Biblia
  Catequesis
  Espiritualidad
  Tarjetas digitales
  Foros
  Chat por temas
  Libro de visitas
  Mapa del sitio
  Quiénes somos
  Escríbanos
   




Escriba su e-mail
para recibir gratis
los nuevos recursos.

   

Buenas Nuevas es un
sitio católico dedicado
al anuncio del Evangelio.

Director: Marcelo A. Murúa


Home Cursos a distancia Recursos Revistas Libros  
  Ud está en Home / Catequesis / Columnistas / Walter Kuhry...

Envíe esta página
a sus conocidos

 

Grabe un archivo Word
de esta página

 

Ver el próximo
artículo de Walter
Kuhry

 

Conozca la sección Espiritualidad del Catequista

 

Comentarios
y sugerencias

 

   

 

Fiesta del amor desbordado

por Walter Daniel Kuhry

Aquel perfume de mujer

Cuando de pronto se quebró el alabastro, el aroma de aquella comida quedo inmerso en el perfume que trajo " esa", que Jesús tendría que saber - si fuera verdaderamente un profeta - que es una pecadora.

Ese es el planteo que nos presenta el Evangelio leyendo el pensamiento del fariseo dueño de casa. En aquella ocasión como también suele pasarnos en la vida el mismo aroma sugiere cosas tan, pero tan distintas...

Una cosa es percibir el aroma y otra lo que el aroma dice. Para esto último hay que entender mucho de corazones. En aquella ocasión, como también suele pasarnos en la vida (¡Gracias a Dios!), llegan hasta nuestra mesa otros aromas, aromas de otras vidas con sus historias.

"Es verdad que el mucho amor..." "Porque sólo el amor cubre la multitud de los pecados". Palabras del Amor dificultad en la llegada de estos aromas se nota más frecuentemente con la mesa de la liturgia, que extrañamente pareciera menos afectable por esos otros aromas, y que seguramente le harían muchísimo bien. Esa debería ser la mesa realmente de todos los aromas. Aquel perfume de mujer fue sacramental, fue signo del amor salvador.


Mujer

Me llama mucho la atención que Jesús no hablara primero con la mujer, sino con el fariseo que lo había invitado a comer. "Simón, tengo algo que decirte... ¿Ves a esta mujer?... Sus pecados, sus numerosos pecados le han sido perdonados, porque ha demostrado mucho amor".

Estas palabras hoy resuenan para nosotros, tal vez sin el asombro que por amor a nosotros se hizo pecado produjeron en aquellos que compartían la mesa con Jesús.

Sin embargo esa ecuación sigue siendo revolucionaria: ..."le han sido perdonados por que ha demostrado mucho..." " Porque sólo el amor cubre la multitud de los pecados". Palabras del Amor, que por amor a nosotros se hizo pecado.

Y de manos del perfume de aquella mujer entramos de lleno en el gran misterio de la historia, el misterio del Amor desbordado. Porque justamente "esa" que era llamada y considerada "una pecadora", ahora es llamada (nada menos que por La Palabra): "mujer". ¿Puede haber mejor elogio para una mujer?.

No fue sólo una forma de referirse a ella, no fue una palabra más entre tantas otras posibles. Sin lugar a dudas ésta fue una palabra re-creadora, transformadora de lo profundo, re-generadora, restauradora, redentora, reconciliadora. Jesús sin decirle nada directamente a la mujer ya la había transformado. Cuando todos la calificaban como "esa", Él la vuelve a llamar con esa palabra que la reconoce imagen y semejanza de Dios, sueño del Padre Creador, hechura de sus manos, destinataria de las promesas divinas.

Aquella mujer con sus numerosos pecados que ni ella ni nadie niega, con su llanto, con sus cabellos, con su perfume, con su vida lastimada había entrado a la casa de Simón seguramente - así me lo imagino - por la puerta de atrás. Porque indudablemente a ella nadie la había invitado. En aquella mesa nadie pensó en un lugar para ella. ¿¡A quién se le podría ocurrir!?

Es fascinante ver que Jesús no la invita a la mesa sino que la pone como ejemplo para los comensales. Mejor dicho, desempolva esa dignidad que ya estaba, porque "la" dignidad es el amor. Es fascinante ver que la mujer que entró a escondidas tiene mucho "más que ver "con Jesús que con los que estaban en la mesa, y que sin dudas tendrían "más temas en común" para conversar con él. Porque en realidad es Jesús el que tiene "más que ver" con nosotros, más aún desde su clara opción por el pobre, pequeño y sufriente. Con cierto temor y temblor podemos mirar desde aquí nuestra vida eclesial: ¿Con quiénes tenemos "más que ver" nosotros?


Aroma tras - significado

Luego el texto del evangelio de Lucas (7, 36-50) ya no nos dice cómo terminó aquella comida en casa del fariseo Simón. De lo que sí podemos tener total certeza es de que ninguno de los de allí presente se sacó de encima tan fácilmente el aroma del aquel perfume. Y con el aroma les quedaron resonando las palabras de Jesús, y les quedó la imagen de aquella mujer que había logrado amar mucho, y tal vez una cierta sensación a flor de piel de haberse quedado fuera de esta fiesta de amor. A veces pienso en aquella mujer después de este encuentro con Jesús, e imagino cuánto le evocaría el aroma del aquel perfume que el Amor desbordado había tras - significado totalmente. Perfume de amor que no reconoce límites, unción para el Dios encarnado pronto a entregarse.

Permanentemente me siguen retumbando en el corazón aquellas palabras de Jesús al fariseo Simón: "...tengo algo que decirte... Tú no me besaste... no me lavaste los pies... no derramaste perfume sobre mi cabeza... en cambio ella..."

Sí, me siguen retumbando con dolor esas palabras. Porque yo en la Iglesia me parezco demasiado a aquel Simón,..."en cambio ella... " Porque Simón ofreció la mesa, pero no participó de la fiesta del Amor desbordado. Porque no se participa de esa fiesta por "dar", sino por "darse", no se participa por abrir la puerta de una casa sino por "abrirse", no se participa por estar a la mesa sino por amar mucho. Simón organizó una comida que para la invitada se convirtió en una fiesta, porque el que verdaderamente invita es Jesús. Él nos invita a su fiesta que es juntar pedazos y de esos pedazos seguir haciendo hijos, hermanos, imágenes, y semejanzas, íconos.


Cuando de puertas se trata

Recuerdo un templo que en su puerta tenía escrito. "Casa de Dios y Puerta del cielo" (lógicamente en latín). Recuerdo que era una puerta grande y realmente hermosa. Qué buena idea que nuestros templos tengan puertas grandes. Son todo un signo. Pero claro que grandes, y de esto probablemente tenemos mucha experiencia, grandes no siempre significan para todos... De ser así, me pregunto, ¿seguirán siendo puertas del cielo? Las puertas dicen mucho de lo que hay y pasa adentro. Hay puertas que excluyen y hay puertas que invitan a entrar. Hay puertas que se abren y puertas que se cierran.

Ya han sonado las cornetas que nos han llamado a Jubileo. ¡Abramos la puerta santa!

El primer signo jubilar fue abrir la puerta santa, que también es una puerta grande, de esas que están adelante y son hermosas. La puerta santa es un signo de aquel que se definió": Yo soy la puerta" (Juan 10,7). Puerta de salvación y libertad.

Pero la puerta santa, más que ninguna otra debe ser más grande, para todos. Entonces urgentemente decretemos abrir las puertas de atrás. ¿No serán acaso esas verdaderas y plenamente las puertas santas? Al menos, con toda seguridad son esas las que necesitamos, porque si es jubileo dejemos entrar de lleno el dolor, el pecado con sus numerosos pecados, el llanto y también su perfume.

Yo confieso que necesito las puertas de atrás (bien lo saben quienes me conocen) Porque igual que aquella mujer, yo busco "al que perdona los pecados". Abramos en nuestra iglesia las puertas de atrás y no tengamos miedo a los aromas que nos lleguen desde ahí. Porque solamente las puertas de atrás nos dan la real posibilidad de ser como el Padre de las misericordias. Las puertas de atrás nos permite "ser como Dios", pero no como tentación sino como plenitud y perfección. Las puertas de atrás nos permiten que todos podamos participar de la fiesta de Amor desbordado, que todos podamos recibir la salvación y llegar la libertad.

Al abrir esas puertas de atrás vendría, indudablemente, el desorden (¿o tal vez la vida?). Y entonces habría que comerse definitivamente los temores (¡y que saludable sería esto!)

Entonces habría que hacer profesión de fe en un amor que siempre alcanza, y siempre sobra. Pero suele pasar que nosotros con demasiada frecuencia tenemos miedos, que por cierto ¡son muy prudentes!.

Y así ponemos condiciones para acercarse al Incondicional, como si al desborde de su amor le pudiéramos poner limites. Y eso a lo largo de la historia él nos demostró sobradamente que el Amor siempre sobra, que el Amor siempre es desmedido, desbordado: creación... las estrellas y las arenas de Abraham... Inmaculada,... y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros..., aquellas doce canastas y después las otras siete,... "no busquen entre los muertos al que vive "... Si no somos nosotros quienes abrimos las puertas de atrás, las abrirá el mismo Señor. Eso también nos lo certifica la historia. Nos lo certifica la mujer del perfume, el ladrón "bueno", aquella otra mujer que trajeron para apedrear, y el Pedro negador, y... ¿quién de nosotros no? Pero no olvidemos que aquellos que comían con Jesús en casa del fariseo Simón se quedaron fuera de la fiesta, "en cambio ella"... ¡Cuando la Iglesia mide, cuando la Iglesia teme, cuando la Iglesia no comprende de las puertas de atrás…! ¿Para quién sonarán las cornetas?.

¡¡¡JUBILEO!!! No me dejen afuera...

Copyrigth © Buenasnuevas.com 2002