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La Catequesis
de Niños
5) Las etapas de la
Catequesis de Niños (2da. parte)
por Luis
M. Benavides
LA CATEQUESIS DE
INICIACIÓN (8 á 10 años)
A partir de los
8-9 años, comienza lo que conocemos
con el nombre de Catequesis de Iniciación.
Suele abarcar el período de la preparación
para los sacramentos de la Reconciliación
y de la Comunión.
En esta etapa,
los niños comienzan a tomar conciencia
paulatina del mensaje cristiano. Este es
el momento para ir introduciéndolos
gradualmente en las verdades de la fe. Esto
no implica que la experiencia vivencial
sea dejada de lado. Muy por el contrario,
todo conocimiento nuevo en la fe deberá
estar cimentado en la experiencia profunda
del encuentro personal con el Dios vivo.
Es decir que sólo podrá explicitarse
todo aquello que ya tiene raíces
profundas en el niño y que ha experimentado
vitalmente.
Este proceso
de crecimiento en la fe debe sentar sus
bases en el crecimiento humano esperado,
acorde con las características propias
de cada edad. El niño se desarrolla
gradualmente en sus capacidades motrices,
intelectuales, emocionales, sociales espirituales;
debiendo toda la catequesis adaptarse a
este progreso.
Durante esta
etapa, la imagen de Dios Hijo es la que
penetrará profundamente en el sentir
del corazón de los niños.
Toda la catequesis gira en torno del anuncio
de los hechos de Jesús y sus apóstoles.
Jesús se hace presente, como hermano
y amigo, donándose plenamente en
la Eucaristía, transformándose
en centro vital de todo lo creado y en el
cual se redime la creación entera.
LA CATEQUESIS
DE PROFUNDIZACIÓN (11 á 12
años)
Con la llegada
a la pubertad comienza la etapa de la profundización.
Los niños van ingresando decididamente
en el pensamiento lógico- abstracto.
Al mismo tiempo, comienzan a tomar conciencia
gradual de la sociedad en que viven, incorporando
el deseo de construir un mundo mejor, erradicando
las injusticias sociales.
Es la etapa de
la profundización de los contenidos
de la fe. La toma de conciencia de que son
miembros activos de la Iglesia, debe favorecerse
permanentemente, más con hechos que
con palabras.
La catequesis
en esta edad tiene que estar más
orientada a la acción. Los contenidos
catequísticos tienen que transmitirse
insertos en actividades pastorales grupales,
especialmente aquellas que tengan relación
con la asistencia y ayuda al otro y las
que buscan el encuentro personal con Dios,
a través de la vivencia grupal. El
sentido de pertenencia no deberá
expresar otra cosa que la búsqueda
de la comunidad, comunidad que centrada
en Jesús se manifiesta en la Iglesia.
Durante esta
etapa la imagen de Dios Espíritu
es la que debe ayudarlos a caminar en la
maduración de la fe. Los niños
deben sentir que forman parte activa en
la construcción de la Iglesia. El
Espíritu es quien los irá
guiando para anunciar al mundo la alegría
de haber sido salvados por Jesús.
En muchos casos,
los niños reciben el Sacramento de
la Confirmación durante esta etapa.
Este acontecimiento debiera ser vivido por
los niños y sus familias como un
auténtico proceso de crecimiento
y reafirmación de la fe, recibida
en el Bautismo. Personalmente, considero
más apropiado que la Confirmación
se reciba alrededor de los 16 años,
como culminación del período
de profundización o perseverancia,
aprovechando mejor la maduración
alcanzada por los jóvenes en este
proceso y facilitando un compromiso y una
adhesión más concientes a
la fe.
Resumiendo, la
catequesis de niños no consiste,
entonces, solamente en explicarle religión
sino en presentarle, en un clima de admiración
contemplativa, las verdades esenciales de
la fe, permitiéndoles entrar en relación
amorosa con Dios Padre, Hijo y Espíritu
Santo.
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