|
La dicha y la
desdicha
por Walter
Daniel Kuhry
"¿Qué
les parece?. Un hombre tenía dos
hijos y, dirigiéndose al primero,
le dijo: Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar
a mi viña.
Él respondió:
"No quiero." Pero después se arrepintió
y fue.
Dirigiéndose
al segundo, le dijo lo mismo y éste
respondió: "Voy, Señor, pero
no fue". ¿Cuál de los dos cumplió
la voluntad de su padre?'.
"El primero",
le respondieron
Parecería
que en esta breve parábola la cuestión
se trata de elección y felicidad.
Entonces por
un lado tenemos la elección. Y la
elección ¿Se dice o se hace?.
Se trata de elegir el bien o elegir el mal
( ya nos lo decía el Antiguo Testamento:
vida y muerte están ante nosotros...).
Es decir elegir bien o elegir mal.
Por otro lado
tenemos la felicidad. Ahora bien, la felicidad
¿esta en poder elegir, en elegir lo
mejor en sí mismo, en elegir lo más
conveniente según mi parecer o que
mi elección coincida con el corazón
del Padre Dios?
Nos dice la parábola
que un hijo dijo: "Si", y un hijo dijo:
"No". Un hijo obedeció y un hijo
desobedeció. Y ambos contrariamente
a lo que dijeron en su respuesta oral. Entonces
¿cuál fue su respuesta?
¡Eso de
decir y desdecirse es algo tan propio del
ser humano! El hombre tiene serios problemas
a la hora de decirse. Verdaderamente es
un viejo problema. Las palabras terminan
siendo confusas por mas pensadas, pesadas
y medidas que sean. Y, como seguramente
nos lo dice la experiencia, a todos los
"dimes" le vienen sus "diretes". Ya es difícil
intentar decirse, pero peor aún cuando
después de intentarlo soy mal entendido,
soy incomprendido. Ahora cuando el hombre
intenta decirse y es mal comprendido, además
llega a la desdicha, a esa sensación
indiscutible de no decir nada con la vida
(y eso tal vez para mí es significativa).
Una vida desdichada , es decir que no dice
ni se dice es insignificante (lo cual por
cierto es muy significativo).
En realidad como
siempre nos pasa a los hombres, los hijos
no se dijeron con las palabras, se dijeron
con las actitudes, con las conductas. Lo
cual nos arrima a lo insignificante que
son las palabras en algunas ocasiones (o,
mejor sería decir, en muchas ocasiones).
Evidentemente las palabras encierran la
posibilidad de desdecir la vida , (esto
sería la mentira), que es desdecirse
como persona. Por eso la Verdad es la Vida.
Y en realidad si lo ponemos con minúsculas
también vale.
El arrepentimiento
nos abre la posibilidad de decirnos bien,
de bien decirnos. El pecado no es otra cosa
que mal decirnos y por eso la desdicha.
Por el arrepentimiento podemos llegar entonces
a bien decirnos, o sea a la dicha, y esa
es la voluntad del Padre Dios. La voluntad
del Padre Dios es la dicha del hombre, y
la dicha del hombre es la gloria de Dios.
El hijo que dijo
"Sí", se decidió con la vida
y es desdichado.
El hijo que dijo
"No" también se desdijo, pero a través
del arrepentimiento llego luego a decirse
bien.
Casi siempre
las palabras se adelantan a la vida (a veces
demasiado), como suele decir "entre dicho
y hecho hay un largo trecho". Sin ninguna
duda es lógico pensar que el hombre,
a diferencia de Dios, entre decir y hacer
hay un proceso. Por eso la vida dice mucho
mas de lo que queremos decir con las palabras.
Y eso nos recuerda aquello de Pablo VI:
que este mundo esta cansado de escuchar
a los maestros, en todo caso escucha a los
testigos; y si escucha a los maestros es
porque son testigos...
Cuándo
el Señor habla, cuando el Señor
llama, ¡dichoso el que bien se diga!
|