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La buena noticia
por Hna.
Beatriz Casiello
Desde que leí
por primera vez la incomparable exhortación
apostólica de Pablo VI, "Evangelii
Nuntiandi", me llamó la atención
que un Papa de esa talla, planteara un interrogante
que mucho se parecía al de cualquier
catequista de base, un tanto perplejo.
Dice el Papa:
¿Qué eficacia tiene, en nuestros
días, la energía escondida
de la Buena Nueva, capaz de sacudir profundamente
la conciencia del hombre?
¿Hasta dónde
y cómo esta fuerza evangélica
puede transformar verdaderamente al hombre
de hoy?
¿Con qué
métodos hay que proclamar el Evangelio
para que su poder sea eficaz?
La Iglesia, ¿es
más o menos apta para anunciar el
Evangelio y para inspirarlo en el corazón
del hombre, con convicción, libertad
de espíritu y eficacia?
Confieso que
en tiempos de perplejidad o duda, me ha
hecho mucho bien releer estos cuestionamientos.
Entonces uno
vuelve a zambullirse en la Palabra para
percibir de un modo nuevo la fuerza del
diálogo de Dios con el hombre.
Y buscamos una
pedagogía, un método...Pero
el mensaje de Jesús nos llega a través
de los testigos y de la tradición
de la Iglesia apostólica. No tienen
la exactitud de un reportaje, pero vivimos
la experiencia de la fe creyente que testifica.
La Revelación
se nos presenta esencialmente como una pedagogía
que progresivamente revela el misterio de
Dios en la historia del hombre y hace comulgar
al hombre, con la vida de Dios.
Como catequistas,
sabemos que la Gran Buena Noticia
es precisamente ésta: Dios que
viene a nosotros, interviene en el
mundo, en cada una de nuestras vidas,
viene en Jesús, hoy,
acontece!...
Este es el núcleo.
Esta es la espera del Adviento, ésta
es la Navidad. A quien lo ignora todo de
Dios, tal vez no le diga mucho. Para los
que hemos entrado de niños en este
universo de la fe, tal vez no nos resulte
tampoco del todo atrayente por su falta
de "novedad".
No podemos hablar
de esto como si comentáramos por
enésima vez, un texto leído
hace años...
El Espíritu
deberá hacernos redescubrir el carácter
inconcebible de esta Buena Noticia.
Porque es la noticia, la única,
capaz de transformar la vida del hombre,
de darle su auténtica dimensión,
de plenificarla en el gozo más auténtico:
Dios se acordó de nosotros,
tanto que se hizo uno de nosotros, y nos
amó hasta el fin!...
Pero esto no
es historia, es acontecimiento.
Dios es. No un acontecimiento abstracto,
una noción cómoda para el
espíritu, un tanquilizante, una manera
(entre tantas) de explicar las cosas...
Dios irrumpe
en la historia y nos muestra quién
es.
Situarnos en
este clima de revelación permanente,
es ir entendiendo que su intervención
nos llama de contínuo para un encuentro
con El.
Adviento
es el tiempo propicio para redescubrir la
Buena Noticia. Para madurarla en nuestra
corazón.
Si como Catequistas
"no nos dice mucho todavía", habrá
que pensar si anunciamos mensajes
o razonamos fórmulas.
Porque ser catequista
significa, principalmente, sentirse alcanzado
por la Revelación del Dios Amor,
y tener la urgencia de testificarlo.
Porque sólo
desde la verdad que somos, podemos
testificar "la verdad del que Es".
Hasta la próxima,
con muchos augurios.
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