasaron el libro del profeta Isaías. Jesús desenrolló el libro y encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
Jesús entonces enrolló el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó, mientras todos los presentes tenían los ojos fijos en él. Y empezó a decirles: «Hoy les llegan noticias de cómo se cumplen estas palabras proféticas. » "
Lc. 4, 14-21
Señor de la Vida, danos tu Espíritu
para vivir como tus discípulos.
Convierte nuestros corazones
y cambia nuestra mentalidad,
Espíritu del Señor,
para que podamos seguir a Jesús.
Espíritu de Jesús,
empapa nuestras vidas
del coraje evangélico
de los primeros testigos,
siembre en nosotros
la mística de las bienaventuranzas,
haz de nosotros,
artesanos de la paz y la vida nueva,
instrumentos de la liberación
que el Señor nos mostró con su ejemplo.