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Catequesis: pensando en el tercer milenio

por Hna. Beatriz Casiello

 

El tercer milenio resulta para la Iglesia un desafío.

Estamos a las puertas.

Esto, concretamente significa tres años de la historia... nada, en el devenir del universo.

Pero la fecha, como tal, constituye un detonante, una interpelación a este hombre concreto que llega al ocaso de un milenio más, y sigue buscando, como a tientas, el sentido último de este espacio y de este tiempo.

La Iglesia, nosotros, nos cuestionamos por estos dos milenios de Evangelio.

¿Qué hemos hecho con él?. ¿Qué pasos hemos dado gracias a él?.¿Cómo lo hemos "utilizado" para justificar la ambición de poder, para ponerlo al servicio de la muerte de los hombres, del progreso, de la cultura?.

Nada más poderoso que "la religión" cuando se la pone al servicio de una causa, aún cuando esta sea injusta y absurda. En nombre de los dioses, de la cruz, de la doctrina, se han justificado terribles genocidios inspirados en intereses inconfesables, negadores de toda libertad.

La historia de la Iglesia sabe de estas y otros compromisos que hoy nos avergüenzan.

¿Qué tiene que ver esto con la catequesis?

-Mucho. Todo.

Porque el Evangelio, la Palabra no es un "recurso" en la catequesis,ni siquiera sólo una mediación.

El Evangelio es la catequesis, y sin él la catequesis no es.

Pensemos un poco más.

Jesús es el Evangelio vivo del Padre. Es su buena, gran noticia.

Cuando Dios quiso decirnos su Palabra total, nos dio a Jesús y en El y por El, todo nos fue dicho.

Esa Palabra Viva, la recogen los testigos para la humanidad. Son los "Evangelios". Sin ellos no habría Palabra Catequística. Con ellos y gracias a ellos, somos interpelados, cuestionados, juzgados, iluminados, desinstalados,convertidos...

Esto es la Palabra Catequística, Palabra que llega a la vida. Vida que se expone a la Palabra para ser por ella transformada.

Metodológicamente, lo dijo muy claro el Documento de Medellín, cuando definió, en la Semana Internacional de Catequesis:

"La catequesis es la acción por la cual un grupo humano,

analiza su situación, la vive y la expresa a la luz del Evangelio".

No faltó quien, (y no sin cierta superficialidad) empezó una metodología "en búsqueda de situaciones puntuales" para "ver" cómo se analizaban y reexpresaban evangélicamente... Casi como una experiencia en laboratorio o cuando no, buscando recetas paradigmáticas. Así, no siempre se llegó al Evangelio de la Vida, sino a una Palabra que metodológicamente se suponía "venía bien al caso"...

Y fuimos perdiendo lo esencial, a saber:

- La complejidad unívoca de cada situación;

- La necesidad de suscitar y crear espacios para los Interrogantes y cuestionamientos, sin los cuales la Palabra resulta cuanto menos, entregada al vacio.

- El haber comprendido que toda metodología catequística, es un camino de espiritualidad, no una técnica, un recurso o una dinámica...

El que muchos catequistas se aferren a los subsidios, dice a las claras, cuanto menos, que no han llegado al núcleo de la cuestión.

Así también, cuando hablamos de ITINERARIO CATEQUISTICO PERMANENTE, se suele objetar la falta de recursos para cada edad, lo cual hace suponer la convicción de que el I.C.P. , significa para algunos pastores, la continuidad cronológica y la atención pastoral de una catequesis "para todas las edades"...

Por supuesto que es muy bueno que esto se dé. Pero se trata de una reducción de significado que hace al meollo de la cuestión.

Si no partimos de la convicción de que un cristiano es un discípulo de la Palabra, que va madurando progresivamente, en la medida en que se acerca y se deja interpelar por ella, no hay ITINERARIO. Porque ITINERAR significa "caminar, ir hacia"... la maduración plena de la fe. Y por eso es CATEQUISTICO y es PERMANENTE.

Y para madurar hay que hacerse discípulo, oyente de la Palabra.

Y para serlo, el camino, no puede ser otro que el de la comunidad eclesial reunida en torno a la Palabra, provocada por ella, viviéndola y expresándola en su vida. Como María, la oyente y por eso, Imagen de la Iglesia Peregrina.

Bueno será pensar catequísticamente, en el tercer milenio. Y decirnos:

¿Qué hemos hecho del Evangelio?.

¿Qué lugar ocupa la palabra en la vida de mi comunidad?

¿Qué significa hoy lo de Francisco de Asís: "Evangelio sin glosas...?.

¿Cómo responder a la urgencia de la Nueva Evangelización?

¿O seguiremos "haciendo mas de lo mismo"?.

Bueno repensarlo, antes de recomenzar nuestra catequesis.

 
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