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Jesús y la mujer samaritana
Jn. 4, 5-42
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Domingo 3 de Cauresma (ciclo A) - 24/2/2008 |
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Enzo Giustozzi y Marcelo A. Murúa |
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El encuentro con Jesús conduce a la conversión
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Cuando hace calor, un pozo es muy importante
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Relator- Jesús estaba en la región de Jerusalén y quiso volver a Galilea, para el lado de Nazaret. Para eso tenía que cruzar la peligrosa zona de Samaría. Llegó a un pueblo llamado Sicar, donde está el único pozo de la zona. Jesús, cansado por el camino, se había sentado al lado del pozo. Era a eso del mediodía.
Yo a tí no te hablo, porque tú eres judío.
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Relator - Una mujer de Samaría fue al pozo a sacar agua, y Jesús le dijo:
Mujer - «Me das un poco de agua, por favor».
Relator - Los apóstoles no estaban, porque habían ido a la ciudad a comprar comida, así que estaban los dos solos. La samaritana le contestó:
Mujer - «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?».
Relator - Dijo eso porque los judíos y los samaritanos estaban peleados y no se trataban.
Jesús tiene un agua que tú no sabes...
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Relator - Jesús le contestó:
Jesús - «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame un poco de agua», tú le hubieras pedido a Él, y él te habría dado un agua viva, buenísima».
Relator - La mujer le dijo:
Mujer - «Señor no tienes nada para sacar agua y el pozo es bastante hondo. ¿De dónde vas a sacar esa agua viva? ¿Acaso eres más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos dejó este pozo, donde tomó agua él, sus hijos y sus animales?».
Relator - Jesús le contestó:
Jesús - «El que tome esta agua, mañana va a tener sed otra vez, pero el que toma el agua que yo le daré, nunca más va a tener sed. El agua que yo le voy a dar se convertirá en él en un chorro tan fuerte que va a saltar hasta la Vida eterna».
Relator - La mujer le dijo:
Mujer - «Señor, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí todos los días a sacar agua del pozo».
¿Tienes marido, o sigues... soltera...?
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Relator - Jesús le dijo:
Jesús - «Anda a llamar a tu marido, y vengan los dos».
Relator - La mujer le dijo:
Mujer - «Bueno..., yo no tengo marido».
Relator - Jesús le dijo:
Jesús - «Has dicho bien que no tienes marido, porque ya has tenido cinco, y el hombre que tienes ahora, tampoco es tu marido; en eso has dicho la verdad».
Relator - La mujer le dijo:
Mujer - «Señor, veo que tú eres un vidente, un profeta.
Cambiando de tema: de los dos templos, ¿cuál es el verdadero, y cuál es el falso?
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Mujer - Y ya que eres profeta, a ver que me dices de esto: Nosotros siempre adoramos a Dios en esta montaña, [Garizim] y ustedes los judíos dicen que no, que es en Jerusalén donde hay que adorar a Dios».
Relator - Jesús le contestó:
Jesús - «Créeme, mujer: llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero ya no será "en este cerro" o "en Jerusalén". Ustedes, los samaritanos, adoran lo que no conocen, mientras que nosotros, los judíos, adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los hombres realmente religiosos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque eso es lo que Dios quiere. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.»
El Mesías esperado, soy yo, mujer.
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Relator - La mujer le dijo:
Mujer - «Yo sé que el Mesías va a venir; y cuando venga, nos va a explicar todo».
Relator - Jesús le dijo:
Jesús - «Ese soy yo, que estoy hablando contigo».
Relator - En eso llegaron sus discípulos y se sorprendieron al verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó nada.
¡Vengan, vengan, que encontré al Mesías!
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Relator - La mujer, dejó allí su balde con agua, y salió corriendo hacia el pueblo y le dijo a la gente:
Mujer - «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Mesías?».
Relator - Entonces los del pueblo fueron a ver a Jesús.
Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió
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Relator - Mientras tanto los discípulos le insistían:
Discípulos - «Maestro, come.»
Relator - Pero él les contestó:
Jesús - «El alimento que debo comer, ustedes no lo conocen.»
Relator - Y se preguntaban si alguien le habría traído de comer. Jesús les dijo:
Jesús - «Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado y llevar a cabo su obra. Ustedes han dicho: "Dentro de cuatro meses será tiempo de cosechar". ¿No es verdad? Pues bien, yo les digo: Levanten la vista y miren los campos: ya están amarillentos para la siega. El segador ya recibe su paga y junta el grano para la vida eterna, y con esto el sembrador también participa en la alegría del segador.
Aquí vale el dicho: Uno es el que siembra y otro el que cosecha. Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde otros han trabajado y sufrido. Otros se han fatigado y ustedes han retomado de su trabajo.»
Relator - Y muchos samaritanos de ese pueblo creyeron en Jesús por lo que decía la mujer: «Me dijo todo lo que yo hice». Por eso ellos le pedían que se quedara con ellos, y él se quedó allí dos días.
¡ES EL SALVADOR DEL MUNDO!
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Relator - Después de eso, muchos más creyeron en él, al escuchar sus palabras. Y le decían a la mujer:
Pueblo - «Ahora ya no creemos por lo que tú nos has contado; ahora, nosotros mismos lo escuchamos y sabemos que Él es realmente el Salvador del mundo».
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Guía
para la utilización del guión
con jóvenes y adultos |
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1
Realizar la
dramatización. El texto es largo, presenta varias escenas y constituye en sí mismo una “mini-obra”, excelente para dramatizar. Los personajes son varios: los discípulos, la mujer, la gente del pueblo y Jesús. Los títulos de cada escena se pueden leer o no.
2
Organizar a los participantes en
grupos de tres o cuatro personas. El animador
introduce y ubica el texto. En los grupitos,
conversar informalmente, durante cinco minutos,
a partir de la pregunta:
-
¿Qué palabras/hechos del
relato me impactaron (o recuerdo) más?
¿Por qué?
3
El animador/catequista/sacerdote que está
coordinando el trabajo grupal propone estas
otras consignas a los grupos:
- Entre todos los participantes del grupo reconstruir el texto (volver a contarlo, intentando recuperar todos los detalles)
- ¿Dónde estaba Jesús, hacia dónde se dirige, qué lugar debe cruzar? Ayudarse con algún mapa de Palestina en tiempos de Jesús (en la sección de mapas de BuenasNuevas.com puedes conseguirlo) y explicar las relaciones entre judíos y samaritanos (enfrentados entre sí desde hacía siglos).
- Recordar los principales momentos del diálogo entre Jesús y la samaritana. Observar en ella los cambios que se producen. Relacionar esos cambios con su proceso de fe, ¿qué descubrimos?
- Profundizar la mirada: En este relato Jesús “transgrede” varias “normas” sociales de la época, ¿cómo era la situación de la mujer? ¿qué hace Jesús (inicia un diálogo con una mujer que no conoce, que no está acompañada de los varones de su familia, la “libera”…)? ¿qué pasaba con los samaritanos? Recordar otros episodios de la vida de Jesús en los cuales se encuentre con mujeres y con samaritanos.
- Observar la reacción de los discípulos, ¿qué pensarían?
- Recordar las palabras de Jesús a la mujer, ¿qué le promete? ¿qué sentido bíblico tiene el agua? ¿qué significan las palabras de Jesús?
- ¿Qué aprendemos en este relato?
4
El animador invita
a poner en común la reflexión
de cada grupo. Centrar la reflexión en reflexionar cómo Jesús es agua fresca, vivificante, renovadora, para nuestra vida ¿Qué nos enseña Jesús sobre los prejuicios de su tiempo? ¿Cómo es el proces de fe de la samaritana? Compararlo con nuestros procesos de fe y conversión.
5
El animador invita a cada participante a
decir en voz alta algo que se haya aprendido
en este relato:
- Apliquemos a nuestra
vida cotidiana el mensaje del texto.
6
El animador propone un momento de oración
compartida para terminar el trabajo.
- Jesús se acerca a nuestra vida para invitarnos a la conversión.
-Tú eres agua viva, agua que da fuerzas, agua que da esperanza…
7
Oración final.
Tu eres agua viva, Jesús,
agua que da fuerzas,
agua que da esperanza.
Acercate al desierto de nuestros días,
búscanos, Señor,
brindanos la oportunidad
de recibirte en nuestro corazón,
para que podamos cambiar
y experimentar una profunda conversión,
que nos haga crecer en la fe,
y nos devuelva el coraje misionero
que la samaritana nos enseña con su ejemplo.
- Que así sea -
Marcelo
A. Murúa
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Guía
para la utilización del guión
con niños |
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1
Realizar la dramatización.
2
Reconstruir el relato, con los niños,
a partir de las preguntas:
- ¿Qué
acabamos de escuchar? ¿Qué enseña Jesús en este relato?
3
Centrar la
reflexión en descubrir que Jesús es como el agua, nos refresca y reanima en nuestra vida de fe.
- El relato es largo y tiene varias escenas. Intentar en primer lugar re-construir el relato recordando sus personajes, lo que sucede en cada escena, las palabras de la mujer y de Jesús. El catequista o animador va haciendo pequeñas preguntas para que todos participen en la reconstrucción.
- Explicar qué sucedía con las mujeres y con los samaritanos en el tiempo de Jesús (son dos datos importantes para entender el mensaje del texto).
- Centrar la mirada en los dos personajes principales, la mujer y Jesús:
- ¿Qué cambios se van sucediendo en las palabras de la mujer? ¿Cuál es la actitud de Jesús? ¿Qué hace la mujer cuando descubre que Jesús es el Mesías?
- ¿Qué aprendemos en este relato?
El animador
invita a poner en común la
reflexión de cada uno de los niños.
Va animando para que hablen en voz alta, a medida que los niños comparten sus respuestas los va orientando para compartir la necesidad de encontrarnos con Jesús (en la oración, en los sacramentos, en la Palabra, en la comunidad) para “abrevar” de su agua viva. Intentar orientar hacia propuestas
4
El animador propone un momento de oración
compartida para terminar el trabajo.
- Jesús es agua viva que hace crecer nuestra fe y esperanza.
-Tu presencia, Señor, alimenta nuestra fe...
5
Al terminar podemos repartir entre los niños
esta pequeña oración que habremos
fotocopiado previamente.
Tu presencia, Señor,
alimenta nuestra fe.
Cada encuentro contigo
renueva nuestras fuerzas
y nos refresca la esperanza.
Junto a Tí nos sentimos alegres
con entusiasmo para anunciar a todos,
que eres el Dios de la Vida.
Agua viva que calma los dolores,
la soledad, la tristeza, las angustias.
Agua viva que da animo
para salir adelante y vivir
amando la vida y sirviendo a los demás.
- Que así sea -
Marcelo
A. Murúa
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Copyrigth
© Buenasnuevas.com 2008
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