1 Realizar la dramatización. Es un texto
corto con escaso diálogo, pero emotivo
y con varias escenas para dramatizar. Realizar
la selección de los personajes (en
este caso relator, José, María,
Jesús y sacerdotes del Templo) y
no olvidar un par de prácticas previas.
Los títulos de cada escena se pueden
leer o no.
2 Organizar a los participantes en
grupos de tres o cuatro personas. En los
grupitos, conversar informalmente, durante
cinco minutos, a partir de la pregunta:
-
¿Qué escenas del relato me impactaron
(o recuerdo) más? ¿Por qué?
3 El animador/catequista/sacerdote que está
coordinando el trabajo grupal propone estas
otras consignas a los grupos:
- Entre todos
los participantes del grupo reconstruir
el texto (volver a contarlo, intentando
recuperar todos los detalles)
- ¿Por
qué Jesús y su familia viajan
a Jerusalén?
- ¿Qué
sucede al regresar?
- ¿Qué
hacen José y María? ¿Dónde
encuentran a Jesús?
- ¿Qué
estaba haciendo Jesús? ¿Qué
les contesta a sus padres?
- ¿Qué
actitud destaca el texto sobre María?
- ¿Qué
nos enseña el relato?
4 El animador invita
a poner en común la reflexión
de cada grupo. Centrar la reflexión
en descubrir que para conocer las cosas
de Dios debemos rumiar la vida y su Palabra
en el corazón.
5 El animador invita a cada participante a
decir en voz alta algo que se haya aprendido
en este relato:
- Apliquemos a nuestra
vida cotidiana el mensaje del texto.
6 El animador propone un momento de oración
compartida para terminar el trabajo.
- Señor,
enséñanos a conocer tu voluntad
- Que guardemos
tu Palabra
7 Oración final.
Que guardemos tu Palabra, Señor,
como lo hacía María,
meditándola en el corazón.
Saboreando tu presencia
y rumiando la vida,
para descubrir en ella
los desafíos que nos propones.
Danos fuerzas Señor
para escuchar tu voz.
- Que así sea -
Marcelo
A. Murúa
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