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La Catequesis
de Niños
7) La participación
de la familia en la Catequesis
por Luis
M. Benavides
Los padres
de familia, primeros educadores en la fe
de sus hijos
El testimonio
de vida cristiana, ofrecido por los padres
en el seno de la familia, llega a los niños
envuelto en el cariño y el respeto
materno y paterno. Los hijos perciben y
viven gozosamente la cercanía de
Dios y de Jesús que los padres manifiestan,
hasta tal punto, que esta primera experiencia
cristiana deja frecuentemente en ellos una
huella decisiva que dura toda la vida. Este
despertar religioso infantil en el ambiente
familiar tiene, por ello, un carácter
insustituible.
Esta primera
iniciación se consolida cuando, con
ocasión de ciertos acontecimientos
familiares o en fiestas señaladas,
se procura explicitar en familia el contenido
cristiano o religioso de esos acontecimientos.
Esta iniciación se ahonda aún
más si los padres comentan y ayudan
a interiorizar la catequesis más
sistemática que sus hijos, ya más
crecidos, reciben en la comunidad cristiana.
Los padres reciben
en el sacramento del matrimonio la Gracia
y la responsabilidad de la educación
cristiana de sus hijos, a los que testifican
y transmiten a la vez los valores humanos
y religiosos, la misma vida de familia se
hace itinerario de fe y escuela de vida
cristiana. Esta acción educativa,
a un tiempo humana y religiosa, es un verdadero
"ministerio" por medio del cual se transmite
e irradia el Evangelio hasta el punto de
que incluso, a medida que los hijos van
creciendo, el intercambio es mutuo y en
un diálogo de este tipo, cada uno
recibe y da.
Por ello es preciso
que la comunidad cristiana preste una atención
especialísima a los padres. Mediante
contactos personales, encuentros, cursos
e, incluso, mediante una catequesis de adultos
dirigida a los padres, ha de ayudarles a
asumir la tarea, hoy especialmente delicada,
de educar en la fe a sus hijos.
La familia es
un ámbito o medio privilegiado de
crecimiento en la fe. La comunidad cristiana
familiar es "lugar" de catequesis. En efecto,
la familia como "lugar" de catequesis tiene
un carácter único: transmite
el Evangelio enraizándolo en el contexto
de profundos valores humanos. Sobre esta
base humana es más honda la iniciación
en la vida cristiana: el despertar al sentido
de Dios, los primeros pasos en la oración,
la educación de la conciencia moral
y la formación en el sentido cristiano
del amor humano, concebido como reflejo
del amor de Dios Creador y Padre.
La familia cristiana
o "iglesia doméstica" como la llama
Juan Pablo II, constituye el núcleo
fundamental de la sociedad y de la Iglesia;
el núcleo donde nace y crece la fe.
Ella es la que debe velar por el crecimiento
en la fe, educar en los valores esenciales
de la vida humana y se constituye en la
primera evangelizadora de sus hijos. No
hay educación en los valores posible
si no hay plena participación de
los padres en la misma.
La colaboración
entre los catequistas y los padres (intercambio
de ideas acerca del programa, los métodos,
las dificultades) es necesaria para que
la educación de los niños
tenga un proceso adecuado y concorde. Esta
colaboración es útil tanto
a los catequistas como a los padres, en
el sentido de ayuda al ejercicio de sus
responsabilidades específicas.
En todo momento
habrá que pensar en actividades que
integren a la familia a la catequesis: celebraciones
con la presencia de los papás, los
abuelos, los hermanos; trabajos hechos en
conjunto por toda la familia; reuniones
de reflexión para padres; grupos
de oración; actividades catequísticas
para compartir en familia después
de cada encuentro; visita de la imagen de
la Virgen María a las casas; reuniones
familiares; bendecir la mesa; etc.
La presencia
de las familias en la catequesis de los
niños es de vital importancia. Los
catequistas tienen que pensar su catequesis
incluyendo permanentemente a la familia
en la misma. De lo contrario, toda la catequesis
corre el riesgo de desmoronarse si no contamos
con el acompañamiento y la adhesión
de los padres. Lo que buscamos es lograr
cada día mayor adhesión, mayor
presencia de toda la familia en la educación
de la fe de sus hijos, aunque muchas veces
haya que comenzar a través de los
mismos niños. En esta participación
resulta invalorable el aporte de los abuelos.
Su disponibilidad, su sabiduría y
su sentido religioso, son muchas veces,
decisivos para favorecer un clima verdaderamente
cristiano.
Sin participación
de la familia no hay catequesis posible.
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