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Con el sol de frente

por Walter Daniel Kuhry

Cuando no hay pique

Si alguna vez fueron a pescar de noche, ustedes sabrán que una noche sin pique es una noche que se nos hace demasiado larga.

Sabrán que cada vez que se saca la red vacía se nos va apagando algo de esa esperanza y de ese ánimo que nos llevó a pescar, hasta que, con el paso lento de las horas, ya no queda nada. Eso es justamente lo que sucedió.

Una y otra vez, en medio de la noche oscura y silenciosa del lago, la red vacía se va burlando de nuestro oficio y experiencia. Y la noche vacía se hace demasiado larga y las horas se nos puebla de reproches y preguntas.

La red vacía nos llena de nostalgias y ausencias. La falta de pique es una realidad siempre difícil de aceptar. Una y otra la red vacía nos recuerda otros amaneceres alegres, amaneceres de fiesta. Pero tantos recuerdos de ninguna manera llena nuestras redes, que una y otra sacamos vacías. (¿Será que los vacíos también preparan los encuentros?)

Cuando no hay pique, después de una larga noche, volver a la orilla tiene mucho de refugio y la verdad es que no tiene nada pero nada de fiesta. Cuando no hay pique la noche se nos hace verdaderamente larga y vacía. Eso es lo que justamente, pasó aquella noche.


Al amanecer

Al amanecer, claro está, no es tan fácil mirar teniendo el sol de frente... Con los ojos cargados de sueños y de cansancio, con el ánimo lleno de fracaso, para nada se hace fácil percibir quién es ese que nos está gritando desde la orilla. Encima su grito - que es pregunta - nos enrostra nuestra red vacía compañera de larga noche. (¿Será posible?. Él debiera darse cuenta que no tenemos nada en la barca.)

Sin embargo pareciera que al amanecer - en honor a la verdad y aunque parezca contradictorio - hay sentidos más despiertos, más lúcidos, menos embotados.

Si, es así. Por ejemplo, al amanecer es más fácil la esperanza, por más larga y estéril que haya sido la noche. Es como que al amanecer el pasado pesa mucho menos. Al amanecer hay menos ruidos y se perciben más fácilmente los llamados, se distinguen más fácilmente las voces, se las reconoce más fácilmente. Al amanecer, incluso se hace más fácil obedecer. (¡Ah, si yo pudiera tener un corazón de aurora!)

Al amanecer pareciera que uno está más liviano de recuerdos, quizás porque algo nos subyuga el horizonte que comienza a delinearse.

"¡No!"... El grito unánime fue mas bien un trueno, y, por cierto, bien merecido. ¡Claro que no! No hubo pique en toda la larga noche, no tenemos nada, ¿Cómo se le ocurre preguntar?...¿Qué?. ¿Tirar la red una vez más?. Tal vez a ustedes les haya sucedido algo parecido: ¡Cómo nos fastidia que alguien desde la orilla pretenda aconsejar nuestra experiencia, nuestra larga y rica historia pescadora!. ¿Quién se cree que es?. (La verdad es que me pareciera como que ya hubiera vivido este momento)..." a la derecha, tírenla a la derecha de la barca..." Y en ese mismo momento en que mis manos cansadas se tensaban percibiendo la red cargada, alguien más allá de la red, percibió que "es el Señor". (Yo debiera haberlo percibido... ¡Ah, qué no daría por tener la mirada limpia y un oído de discípulo!)

El amanecer es tan especial... Porque al amanecer se hace más fácil tirarse al agua sin pensarlo demasiado. La verdad es que cuando uno está medio desnudo es mucho más fácil tirarse al agua. Al amanecer es como que se redimensionan todas las cosas y, entonces van adquiriendo su color verdadero, van tomando su verdadero lugar. Y en un instante la red y la noche vacías pasaron al olvido, la pesca se trastocó en encuentro, el pescador se fue al agua y el volver a la orilla ya tuvo sentido.

Al amanecer es mucho más fácil dejar la seguridad prudente de la barca, tan sólo porque ese " es el Señor ". (Les aseguro que amo cada amanecer que despabila el llamado -desafío de echar las redes confiando sólo en Él. Amo cada amanecer que siempre es un adelanto del amanecer en su orilla. Les aseguro que amo cada amanecer en su orilla. Les aseguro que cada amanecer que incansablemente me sigue invitando a tirarme al agua.

Hay algunas ocasiones en que en el amanecer uno se olvida totalmente de las negras y largas noches y todo se ilumina. ¿Vieron?. La luz siempre es más fuerte que las sombras.

Al amanecer, teniendo el sol bien de frente parece que ya no hubiera sombras. Entonces al amanecer uno se pregunta si la noche es tan real como parece. Las sombras parecen ser la única realidad -de alguna manera indiscutible- de quien mira atrás, pero quien espera al amanecer solamente constata que las sombras huyen. (Se me hace tan difícil no mirar las sombras de mi vida. A veces me pregunto si las sombras serán reales o solo dependerá de mi mirada. A veces me pregunto si las sombras son falta de luz o signo de su presencia).

Al rescoldo ya había un pescado a punto, pero Él nos pidió algunos más. Sacamos la red a la orilla, había en abundancia, había de sobra. ¡Que lejos se quedo de pronto la noche larga y vacía!. Tal vez ese vacío fue anhelo, deseo, búsqueda, pedido, clamor, llamado, súplica, invitación... El silencio nos evocó otros tiempos, otros encuentros en la orilla, otros amaneceres. (El silencio siempre evoca encuentros o ausencias, tal vez por eso huimos de él).

En la orilla resonó aquel llamado en otros amaneceres de mi vida, y en la orilla quedaron las barcas, las redes, los remos, los regresos después de largas noches sin pique...

Ahora en la orilla este silencio cargado de encuentro y de paz porque nada había que preguntar, Él, aquí en nuestra orilla es la respuesta, aún para las preguntas que no se formulaban. Ese amanecer en esa orilla solo era cuestión de estar con él... (Después de tantos años me sigue conmoviendo el silencio elocuente de las orillas. Cada orilla tiene promesa de amaneceres nuevos)


Con el sol de frente

Pero el silencio amable y apacible de ese amanecer se partió con el primer": ¿Me amas?". La primera respuesta me brotó rápida superando, casi con elegancia, la sorpresa. Una respuesta que fue más bien fruto de la larga noche sin pique, una respuesta con mucho de oficio, de alguien acostumbrado a la red vacía. Una respuesta sin raíz para una pregunta que perturbó aquel silencio y que me partió la vida (Porque a la vida la parten las preguntas más que las respuestas). Una pregunta que me pareció mucho más insólita que el mismo llamado. Una pregunta que fracturó mi tiempo. Una pregunta que me sorprendió y a la que intenté - quitarle trascendencia, porque ya se había clavado en mi alma.

Inauditamente, aquel amanecer, volvió a resonar aquella pregunta "¿Me amas?".Esa segunda respuesta tuvo ya raíces mas hondas en la historia, esta respuesta evoca aquel llamado de hace unos años, evoco las vivencias compartidas (¡Y cuántas!) , Las cosas aprendidas, todo lo que hemos visto y oído, evocaron los caminos recorridos, evocó las ilusiones, las barcas abandonadas, evocó otra experiencia de orilla... Intenté responder desde el pasado; un pasado tan rico de su presencia, rico de su persona, pleno de sus palabras, de sus gestos, rico de Él.

Inútilmente intenté responder desde otros tiempos de discipulado, de un seguimiento más aventurero por tantos caminos.

Pero la tercera vez... el silencio se me hizo abismo. El trozo se petrificó en la boca, y me fui perdiendo alma adentro deseando que Él escuchara mi ensimismamiento... ¡No!.¡No es el momento, Señor, ahora no es el momento! Justo ahora se te ocurre hacerme semejante pregunta y delante de todos. Justo después de una noche de pesca tan larga y vacía, una noche que no es más que tenue imagen de la noche más real y profunda que es mi vida. ¡Ah, Señor, te equivocaste!...Debías haber preguntado en otros tiempos, en mis fuertes años juveniles cuando el cansancio no surcaba mi mirada todavía limpia, cuando mi espalda parecía siempre capaz de cruces, cuando mi pasado no tenía estas sombras, cuando podía responderte sin vergüenza me desmintiera... Debías haber preguntado en otros tiempos cuando yo era roca, dispuesto a ir a la muerte, a no dejarme lavar los pies por nada del mundo, siempre dispuesto a dejarlo todos; pero, Señor, preguntar ahora que estoy desgranado como un puñado de escombro, preguntar ahora que de esa roca no queda más que arena...

Debías haber preguntado en la noche de aquel jueves, allá entre los olivos, cuando tenía la espada en la mano, esa noche hubiera sido tan distinta mi repuesta, tan distinta...

Pero Señor, después que me sacaste la espada y yo escapé... Ahora, Señor, hacerme semejante pregunta frente a mis propios despojos de miedo y mediocridad. ¡Cómo me preguntas ahora, cuando el canto del gallo inunda la vergüenza, amargura y llanto todas mis noches!... No debías haberme hecho esta pregunta, Señor.

Me queda inmensamente grande tu pregunta, ¿no lo ves? . ¿Acaso te burla de mí?. Tu pregunta, Señor, me encandila ¿Qué espera tu silencio?. ¿No ves acaso que he vuelto cabizbajo y fracasado, triste y avergonzado a mis redes, a mi barca, a mis remos?. ¿No ves que he vuelto quebrado a lo que alguna vez dejé resueltamente?. ¿No ves lo que soy, no ves lo que he hecho?(No debías haberme hecho esta pregunta... No debías haberla hecho...)

"Tú lo sabes todo, Señor, tu sabes que te amo". (Y les confieso que es lo único que alcanzo a ver con el sol de frente...) .

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