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Reflexiones en torno
a una Espiritualidad Bíblica
por Marcelo
A. Murúa
Hablar de espiritualidad
en estos tiempos no es fácil. En primer
lugar no todos entendemos lo mismo cuando
escuchamos hablar de espiritualidad.En segundo
lugar la espiritualidad no tiene buen prensa,
se la asocia con cosas aburridas, de otros
tiempos. En tercer lugar, persiste una clara
tendencia a considerar la espiritualidad
como un compartimento separado de las demás
esferas de la vida.
Profundicemos un poco
este último punto. Recuerdo un ejemplo sencillo
y contundente. Varias veces mientras fue
ministro de Economía el señor Cavallo se
cruzó verbalmente con algunos obispos por
situaciones derivadas de la aplicación de
la política económica. En líneas generales
el mensaje era: "Sres obispos, ustedes dedíquense
a las cosas espirituales y dejen para nosotros
el manejo de la Economía". La anécdota sirve
para ilustrar una visión, bastante común,
de la vida como compartimentos estancos,
separados y que nada tienen que ver entre
sí..
Según esta difundida
visión, la espiritualidad se encargaría
de un vago conjunto de realidades llamadas
"cosas espirituales", cuyo vínculo común
sería pertenecer a las antípodas del mundo
"material", cotidiano, en el cual se mueve
la vida de todos los días.
Esta espiritualidad
se desarrollaría en un ámbito determinado,
en los tiempos específicos que uno pudiera
dedicarle, sin recibir influencias ni influir
en otras esferas de la vida, personal o
social.
Esta forma de concebir
la espiritualidad no es cristiana ni tiene
ningún fundamento bíblico. Es la pesada
herencia de un modo de pensar, el griego,
que separa al hombre en un "ser espiritual"
y un "ser material". La forma en que la
Biblia entiende al hombre es diferente.
Para la mentalidad bíblica el hombre es
una unidad, un todo; cuya existencia está
animada por el propio aliento de Dios, su
Espíritu, como el hermoso relato de la creación,
en un lenguaje mítico de hace más de tres
mil años, nos permite descubrir (Gén. 2,
7)
La vida espiritual,
según la Biblia, se relaciona entonces con
el espíritu que llena nuestro ser y nos
impulsa asentir, a pensar, a comparar, a
decidir, y a actuar, en todas las esferas
de la existencia.
Pero no siempre el
espíritu que nos guía y orienta nuestra
vida es el espíritu de Dios que recibimos
al comenzar nuestra existencia.
A lo largo de la vida
vamos encontrando otros espíritus que pueden
ir desplazando el aliento de Dios hasta
arrinconarlo en una fracción de nuestra
vida o hacerlo desaparecer.
En una de sus cartas
Juan nos advierte: "Examinen los espíritus
para ver si vienen de Dios..."(1 Jn. 4,
1) no sea cuestión que se equivoquen y sigan
un camino errado.
En la Biblia no aparece
la vida de una persona, o un pueblo, dividida
en secciones, una de las cuales se relaciona
con Dios y las demás no. La vida es una
totalidad y las alternativas son, que esté
animada =guiada=impulsada=orientada
por el Espíritu de Dios o que lo
esté por otros espíritus, que no
son de Dios, y se los suele llamar "del
mundo". Hoy podríamos lllamarlo "leyes del
mercado","individualismo", "ambición de
poder, o de dinero", "discriminación e intolerancia",
"corrupción, droga", etc...
La vida espiritual
es, por tanto, la tarea diaria, perseverante,
conflictiva y esperanzadora, de buscar y
asegurar que sea el Espíritu de Dios el
que mueva y oriente nuestra vida. Toda la
vida.
La espiritualidad que
nace de la Biblia se presenta entonces como
el cauce seguro desde el cual discernir
la presencia del Espíriu de Dios en nuestros
días, con sus desafíos, sus propuestas y
sus exigencias.
La espiritualidad tiene
una palabra para decirnos sobre la economía,
la política, las relaciones humanas, la
comunicación, el trabajo, la familia. Negarle
esa posibilidad, separar alguna realidad
humana para que no sea alcanzada por ella
implica reconocer queel espíritu que nos
guía no es el de Dios. Porque a Dios le
interesa la vida entera. Y no la parte que
nosotros le querramos destinar, reservándonos
el resto para hacer lo que nos plazca.
Rasgos de una espritualidad
que nazca de la Biblia
Una espriritualidad
que se vive en camino, en marcha.
El prototipo del hombre
de fe es Abraham. El supo escuchar el llamado
de Dios y salir a su encuentro. A Dios no
se lo encuentra esperando estático. Abraham
irá encontrando a Dios en el camino de su
vida. Y ningún camino es totalmente recto.
Siempre existen encrucijadas, opciones,
momentos de decisión, inseguridades.
Una espiritualidad
en búsqueda.
El espíritu de Dios
no se compra ni se vende. Hallarlo implica
el esfuerzo cotidiano y renovado de discernir
por donde pasa hoy el Reino de Dios, desde
dónde ser fiel a sus valores y propuestas,
con qué actitudes, gestos y palabras se
camina según el Espíritu de Jesús.
Una espiritualidad
comprometida con la historia.
Un excelente ejercicio
espiritual cotidiano es la lectura del diario.
Leer que "más del 50 % de la población
argentina está bajo la línea
de pobreza" o que "existe un 22 % de
población desocupada" (estadísticas
oficiales aparecidas en los diarios argentinos
durante este año) y sentir que se
nos revuelven las entrañas por tamaña injusticia,
es empezar a sentir con los sentimientos
de Dios, quien no permanece impávido ante
la injusticia y la opresión sino que interviene
en la historia para liberar y garantizar
la vida (Ex. 3, 7-8)
Una espiritualidad
que nace de la compasión y la misericordia.
A propósitode lo quedecíamos
más arriba, el término griego que se utiliza
en los evangelio para describir lo que Jesús
siente al ver la marginación, el sufimiento
y el dolor de su gente precisamente significa
un movimiento de las entrañas, algo que
nace de adentro. El Espíritu de Jesús mueve
a la compasión, a la indignación contra
la injusticia y al compromiso activo por
la vida.
Hay palabras que por
repetidas han perdido buena parte de su
significado. Misericordia es una de ellas.
Etimológicamente significa "corazón sensible
a las miserias". Que Dios sea misericordioso
significa que se conmueve con la miseria
y el dolor humanos. Donde falta educación,
donde falta trabajo, donde falta vivienda,
donde no existen las condiciones que garantizan
la vida Dios no perrmanece inmutable.
Una espiritualidad
bíblica auténtica nos hace compartir los
sentimientos de Dios: la indignación, la
ira (contra la injusticia), la compasión,
la misericordia.
Una espiritualidad
qu no rehuye el conflicto.
San Pablo plantea la
vida espiritual como una lucha interior
entre hacer el bien que quiere y el mal
que no quiere (Rom. 7, 19). Podríamos decir
entre dejarse guiar por el Espíritu de Dios
o por otros espíritus (ambición, dinero,
poder, egoísmo, etc.)
Los cristianos solemos
tener miedo al conflicto. Tanto el que se
da al interior de cada uno como el que se
da al exterior, en la vida en sociedad.
En la vida de los profetas encontramos muchas
experiencias de conflicto: incomprensión
hacia Dios, incomprensión de Dios, rechazo
de los demás, soledad. Momentos de cruz...si
queremos ser animados por el Espíritu de
Jesús,, que nos invita "Si quieres seguirme,
toma tu cruz de cada día y sígueme"
Una espiritualidad
profética...
...que sabe mirar
el mundo, reconocer los signos de la
presencia o ausencia de Dios en la realidad,
en lo que pasa, en lo que nos pasa. Una
espiritualidad con capacidad crítica, reflexiva.
Por eso lo de leer el diario...y la realidad,
con los ojos de Dios, atentos a indignarnos
con lo que destruye la vida, y prontos a
alegrarnos con las semillas de vida nueva,
presentes entre nosotros...(Mc. 4, 26-27)
...que no duda en
denunciar todo aquello que no está inspirado
por Dios sea el lujo y abuso de unos pocos(Am.
3, 15-4, 3) o una mala política del gobernante
de turno (Jer. 22, 13-19) o las práctica
de una religión que no conduce a Dios ni
le agrada(Is. 58, 1-10)
...que anticipa
el futuro y descubre la esperanza, que
no vacila en anunciar la utopía de un mundo
nuevo, "animado" según el Espíritu de Dios.
Hoy más que nunca necesitamos
recuperar el espíritu profético.
Una espiritualidad
que construye la justicia.
En el Antiguo Testamento
la noción de Justicia es central. Dios interviene
en la historia liberando al pueblo hebreo
esclavo para realizar justicia. Hacer justicia
está relacionado con garantizar las condiciones
de vida para todos. . Al israelita se le
pedía respetar y practicar la Ley, y el
espíritu que anima la Ley es la construcción
de la justicia en medio del pueblo. Los
profetas identifican a Dios con la justicia
y dicen con clarida que el que practica
la justica conoce a Dios.(Jer. 22, 16) Acá
no se habla de un conocimiento intelectual,
sino de la experiencia de encuentro y comunión
con Dios. Aquel que practica la justica
está animado por el Espíritu de Dios. Dios
habita en él. En el Nuevo Testamento el
apóstol Juan nos dirá lo mismo en su primera
carta: "Ustedes saben que él es justo; reconozcan
entonces que quien obra la justicia, ése
ha nacido de Dios." (1 Jn. 2, 29). La vida
espiritual se demuestra en obras concretas.
La justicia que practicamos es una medida
del conocimiento de Dios que tenemos.
Una espiritualidad
que promueva la solidaridad.
El Nuevo Testamento
se resume en el mandamiento del amor. Amor
al prójimo y amor a Dios. Pero el sentido
bíblico de amor no es exactamente el que
impera entre nosotros. El amor en el Nuevo
Testamento está relacionado con la justicia
del Antiguo. La palbra que se usa es ágape,
que expresa unión, encuentro, solidaridad,
comunión de personas. El amor no es visto
desde una relación entre dos personas sino
como algo más amplio y abarcativo, que implica
una trama social. La práctica del amor es
la puesta en marcha de una nueva forma de
relacionarse entre todos los hombres. Una
manera de relacionarse que posibilite la
realización de la justicia. En la parábola
del jucio final, Mateo 25, 31 ss, queda
claro como la solidaridad con los demás,
partiendo de los que sufren marginación
o algún tipo de injusticia, es la práctica
verdadera del amor que Dios nos manda, y
garantía de encuentro con Jesús. Atención,
quelas palabras de Jesús sobre el amor son
un mandamiento, no una invitación.
Es lo que hay que hacer...si vivimos animados
por el Espíritu de Jesús.
Una espiritualidad
comunitaria
El seguimiento de Jesús.
La vida, tras sus pasos, según su Espíritu,
es una experiencia comunitaria. No se accede
en forma individual al Dios de Jesús. Se
lo conoce, se lo experimenta, se lo busca
y se lo encuentra en compartida caminada.
La estructura del seguimiento es comunitaria.
Jesús llama un grupo, como queda bien claro
en los primeros capítulos de los evangelios.
A Jesús se lo descubre junto a otros. La
vía de acceso a Jesús es una comunidad...animada
por el Espíritu
Una espiritualidad
contemplativa y orante
Entrar en comunión
con Dios es comunicarse con el en un diálogo
abierto. La práctica constante de la oración
nos prepara para el encuentro con el Señor.
La oración nos permite descubrir la voluntad
de Dios, madurarla, tomar fuerzas para llevarla
adelante. En la oración le pedimos a Dios
que nos de su Espíritu. Con la insistencia
que Jesús recomienda, "pidán y se les dará".
La oración nos abre la posibilidad de contemplar
a Dios y su proyecto: el Reino, presente
ya entre nosotros. La oración ayuda a discernir
y anima a la esperanza.
Una espiritualidad
liberadora
Una espiritualidad
que rompa con nuestra imagen de Dios, para
que pueda mostrarse y salir a nuestro encuentro.
Una espiritualidad que libere a Dios de
las pesadas cargas que le adjuntamos los
hombres y que van borroneando su imagen
. Dejar que Dios sea Dios. Que su voluntad
nos sorprenda y nos sacuda. Que nos conduzca
a un crecimiento en libertad, para vivir
los valores del Evangelio de Jesús. Que
nos ayude a liberarnos de los falsos espíritus
que ocupan el lugar de Dios en nuestra vida
y nos orientan por caminos falsos.
Una espiritualidad
que nos comprometa en la búsqueda del Reino,
en la liberación de todo el que sufre, en
la construcción del mundo nuevo.
La vida espiritual
abarca la totalidad de la vida. Supera la
esfera personal para impregnar las relaciones
con los demás.
No hay rincón de nuestra
vida que no pueda ser espiritual. Es decir
que no pueda y deba ser alcanzada por el
Espíritu de Dios para lograr el cambio,
la conversión del corazón y de la mente,
imprescindibles para recibir el Reino, que
es don y tarea a compartir. No hay rincón
de la vida social que no deba ser espiritual.
Una política, una economía, una tecnología
que no esté animada por el Espíritu del
Señor no puede responder a los caminos del
Reino.
Y hay que cambiarlas.
Para que la justicia
sea como un torrente inagotable...(Am. 5,
24)
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Especial
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