Queridos
Amigos y Amigas:
No suelo
enviar mails grupales porque disfruto
de escribirles a cada uno, pero esto
quiero compartirlo igual con cada
uno de ustedes, que de diferente manera
y en distintos tiempos, siempre han
sido una huella de Dios en mi vida.
Estos últimos
días estuve totalmente dedicado
a acompañar a mi mamá
en su pascua hacia el Señor.
Ella enfermó
de metástasis de cáncer
del hígado en el último
mes y todo fue muy rápido,
y gracias a Dios, sin sufrimiento
para ella.
En el día
de ayer se la presentamos al Dios
Bueno y se fue contenta con El a encontrarse
con mi papá y todos sus seres
queridos que la precedieron.
La experiencia
de acompañarla en estos días
fue hermosa pues pude atenderla, rezar,
abrazarla y estar con ella mucho tiempo.
El sábado
le dimos la Unción en una celebración
bellísima adonde estuvieron
todos mis hijos y esposa, junto a
nuestro amigo el padre Alejandro,
que es el director Nacional de Catequesis
de Argentina.
Ayer por
la noche celebramos la Eucaristía
junto a ella con mi obispo (que estaba
en Buenos Aires en la reunión
de la Conferencia Episcopal Argentina)
y el padre Alejandro y como te imaginaras
fue hermosa y llena de vida y de signos,
pues ambos tienen mi misma escuela.
Con decirles que al final hasta Bernardo
mi hijo menor espontáneamente
dijo delante de todos pidiéndole
al obispo que "ahora que terminamos,
como la abuela estaba llena de amor
quiero pedirte que le hagas un corazón"
(antes el obispo nos había
invitado a acercarnos a todos y con
agua bendita cada uno le fue haciendo
la señal de la cruz en el ataúd,
por eso el Berni le pidió que
no se olvidara de otro signo - más
significativo para él - que
fue el trazar el corazón).
La Misa
fue alegre, con risas, recuerdos y
hasta alguna broma cuando mi otro
hijo Esteban hizo su oración
muy serio dando "gracias porque en
mi comunión la abuela nos hizo
la torta a Bernardo y a mí".
Claro cuando yo dije en voz alta que
la torta era de chocolate y frambuesas,
y Berni agregó con un gesto
"y asiiiií de grande" (abriendo
los brazos), todos se rieron.
Yo estoy
muy contento porque el velatorio de
mi mamá y su despedida fue
un hermoso encuentro de catequesis
para mis familiares, amigos y conocidos,
muchos de los cuales nos abrazaron
luego porque nunca habían vivido
algo así.
Para mí
simplemente fue dar gracias por mi
mamá, que fue mi primer catequista,
la de la vida, la que me hizo conocer
el delicado aroma de Dios que llenaba
su habitación después
de que le dimos la Unción,
porque estaba a la puerta preparado
para buscarla.
Les pido
una oración por ella, para
los que no la conocieron se llama
Martha y me ha dejado grandes aprendizajes
para la vida.
Quisiera
compartir los dos últimos,
que por haber sido en su lecho final,
son grandemente significativos para
mi.
El sábado,
ya internada, pidió constantemente
con gestos que le sacáramos
la máscara de oxígeno.
Me dijo en varias oportunidades, siempre
con los ojos cerrados y una voz muy
bajita pues estaba ya muy débil
y consumida "No es lo que corresponde".
¡Estaba
preparada para la partida y no quería
esperar! Qué bella manera de
enfrentar a la muerte. Con cariño
y decisión, dándose
cuenta y enseñando que no corresponde
"estirar" la vida cuando el Señor
está allí tendiendo
la mano. La hermana muerte no es sino
el encuentro definitivo con el Dios
de la Vida, la "frutilla del postre"
de nuestra existencia. ¡por qué
entonces, resistirse, y más
bien, porque no acogerla con los brazos
abiertos, para estrecharse en un abrazo
con el Señor y dejarse llevar
por él.
Yo aprendí
esto de mi mamá catequista
en su lecho de muerte, que sería
más bello llamar, su escalera
a la Vida (porque el paso exige esfuerzo).
La última
frase que le escuché de sus
labios, y que constituye la segunda
gran enseñanza que me ha dejado,
fue "levantame para rezar". Yo le
había dicho que vendría
el padre Alejandro para darle la Unción,
y que ibamos estar toda la familia
a su lado para prepararla y acompañarla
hacia el Señor. Tal vez suene
"fuerte" que yo le hable a mi mamá
así pero que cosa más
bella que entregar en los brazos de
Dios a quien nos ha dado la vida.
"Levantame
para rezar" resume una vida vivida
en las huellas de Dios. Con la espiritualidad
rústica y auténtica
de nuestras madres, quienes sin haber
estudiado "nada" de Dios, nos lo hicieron
conocer con su ejemplo y testimonio.
Mi mamá, tal vez como la de
ustedes, tenía perfume a Dios,
y lo supo transmitir e impregnar en
quienes la rodearon.
Su último
esfuerzo quiso dedicarselo a rezar,
y recibir la Unción, que como
le dije al terminar, era la preparación
para que el Señor la buscara.
Preparada y perfumada se le dejamos
en sus manos y él la llevó
a las pocas horas.
Yo también
lloro, y la he llorado todos estos
días, pero no puedo dejar de
gritar lo que han visto mis ojos,
han escuchado mis oídos y han
palpado mis manos acerca del Dios
que es Vida. Estoy muy feliz y tranquilo
porque mi mamá está
con El, y le doy gracias porque me
quiere y me cuida tal vez demasiado...
como hacen las madres. Pues permitió
que llegaramos a tiempo para estar
a su lado, nos acercó la ayuda
de amigos que nos prestaron el dinero
para viajar pues somos muchos y en
ese momento no lo teníamos
(vivimos en Bariloche, a 1600 km de
Buenos Aires, donde ella vivía),
me regaló el cuidarlo un día
y medio arreglando su cama, llevándola
al baño, dándole de
comer y los remedios. Y finalmente
me ofreció a dos grandes amigos,
el padre Alejandro y mi obispo Fernando,
para darle los sacramentos y celebrar
la Eucaristía más linda
de mi vida.
Mi mamá
se llamaba Martha, algunos la conocieron
y otros no, pero todos respiraron
alguna vez el aroma del Espíritu
que ella me fue transmitiendo desde
que me trajo al mundo. No era mío,
tampoco de ella, pero ella lo supo
transmitir bien y por eso está
con Dios.
Que el
Dios de la Vida los llene de paz.
Los recuerdo
con inmenso cariño y se que
van a rezar por mi mamá.
Marcelo
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