Subsidio
pastoral narrativo
¿Cómo
hablar de la Trinidad
?
La formulación
teológica de la fe cristiana
en la Santísima Trinidad, ha
quedado dogmáticamente fijada
a partir de los primeros concilios
(Nicea -325-, Constantinopla -381,
Efeso -431-, Calcedonia, 451); y prácticamente
no ha sufrido reformulaciones ni dogmáticas
ni pastorales hasta nuestro siglo.
Baste recordar las fórmulas
del catecismo de preguntas y respuestas,
que estudiábamos de memoria
hasta el Concilio Vaticano II.
Y siempre
que llega la fiesta de la Santísima
Trinidad, se nos plantea el problema
de cómo hablar del tema en
clave catequística y pastoral,
sin caer en un lenguaje de cuño
matemático (uno solo, pero
tres), algo así como una especie
de "teorema con tres incógnitas"
doctrinal. A la Trinidad la nombramos
constantemente: Las doxologías
de las oraciones litúrgicas
y los salmos, el gloria al fin de
cada misterio del rosario, la señal
de la cruz, etc. Pero dificilmente
la oración personal, la "devoción"
se dirija a la Santísima Trinidad
como tal. Generalmente le rezamos
al Padre, al Hijo o al Espíritu
Santo. Casi nunca a los tres en cuanto
tres-en-uno.
A este
respecto, es interesante una anécdota
autobiográfica del ex-arzobispo
de Boston, el cardenal Cushing. Contaba
que apenas ordenado sacerdote, lo
llamaron una noche a atender un moribundo.
Su primer moribundo. Estaba lógicamente
nervioso.
Cuando
llegó a la casa del enfermo,
alguien le dijo que el hombre en cuestión
no estaba ni siquiera bautizado. Los
nervios iniciales, crecieron aun más:
porque no era cuestión de "despachar"
al otro mundo a un feligrés
ya preparado, sino de bautizar a un
adulto. Y a un adulto no se lo puede
bautizar "a cuenta de la fe de los
padres", como a un bebé. Un
adulto, para poder ser bautizado,
debe profesar personal y libremente
la fe católica, y de manera
explícita.
En medio
del desconcierto y los nervios, creyó
recordar que su manual de teología
dogmática exigía que
para bautizar a un adulto, aun "in
articulo mortis", había que
"arrancarle" de algún modo
una profesión de fe explícita
en Dios uno y trino y en Cristo redentor,
como mínimo...
Entonces
no tuvo mejor idea que acercarse al
pobre hombre -que ya boqueaba-, y
empezar a decirle al oído:
- Señor,
¿Usted cree que Dios es uno solo,
pero en tres personas? ¿Y que
el Padre no es el Hijo, y el Hijo
no es el Padre, y el Espíritu
Santo no es ni el Padre ni el Hijo,
pero procede de los dos?
Ante esta
andanada de "metralla" teológica
el pobre moribundo abrió los
ojos, y con el poco aliento que le
quedaba le dijo al joven sacerdote:
- Pero,
padre, yo me estoy muriendo ¿y
Usted me viene con adivinanzas?
No podemos
ni debemos renunciar a la elaboración
teológica de siglos y a las
formulaciones de los primeros concilios
ecuménicos, mencionados más
arriba. Y menos que menos hoy, ante
la reaparición de ciertas viejas
herejías cristológico-trinitarias,
por ejemplo en grupos como los testigos
de Jehová y los mormones (ambos
niegan la trinidad de Dios y la divinidad
de Jesucristo).
Pero cabe
preguntarse si ese lenguaje es pastoralmente
adecuado para un moribundo. En cambio
parece indudable que la recuperación
del lenguaje bíblico, generalmente
más vivencial y concreto que
especulativo o dialéctico,
puede ser útil en la pastoral
y la catequesis, en general, y no
sólo "in articulo mortis"... |