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1
Realizar la
dramatización. El texto es muy conocido y significativo, excelente para dramatizar. Los personajes son los el tentador y Jesús. Los títulos de cada escena se pueden leer o no.
2
Organizar a los participantes en
grupos de tres o cuatro personas. El animador
introduce y ubica el texto. En los grupitos,
conversar informalmente, durante cinco minutos,
a partir de la pregunta:
-
¿Qué palabras del
relato me impactaron (o recuerdo) más?
¿Por qué?
3
El animador/catequista/sacerdote que está
coordinando el trabajo grupal propone estas
otras consignas a los grupos:
- Entre todos los participantes del grupo reconstruir el texto (volver a contarlo, intentando recuperar todos los detalles)
- ¿En dónde se encuentra Jesús? ¿Quién lo conduce?
- ¿Qué significa el desierto en la Biblia? ¿Qué otras referencias al desierto recordamos? (ayudita para el animador: Abraham camina en el desierto, Moisés recibe su llamado en el desierto, el pueblo camina hacia la Tierra Prometida en el desierto, Elías – prototipo de profeta - viene del desierto, Juan Bautista lo mismo).
- Releer cada una de las tres tentaciones, ¿a qué se refieren? ¿qué le dice y le ofrece Sátanas a Jesús? ¿Cuál es la respuesta de Jesús en cada una?
- Observar que cada respuesta de Jesús está “apoyada” en una enseñanza bíblica, ¿qué muestra para nuestra vida de discípulas y discípulos esta actitud de Jesús?
- ¿Qué aprendemos en este relato?
4
El animador invita
a poner en común la reflexión
de cada grupo. Centrar la reflexión en reflexionar qué significa este tiempo de desierto en la vida de Jesús ¿Cómo nos preparamos para nuestra misión? ¿Cómo afrontamos las tentaciones que encontramos en nuestra vida?
5
El animador invita a cada participante a
decir en voz alta algo que se haya aprendido
en este relato:
- Apliquemos a nuestra
vida cotidiana el mensaje del texto.
6
El animador propone un momento de oración
compartida para terminar el trabajo.
- Jesús se prepara buscando en el desierto la voluntad de Dios.
-Tú Señor nos llamas al desierto…
7
Oración final.
Tu Señor nos llamas al desierto
y nos repites, como a Oseas,
Te seduciré y te llevaré al desierto.
Espíritu de Dios,
conducenos al encuentro del Señor.
Muéstranos cómo aprender
a hacer un alto en nuestra vida cotidiana
para hacer silencio,
para buscar tu rostro,
para escuchar tu Palabra.
Espíritu de Dios,
toma nuestra mano
y guíanos al desierto de cada día.
¡Queremos seguir a Jesús
y prepararnos en tu presencia
para la misión que nos has confiado!
- Que así sea -
Marcelo
A. Murúa
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