|
La Catequesis
de Niños
8) Catequesis e Infancia
Misionera
por Luis
M. Benavides
La Infancia
Misionera
La catequesis
de niños está abierta igualmente
al dinamismo misionero. La idea es que los
mismos niños ayuden a otros niños
a encontrarse con Jesús, promoviendo
así un movimiento de solidaridad
cristiana y de testimonio misionero. De
esta manera los niños toman conciencia
del importante papel que ellos representan
también en la Iglesia y en el mundo.
"Toda catequesis
es misionera porque impulsa a preocuparse
de otras comunidades de ambientes distintos
y, abriendo los espíritus al bien
de la Iglesia universal... Pero además,
lo es porque inclina a actitudes de respeto
hacia los hombres y estimula a dar ante
todos ellos un testimonio auténticamente
cristiano, partiendo siempre de la edificación
cada día más sólida
de la propia comunidad eclesial..."
La Catequesis
en nuestro tiempo. 5º Sínodo
de Obispos. 1977. Nº 17.
Jesús
llamó a los Apóstoles y les
expresó lo que les ofrecía
y lo que esperaba de ellos. A nosotros,
como a ellos, nos plantea: "Ven y sígueme"
(Mt. 19,21), "Vayan y evangelicen" (Cf.
Mt. 28,19), "Yo estaré con ustedes
siempre." (Mt. 28, 20b).
Con el "Ven"
nos está ofreciendo su presencia
y amistad y está pidiendo que nos
unamos a Él y nos transformemos en
Él. Con el "Sígueme" se nos
está ofreciendo como modelo, como
camino y como guía. Con el "Vayan"
nos está indicando que Él
nos ofrece una orientación, una misión
y una compañía. Él
nos pide que vayamos como "enviados" suyos
a servir a nuestros hermanos. En síntesis,
Jesús nos ofrece "vida nueva" para
que la compartamos con los demás.
Los niños no están excluidos
de este mandato de Jesús ni de seguir
sus pasos.
La escuela
con Jesús: una propuesta de Jesús.
El niño
deberá realizar un proceso cíclico
que lo va configurando como verdadero misionero.
Este proceso podría resumirse en
cuatro pasos: Comienza "escuchando" la Palabra,
pasa a "vivirla" personalmente, se expresa
en el "servicio misionero" correspondiente
y refuerza su "comunión para la misión".
1) Catequesis
Misionera. El primer paso es "escuchar
la Palabra" para comprender la misión;
por ello, lo llamamos catequesis misionera.
Se propone lograr que los niños
conozcan a Jesús y en Él
comprendan su misión universal.
2) Espiritualidad
misionera: Los encuentros de espiritualidad
misionera se proponen ayudar a renovar
misioneramente la mente, el corazón,
las actitudes y la vida, mediante la profundización
de nuestra experiencia con Jesús.
Este segundo paso consiste en "vivir"
la Palabra, renovando nuestra vida al
estilo de Jesús; nuestro corazón,
sentimientos, actitudes, opciones misioneras.
3) Proyección
Misionera. Aquí se ayuda a los
niños para que den el paso de "ser"
discípulos a "hacer" discípulos
para Jesús, enseñando a
otros lo que han aprendido de Él.
Por esto, la proyección misionera
de estos niños será evangelizando
y haciendo animación misionera
hacia todas las personas, especialmente
hacia los niños.
4) Comunidad
Misionera. Busca afianzar los lazos de
amistad entre los miembros del grupo,
crear vínculos de amistad, fraternidad
y ayuda mutua. Su objetivo es el de fortalecernos
como grupo: comunidad eclesial viva, dinámica
y misionera. Es decir, la vida misionera
del mismo grupo. Se trata de fortalecernos
como comunidades eclesiales vivas, dinámicas
y misioneras.
Entre las diversas
actividades que realizan los niños
misioneros están: el anuncio del
Evangelio a otras personas; animación
misionera a otros niños; servicios
misioneros en su familia y en la propia
escuela; actividades para conseguir donaciones;
oraciones y celebraciones misioneras; comunicación
y apoyo a nuestros misioneros que están
en otros países o continentes; actividades
en favor de los niños necesitados;
elaboración de materiales para la
animación misionera; visitas a enfermos,
a ancianos, a presos, etc.
Los niños
necesitan una formación integral.
La espiritualidad misionera no es un añadido,
es la espiritualidad cristiana en toda su
vitalidad. Por ello, asumen con mayor fuerza
la universalidad del compromiso misionero
(cooperación espiritual, material
y con servicios, a los niños y adolescentes
del mundo entero), además de asumir
compromisos concretos como misioneros en
ámbitos cercanos a ellos. Los niños
deben transformarse en buenos animadores
misioneros en su propia comunidad, para
el mundo entero. Esta es la gran visión
que da significado a la Obra Pontificia
de la Infancia Misionera.
|