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Jesús-Eucaristía,
pan para la vida de todos
Para reflexionar
y orar sobre la Eucaristía
por Marcelo
A. Murúa
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La Palabra nos
presenta a Jesús-Eucaristía
El capítulo
6 del evangelio de Juan es clave para comprender
el significado de la Eucaristía para
nuestra vida de fe. En él, el evangelista
nos presenta a Jesús como pan de
vida, a través del signo de la multiplicación
de los panes, y a continuación, a
través de un largo discurso de Jesús.
Para profundizar la reflexión dividiremos
al texto en cuatro partes.
1) Jesús
da de comer a la multitud
Jn. 6, 1-15
" Después
Jesús pasó a la otra orilla
del lago de Galilea, cerca de Tiberíades.
Le seguía un enorme gentío,
a causa de las señales milagrosas
que le veían hacer en los enfermos.
Jesús subió al monte y se
sentó allí con sus discípulos.
Se acercaba la Pascua , la fiesta de los
judíos. Jesús, pues, levantó
los ojos y, al ver el numeroso gentío
que acudía a él, dijo a
Felipe: «¿Dónde iremos
a comprar pan para que coma esa gente?»
Se lo preguntaba para ponerlo a prueba,
pues él sabía bien lo que
iba a hacer. Felipe le respondió:
«Doscientas monedas de plata no alcanzarían
para dar a cada uno un pedazo.» Otro
discípulo, Andrés, hermano
de Simón Pedro, dijo: «Aquí
hay un muchacho que tiene cinco panes
de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué
es esto para tanta gente?» Jesús
les dijo: «Hagan que se sienta la
gente.» Había mucho pasto
en aquel lugar, y se sentaron los hombres
en número de unos cinco mil. Entonces
Jesús tomó los panes, dio
las gracias y los repartió entre
los que estaban sentados. Lo mismo hizo
con los pescados, y todos recibieron cuanto
quisieron. Cuando quedaron satisfechos,
Jesús dijo a sus discípulos:
«Recojan los pedazos que han sobrado
para que no se pierda nada.» Los
recogieron y llenaron doce canastos con
los pedazos que no se habían comido:
eran las sobras de los cinco panes de
cebada. Al ver esta señal que Jesús
había hecho, los hombres decían:
«Este es sin duda el Profeta que
había de venir al mundo.»
Jesús se dio cuenta de que iban
a tomarlo por la fuerza para proclamarlo
rey, y nuevamente huyó al monte
él solo."
Esta escena de
la vida de Jesús, conocida como la
"multiplicación de los panes" es
un relato que figura en los cuatro evangelios.
Este sencillo dato nos da la pauta de que
fue un hecho de vida significativo para
las comunidades cristianas de los primeros
años de la iglesia. Sabemos que los
evangelios no son biografía de Jesús
sino anuncio de su Buena Noticia (tal el
significado de la palabra "evangelio"),
y que por estar escritos en diferentes contextos
históricos y para distintas comunidades
destinatarias tienen textos comunes y textos
particulares (propios de cada evangelista).
Este relato constituye uno de los textos
que sí aparecen en los cuatro evangelios,
señal de su importancia y mensaje.
Juan ubica la
escena en la costa judía del lago
de Galilea, cerca de la ciudad de Tiberíades
(en la costa del lago había varias
ciudades por donde Jesús estuvo predicando
durante su estadía en Galilea).
Mucha gente acudía
a verlo y escucharlo. La predicación
de Jesús se caracterizaba por una
práctica liberadora centrada en la
curación de los enfermos y la atención
de los marginados. El pueblo acudía
y lo seguía.
Jesús
contempla el gentío y se compadece
por ellos. Manifiesta a sus discípulos
su preocupación por las necesidades
de la gente. Jesús se preocupa por
el hambre del pueblo, por lo que podrían
o no comer. Practica y vive lo que luego
nos enseña: a Dios le preocupa la
vida concreta de las personas y juzgará
nuestras vidas desde la óptica concreta
de la solidaridad y la fraternidad con los
hermanos (ver Mt. 25, 31-46).
Es interesante
descubrir que Jesús no se queda en
el diagnóstico de la situación:
"la gente tiene hambre"
sino que se
compromete a sí mismo y a sus discípulos
a buscar una solución a la situación
"¿Dónde iremos a comprar pan
?",
que equivale a "¿Qué haremos
nosotros por esta gente"
La actitud de
los discípulos también es
interesante para analizar. Felipe se sorprende
con la pregunta del Maestro y su respuesta
esta cargada de lógica humana " Doscientas
monedas de plata no alcanzarían para
dar a cada uno un pedazo". Una moneda de
plata era el salario o jornal de un día
de trabajo. La cantidad expresa un suma
importante de dinero pero su significado
es más profundo. Cuántas veces
nosotros contemplamos las situaciones de
injusticia de nuestro tiempo y nos desalentamos
"¡Nada se puede hacer!", "Las cosas
nunca van a cambiar", "Con tan poco no se
puede hacer mucho
" Con sus palabras
Felipe quiere decir que cree imposible dar
de comer a toda esa gente. El segundo discípulo
que aparece en el relato, Andrés,
hace un aporte más positivo, aunque
también plantea sus dudas e incredulidad.
Vale la pena recordar que Andrés
fue uno de los dos discípulos que
primero encontraron a Jesús, según
el evangelio de Juan y que luego de encontrar
a Jesús fue a buscar a su hermano
Simón y le dió testimonio
de Jesús (Jn. 1, 35-42). En este
relato vuelve a aparecer una actitud característica
del discípulo (y por lo tanto de
quienes buscamos seguir los pasos de Jesús):
es quien es capaz de descubrir a su alrededor
los dones que Dios ha repartido, aún
cuando no alcance a comprender. Andrés
señala que un muchacho tiene algo
de alimentos, aunque a su juicio no es suficiente
"¿qué es esto para tanta gente?".
Jesús
interviene tomando la iniciativa. Les da
instrucciones a sus discípulos y
la gente se sienta en grupos. Las soluciones
no son individuales sino comunitarias, Jesús
organiza a la gente, le enseña a
compartir.
Tomando los panes
y los pescados Jesús hace un gesto:
da gracias y los reparte. El gesto de Jesús
nos recuerda otros momentos de su vida:
la cena antes de morir (Mc. 14, 22), el
encuentro con los discípulos de Emaús
(Lc. 24, 30).
Un detalle del
texto puede pasar inadvertido. Los panes
que el muchacho acerca son de harina de
cebada, la harina de los pobres en los tiempos
de Jesús. La harina de trigo era
más refinada y su costo era mayor.
El pueblo sencillo hacía su pan con
harina de cebada. Jesús valora el
aporte sencillo y a partir de lo que la
gente ofrece actúa y cambia la vida
(es una característica de Jesús
partir del aporte humano para hacer sus
señales milagrosas, este aporte puede
ser material o una actitud, como en la curación
del paralítico, ver Mc. 2, 1-12).
A continuación
se señala que todos recibieron cuanto
quisieron y los discípulos recogieron
doce canastos con lo que había sobrado.
Las cifras son evidentemente simbólicas,
propias del gusto y entendimiento del pueblo
judío, que adjudicaba significados
a los números.
El texto no habla
en ningún momento de multiplicación
de los panes a pesar de que la tradición
ha conservado ese título para esta
escena evangélica.
Jesús
acepta el aporte del niño, da gracias,
lo reparte
y todos comieron y se saciaron.
Un dicho popular de nuestros días
afirma "Cuando se comparte, alcanza y sobra
"
Un excelente teólogo de nuestros
días, Albert Nolan, nos abre una
ventana a una comprensión del texto
que nos compromete y nos interpela:
" El mejor
ejemplo del empeño de Jesús
por educar a la gente a repartir lo que
posee, es el milagro de los panes y los
peces (Mc. 6, 35-44, par.). Este episodio
fue interpretado por la primitiva iglesia
y por todos los evangelistas como un milagro
de multiplicación (aunque ninguno
de ellos lo dice expresamente). La forma
habitual de llamar la atención
sobre un milagro consiste en decir que
la gente quedó perpleja, pasmada
o enmudecida. En este caso, no se nos
dice nada de esto; lo que se nos dice
es que los discípulos no habían
comprendido (Mc. 6, 52; 8, 17-18, 21).
El acontecimiento tiene un significado
más profundo. Pero, en sí
mismo, no fue un milagro de multiplicación,
sino extraordinario ejemplo del hecho
de compartir."
¿Quién
es este hombre? Albert Nolan, pág.
87. Ed. Sal Terrae
La escena termina
en forma enigmática. La multitud
aparenta reconocer al Mesías esperado,
pero Jesús que advierte una intención
que no es compatible con el proyecto de
Dios se aleja y busca refugio en el monte,
en soledad.
El final evoca
la profesión de fe de Pedro, en la
cual también hay un incipiente descubrimiento
de la persona de Jesús,pero que no
responde al proyecto de Dios. El reproche
a Pedro (Mc. 8, 33) tiene el mismo origen
que la huida de Jesús de la gente.
La imagen de sí mismo que Jesús
quería ofrecer no era el Mesías
poderoso, el rey esperado, sino el Mesías
sufriente, que reconocemos en los textos
proféticos de Isaías (Is.
42, 1 ss).
La escena termina
con Jesús en el monte, en soledad.
Como en varias otras ocasiones nos lo señalan
los evangelistas (Mc. 1, 35; Lc. 6, 12).
El monte, lugar de oración y encuentro
profundo con el Dios de la Vida, para buscar
y conocer su voluntad, para discernir el
camino a seguir, para abrevar en el agua
que da vida y fuerza para continuar: la
presencia del Padre y el diálogo
con El.
2) Jesús,
pan para la vida
Jn. 6, 28-51
"
Entonces le preguntaron: «¿Qué
tenemos que hacer para trabajar en las
obras de Dios?» Jesús respondió:
«La obra de Dios es ésta:
creer en aquel que Dios ha enviado.»
Le
dijeron: «¿Qué puedes
hacer? ¿Qué señal milagrosa
haces tú, para que la veamos y
creamos en tí? ¿Cuál
es tu obra? Nuestros antepasados comieron
el maná en el desierto, según
dice la Escritura: Se les dio a comer
pan del cielo.»
Jesús
contestó: «En verdad les digo:
No fue Moisés quien les diio el
pan del cielo. Es mi Padre el que les
da el verdadero pan del cielo. El pan
que Dios da es Aquel que baja del cielo
y que da vida al mundo.» Ellos dijeron:
«Señor, danos siempre de ese
pan.»
Jesús
les dijo: «Yo soy el pan de vida.
El que viene a mí nunca tendrá
hambre y el que cree en mí nunca
tendrá sed. Sin embargo, como ya
les dije, ustedes se niegan a creer aún
después de haber visto. Todo lo
que el Padre me ha dado vendrá
a mí, y yo no rechazaré
al que venga a mí, porque yo he
bajado del cielo, no para hacer mi voluntad,
sino la voluntad del que me ha enviado.
Y la voluntad del que me ha enviado es
que yo no pierda nada de lo que él
me ha dado, sino que lo resucite en el
último día. Sí, ésta
es la decisión de mi Padre: toda
persona que al contemplar al Hijo crea
en él, tendrá vida eterna,
y yo lo resucitaré en el último
día.»
Los
judíos murmuraban porque Jesús
había dicho: «Yo soy el pan
que ha bajado del cielo.» Y decían:
«Conocemos a su padre y a su madre,
¿no es cierto? El no es sino Jesús,
el hijo de José. ¿Cómo
puede decir que ha bajado del cielo?»
Jesús les contestó: «No
murmuren entre ustedes. Nadie puede venir
a mí si no lo atrae el Padre que
me envió. Y yo lo resucitaré
en el último día. Está
escrito en los Profetas: Serán
todos enseñados por Dios , y es
así como viene a mí toda
persona que ha escuchado al Padre y ha
recibido su enseñanza. Pues, por
supuesto que nadie ha visto al Padre:
sólo Aquel que ha venido de Dios
ha visto al Padre. En verdad les digo:
El que cree tiene vida eterna. Yo soy
el pan de vida. Sus antepasados comieron
el maná en el desierto, pero murieron:
aquí tienen el pan que baja del
cielo, para que lo coman y ya no mueran.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá
para siempre. El pan que yo daré
es mi carne, y lo daré para la
vida del mundo.»"
El texto forma
parte de uno de los discursos más
importantes de Jesús que encontramos
en el evangelio de Juan. El discurso abarca
Jn. 6, 28-71, y Jesús lo pronuncia
después del signo de la multiplicación
de los panes (Jn. 6, 1-15) que ya hemos
comentado.
La gente, después
de la multiplicación, busca a Jesús
y lo encuentra en Cafarnaún (Jn.
6, 24-25). Allí Jesús les
señala que lo buscan no tanto por
los signos que realiza sino porque les ha
dado de comer. En el evangelio de Juan los
milagros de Jesús tienen una intención:
ser signo o señal para descubrir
a Jesús. Los milagros siempre refieren
a un significado más profundo que
el hecho en concreto.
En esta catequesis
sobre el pan de vida Jesús intenta
explicar a sus oyentes (gente, discípulos,
adversarios) el significado profundo de
lo que ha hecho, e invitarlos a creer en
El, único y verdadero pan para la
vida.
Tras una primera
explicación (versículos 28-40)
en la cual Jesús se presenta como
el Pan de vida e insta a sus oyentes a creer
en El para tener vida, los judíos
murmuran contra él. Le critican haber
dicho que era el pan bajado del cielo pues
ellos conocían bien su origen, a
su padre y a su madre. El saber de los judíos
se agota en un nivel humano que no pueden
trascender. El texto evoca otras afirmaciones
críticas relacionadas con el origen
de Jesús: "¿también tú
eres de Galilea? Estudia las Escrituras
y verás que de Galilea no salen profetas"
(Jn. 7, 53 respuesta de los fariseos a Nicodemo),
"nosotros sabemos que ese hombre que te
sanó es un pecador" (Jn. 9, 24 diálogo
entre los fariseos y el ciego de nacimiento).
Los que conocían las Escrituras y
sabían de las cosas de Dios permanecen
"ciegos" ante su presencia, incapaces de
reconocerlo donde ellos no lo podían
explicar (interesante enseñanza para
nuestra vida: ¿dónde buscamos
a Dios? ¿dónde lo reconocemos?
¿somos capaces de abrir los ojos a
sus "signos", que hoy como ayer siguen poblando
la vida y la historia que vivimos?).
Jesús
les enseña que el que da el verdadero
entendimiento es el Padre, el es quien nos
enseña ("serán todos enseñados
por Dios" , Jn. 6, 45, cita, a su vez, de
Is. 54, 13 y Jer. 31, 33). Y es el Padre
quien concede el don de creer en el Hijo,
su Enviado (y nuestro maestro). El Padre
atrae a los que creen en Jesús, esa
es su obra. Jesús termina diciendo
"el que cree tiene vida eterna" (Jn. 6,
47). Este versículo está en
paralelo con la afirmación anterior
dada en el versículo 40: "Sí,
esta es la decisión de mi Padre:
toda persona que al contemplar al Hijo crea
en él, tendra vida eterna, y yo lo
resucitaré en el último día"
(Jn. 6, 40). Creer en Jesús es tener
la vida eterna, que ya empieza en este mundo,
notar que el verbo está en presente,
el que cree tiene vida eterna. Esta vida
presenta dos características: ya
está presente y actuante en el que
cree en Jesús, y también es
promesa que vendrá (la resurrección).
La relación entre "creer" y "tener
vida eterna" la encontramos en varios versículos.
A continuación
Jesús profundiza su explicación
del pan vivo. Retomando la figura del maná
recibido por el pueblo israelita en el desierto,
Ex. 1-15, (signo de la presencia de Dios
y de su preocupación por la vida
del pueblo), figura conocida y muy estimada
por los judíos, señala que
el maná no fue suficiente, porque
alimentó al pueblo pero igualmente
ellos murieron. Ahora, en la persona de
Jesús ( "Yo soy el pan vivo bajado
del cielo" ) recibimos el alimento para
la vida. Se incorpora al discurso uno de
los temas significativos y recurrentes en
el evangelio de Juan: la dualidad muerte-vida.
Los israelitas, que recibieron el maná,
se alimentaron pero murieron; los seguidores
de Jesús, los que crean en El, se
alimentarán de su carne y vivirán
para siempre.
Jesús
relaciona creer y alimentarse de su pan
(carne) con la vida eterna. Une el creer
con el comer (alimentarse) de su pan. En
el Antiguo Testamento encontramos huellas
de esta relación pan-palabra: Ezequiel
se alimenta de la Palabra de Dios (Ez. 3,
1-3, los rollos eran la manera en que escribía
en aquel tiempo, los libros antiguos se
escribían sobre rolos de papiro o
cuero).
Jesús
renueva las enseñanzas del Antiguo
Testamento y nos abre a una nueva y más
profunda manera de alimentar nuestra vida:
su palabra y su cuerpo. El texto desemboca
en una clara alusión a la Eucaristía,
alimento para nuestra fe (versículo
51b).
Las palabras
de Jesús nos ayudan a revisar nuestro
compromiso con la Eucaristía, centro
de nuestra vida de fe y don de Dios para
alimentar nuestra vida y encontrarnos la
salvación que nos promete.
3) Jesús,
pan verdadero
Jn. 6, 51-59
" Yo soy
el pan vivo que ha bajado del cielo. El
que coma de este pan vivirá para
siempre. El pan que yo daré es
mi carne, y lo daré para la vida
del mundo.» Los judíos discutían
entre sí: «¿Cómo
puede éste darnos a comer carne?»
Jesús les dijo: «En verdad
les digo que si no comen la carne del
Hijo del hombre y no beben su sangre,
no tienen vida en ustedes. El que come
mi carne y bebe mi sangre vive de vida
eterna, y yo lo resucitaré el último
día. Mi carne es verdadera comida
y mi sangre es verdadera bebida. El que
come mi carne y bebe mi sangre permanece
en mí y yo en él. Como el
Padre, que es vida, me envió y
yo vivo por el Padre, así quien
me come vivirá por mí. Este
es el pan que ha bajado del cielo. Pero
no como el de vuestros antepasados, que
comieron y después murieron. El
que coma este pan vivirá para siempre.
Así habló Jesús en
Cafarnaún enseñando en la
sinagoga."
Los versículos
51 a 59 nos presentan la última parte
del discurso. Se repiten los temas que viene
exponiendo Jesús. El alimento que
Jesús propone es su propia carne.
Al avanzar en el discurso se reconoce una
clara referencia eucarística (la
carne y la sangre de Jesús, alimento
para la vida)
"La agrupación
´carne y sangre´puede también
en lenguaje semítico designar al
compuesto humano, pero la separación
de los elementos no puede explicarse ya
más que en sentido sacramental.
Comer la carne y beber la sangre del hijo
del hombre es unirse, en el acto de comer
y de beber, con aquel que realiza la unión
entre el cielo y la tierra, con aquel
que es de origen divino (bajado del cielo)
y tener por medio de él (en presente,
por tanto ya desde ahora: cf. 6, 54) la
vida eterna. Lo mismo que antes (6, 40),
se asocian la vida eterna y la resurrección
en el último día (6, 54).
Esta vida eterna ya comenzada desembocará
en la resurreción final."
El evangelio
de Juan, Jaubert. Cuadernos Bíblicos
17, pág. 48. Ed. Verbo Divino.
Jesús
continúa insistiendo en descubrir
que su carne y su sangre son el verdadero
alimento. Y señala que quien coma
este alimento permanecerá en el Señor,
y el Señor permanecerá en
él. Se asocia, mediante el recurso
de un paralelismo (releer los versículos
53-54 y 56) la vida eterna con el permanecer
en Jesús. Notar que ambos implican
el tiempo presente. La vida en Jesús
es compromiso histórico con el hoy
de cada día. La promesa de la vida
futura se "juega" en la respuesta presente
que se da a la vida que Jesús propone.
Los que coman
del alimento de Jesús vivirán,
del mismo modo que Jesús vive por
el Padre que lo envío. Jesús
compara y señala la diferencia (fundamental)
entre su propuesta y el maná recibido
por los israelitas en el desierto. El pueblo
comió el maná pero murió,
el que come (= recibe, = permanece, = vive
como El) del pan de vida (que es Jesús
mismo) vivirá para siempre (= participará
de la vida de Jesús).
Las palabras
de Jesús nos animan a revisar nuestra
adhesión a su proyecto. En el camino
del seguimiento de Jesús el alimento
verdadero es la Eucaristía y su Palabra.
Ellas nos acercan al Dios de la Vida y nos
ayudan a permanecer unidos a El, y El habitando
en nosotros.
4) Creer en
el Dios de la Vida
Jn. 6, 60-69
" Al escucharlo,
cierto número de discípulos
de Jesús dijeron: «¡Este
lenguaje es muy duro! ¿Quién
querrá escucharlo?» Jesús
se dio cuenta de que sus discípulos
criticaban su discurso y les dijo: «¿Les
desconcierta lo que he dicho? ¿Qué
será, entonces, cuando vean al
Hijo del hombre subir al lugar donde estaba
antes? El espíritu es el que da
vida, la carne no sirve para nada. Las
palabras que les he dicho son espíritu,
y son vida. Pero hay entre ustedes algunos
que no creen.» Porque Jesús
sabía desde el principio quiénes
eran los que no creían y quién
lo iba a entregar. Y agregó: «Como
he dicho antes, nadie puede venir a mí
si no se lo concede el Padre.» A
partir de entonces muchos de sus discípulos
se volvieron atrás y dejaron de
seguirle. Jesús preguntó
a los Doce: «¿Quieren marcharse
también ustedes?» Pedro le
contestó: «Señor, ¿a
quién iríamos? Tú
tienes palabras de vida eterna. Nosotros
creemos y sabemos que tú eres el
Santo de Dios.»"
Los versículos
60 a 69 nos presentan el desenlace del discurso.
La escena comienza
con un cuestionamiento de algunos integrantes
de los discípulos, el grupo que seguía
a Jesús (numerosas personas que rodeaban
a Jesús, entre los cuales se encontraban
los doce apóstoles, las mujeres que
seguían a Jesús, y un grupo
de seguidores que los evangelios no identifican
con nombre - salvo alguna referencia como
el caso de los discípulos de Emaús).
Las explicaciones
dadas por Jesús, a partir del signo
de la multiplicación de los panes,
que estaban centradas en su presentación
como pan de vida verdadero para todo el
mundo, habían resultado muy duras
a los oídos de los judíos
(no olvidemos que los discípulos,
y Jesús mismo, eran judíos).
La mención a la carne y a la sangre,
que estaban considerados elementos "impuros"
para el judío, habían despertado
recelo y desconfianza. Jesús también
hablaba de "vida eterna" , re-interpretaba
audazmente la tradición del maná
recibido en el Exodo, hablaba de "resurrección"
Demasiada novedad para la mentalidad
judía, atenazada a las tradiciones.
Al conocer los
cuestionamientos de los miembros de su grupo,
Jesús los desafía. Si les
parece duro lo que acababan de escuchar,
qué reacción tendrían
más adelante, cuando el camino hacia
la cruz indicara el itinerario.
La vida proviene
del Espíritu y las enseñanzas
de Jesús, sus palabras, por desafiantes
y cuestionadoras que sean, son vida (y dan
vida a quien las cree y se pone en seguimiento
del Señor).
Ante la opción
de creer y continuar o mantenerse en sus
ideas (y manera de entender las cosas de
Dios) muchos discípulos dejan a Jesús.
El texto dice "se volvieron atrás".
Si recordamos que la palabra "conversión"
significa "giro conmocionado en el camino",
"darse vuelta", la actitud de los discípulos
que se alejan de Jesús se nos presenta
como lo contrario a la conversión.
Precisamente nos convertimos al Señor
cuando dejamos atrás nuestras propias
ideas, nuestra manera de interpretar las
cosas de la fe, en defiinitiva, cuando dejamos
de lado nuestra imagen de Dios para acoger
al Dios de la Vida, que siempre nos sorprende
y descubre la novedad radical de su mensaje.
El discípulo
verdadero de Jesús es el que no se
vuelve atrás, ante la radicalidad
del Evangelio, ante los conflictos del seguimiento,
ante la necesidad de "darse vuelta" (= convertirse)
para descubrir la palabra que da vida.
Jesús
interroga a los que quedan. Los Doce aparecen
como modelo de seguimiento. La respuesta
de Pedro nos acerca a la actitud que debe
caracterizar al discípulo: "Creemos
que eres el Santo de Dios" . Confianza y
entrega, fe sencilla que no busca explicar
a Dios sino seguir su camino ( "Señor,
¿a quién iríamos?" ).
Como bien nos enseña un gran padre
de la iglesia, "Creo para entender".
La escena es
un momento clave en la vida de Jesús.
Las consecuencias de anunciar la Palabra
van acercando su hora. Al conflicto con
las autoridades judías se suma los
disensos y la ruptura del grupo de los discípulos.
Llevar adelante la voluntad del Padre no
es cosa fácil. Las dificultades ayudan
a templar el ánimo y la fe de los
discípulos. Creer en las palabras
de Jesús abre las puertas de la vida
eterna, que es la vida animada por el Espíritu.
El discurso del
pan de vida nos lleva a meditar nuestra
adhesión y compromiso con la Eucaristía.
Jesús tiene palabras de vida y su
cuerpo y sangre nos alimentan para seguir
su camino y construir el Reino que proclamó
y comenzó con su práctica.
Por esto son
tan oportunas las palabras de San Juan Crisóstomo,
que nos recuerdan el compromiso solidario
que nace de la vida de Jesús, y al
cual la Eucaristía nos impulsa y
fortalece.
"Si quieres
honrar el cuerpo de Cristo, no lo descuides
cuando está desnudo. No lo honres
aquí en la Iglesia con ropas de
seda para descuidarlo afuera, que es donde
padece frío y desnudez. En efecto,
áquel que dice: «Esto es mi
cuerpo», es el mismo que dice: «Me
vieron hambriento y no me dieron de comer»,
y «Cuando lo hicieron con el más
pequeño de mis hermanos, a mí
me lo hicieron»."
San Juan
Crisóstomo.
La Eucaristía
nos alimenta para el compromiso de vida
con las palabras de Jesús.
En cada comunión
El nos mira y nos pregunta: ¿Te marcharás
tú también? o ¿seguirás
con fidelidad mis palabras?
Segunda Parte
Lectura orante con textos de Jesús-Eucaristía
1) Jesús
da de comer al pueblo
"Jesús
los acogió y volvió a hablarles
del Reino de Dios mientras devolvía
la salud a los que necesitaban ser atendidos.
El día
comenzaba a declinar. Los Doce se acercaron
para decirle: «Despide a la gente
para que se busquen alojamiento y comida
en las aldeas y pueblecitos de los alrededores,
porque aquí estamos lejos de todo.»
Jesús les contestó: «Denles
ustedes mismos de comer.» Ellos dijeron:
«No tenemos más que cinco
panes y dos pescados. ¿O desearías,
tal vez, que vayamos nosotros a comprar
alimentos para todo este gentío?»
De hecho había unos cinco mil hombres.
Pero Jesús dijo a sus discípulos:
«Hagan sentar a la gente en grupos
de cincuenta.»
Así
lo hicieron los discípulos, y todos
se sentaron. Jesús entonces tomó
los cinco panes y los dos pescados, levantó
los ojos al cielo, pronunció la
bendición, los partió y
se los entregó a sus discípulos
para que los distribuyeran a la gente.
Todos comieron hasta saciarse. Después
se recogieron los pedazos que habían
sobrado, y llenaron doce canastos."
Lc. 9, 11-17
Pasos para
la lectura orante
Lectura
Leer el evangelio.
Reconstruir el texto en la memoria.
Hacer una segunda
lectura, pausada y reflexiva.
Meditación
¿Qué
dice el texto?
¿Qué
actividad realizaba Jesús con la
gente que acudía a él? ¿Qué
les preocupa a los discípulos?
¿Qué responde Jesús,
a qué los invita?
¿Cuáles
son los gestos que realiza el Señor:
primero los organiza, luego da el ejemplo?
¿Qué consecuencias tiene su
práctica?
¿Qué
nos dice el texto hoy?
Relacionar
la actitud de los discípulos con
la mirada que tenemos sobre los problemas
de nuestra realidad.
¿Qué
aprendemos de Jesús? ¿Qué
podemos hacer para seguir sus pasos hoy
y alimentar a nuestro pueblo?
Oración
¿Qué
le decimos a Dios después de meditar
su Palabra? Ofrecer nuestra oración.
Dialogar con Dios. Enséñanos
a compartir el pan de cada día.
Compromiso
Piensa un gesto
concreto de solidaridad que puedas promover
en tu comunidad. ¡Anímate a
realizarlo!
2) La Ultima
Cena
"El primer
día de la fiesta en que se comen
los panes sin levadura, cuando se sacrificaba
el Cordero Pascual, sus discípulos
le dijeron: «¿Dónde quieres
que vayamos a prepararte la Cena de la
Pascua? » Entonces Jesús mandó
a dos de sus discípulos y les dijo:
«Vayan a la ciudad, y les saldrá
al encuentro un hombre que lleva un cántaro
de agua. Síganlo hasta la casa
en que entre y digan al dueño.
El Maestro dice: ¿Dónde está
mi pieza, en que podré comer la
Pascua con mis discípulos? El les
mostrará en el piso superior una
pieza grande, amueblada y ya lista. Preparen
todo para nosotros». Los discípulos
se fueron, entraron en la ciudad, encontraron
las cosas tal como Jesús les había
dicho y prepararon la Pascua. Durante
la comida Jesús tomó pan,
y después de pronunciar la bendición,
lo partió y se lo dio diciendo:
«Tomen, esto es mi cuerpo».
Tomó luego una copa, y después
de dar gracias se la entregó; y
todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esto
es mi sangre, la sangre de la Alianza,
que será derramanda por una muchedumbre».
En verdad les digo que no volveré
a probar el zumo de cepas hasta el día
que lo beba de nuevo en el Reino de Dios.
Después de cantar los himnos se
dirigieron al monte de los Olivos."
Mc. 14, 12-16.
22-26
Pasos para
la lectura orante
Lectura
Leer el evangelio.
Reconstruir el texto en la memoria. Hacer
una segunda lectura, pausada y reflexiva.
Meditación
¿Qué
dice el texto?
¿Qué
Fiesta estaban por celebrar los judíos?
¿Qué recordaba esa Fiesta
judía?
¿Qué
gestos realiza y qué palabras dice
Jesús en la cena?
¿Qué
nos dice el texto hoy?
¿Qué
significa "recibir el Cuerpo y la Sangre
de Jesús" en cada Eucaristía?
¿A qué
nos compromete alimentarnos con el pan
de Jesús?
¿Qué
nos enseña el texto?
Oración
¿Qué
le decimos a Dios después de meditar
su Palabra? Ofrecer nuestra oración.
Dialogar con Dios.
Señor,
danos siempre de tu pan vivo.
Compromiso
Recibir a Jesús
en la Eucaristía nos hace tomar fuerzas
para vivir como discípulos. Ofrece
al Señor un compromiso para esta
semana.
Orar a Jesús-Eucaristía
¡Danos
el pan de vida, Señor!
Danos el pan
de vida, Señor,
q ue
alimenta nuestra fe
para
vivir como discípulos
y construir
el Reino.
Danos el pan
de vida
que es
tu Palabra,
agua
viva que nos nutre
y nos
fecunda desde adentro.
Danos el pan
de vida
de tus
opciones,
que nos
ayudan a pensar
hoy en
nuestros caminos para seguirte.
Danos el pan
de vida
del Espíritu
que te animaba,
para
aprender a ser dóciles
a la
voluntad del Padre.
Danos el pan
de vida
de tu
cuerpo,
alimento
que nos da fuerzas
para
vivir como nos enseñas.
Señor,
que tu
entrega
nos ayude
a entregarnos.
Que unidos
busquemos
que el
pan cotidiano
ll egue
a todas las personas.
Que el pan
de la salud
no discrimine
a pobres y ricos,
para
que todos puedan vivir mejor.
Que el
pan del trabajo
sea la
realidad diaria
de tantos
millones de personas
que sufren
la desocupación.
Que el pan
de la educación
alcance
a todos los niños y jóvenes
que buscan
y merecen un futuro mejor.
Que aprendamos,
Señor,
como
has dado el ejemplo de tu vida,
a compartir
nuestro pan,
lo que
somos y tenemos,
con todos
los que nos rodean.
Danos, Señor,
el pan
de vida
para
que vivamos solidarios y fraternos.
Marcelo
A. Murúa
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