Catequistas,
Hombres y Mujeres de oración como
Jesús..
por Marcelo
A. Murúa
Un relato
de Mamerto Menapace para abrir el corazón
En una ocasión
Jesús estaba rezando, y cuando terminó
uno de sus discípulos le dijo: ¡Señor,
enséñanos a rezar! (Lucas
11, 1).
El Señor
se iba de noche al cerro y allí pasaba
las horas, rostro al Padre. Seguramente
esas horas habrán sido de rumia profunda.
Y lo que Cristo rumiaba era el actuar de
Dios en su pueblo. La realidad que se llamaba:
Reino.
Es decir, la
manera cómo el Señor Dios
su Padre había ido santificando su
Nombre en la historia de los hombres. Cómo
su voluntad se había ido realizando
por esos complicados senderos de la historia
de su pueblo y de todos los pueblos. Porque
el Padres que estaba en los cielos había
estado comprometido con todo lo que estaba
pasando aquí en la tierra. Sabía
que faltaba el pan; sabía que había
ofensas con ofensores y ofendidos. Y que
esa realidad no dividía la mundo
en dos grupos, sino que era una realidad
que hería a todos los hombres. Que
todos tenían necesidad de perdonar
y de ser perdonados. Sabía también
que la tentación era una realidad
que amenazaba a cada hombre, y que cada
hombre necesitaba que Dios Padre interviniera
para librarlo de la tentación y de
las intrigas del maligno.
Allí,
en las noches de silencio, en la oración
y en la contemplación, Jesús
se convertía en minero de la historia
y de la naturaleza. Del actuar del Padre
que había creado todo lo que hablaba
en la noche: los grillos y las estrellas;
las majadas en los cerros y la lámpara
en la casa; y todo eso otro que pertenece
a la vida concreta de los hombres: el ladrón
que sorprende al dormido y la novia que
no duerme esperando la sorpresa de su amado.
Allí Jesús llegaba a la esencia
profunda y sencilla de las cosas, y encontraba
las imágenes primordiales para hablar
del Padre a los hombres sus hermanos.
En el silencio
de la noche Jesús escuchaba el lenguaje
elemental de las cosas, y a través
de él ese lenguaje se hacía
palabra y subía al Padre en forma
de oración. Y esa oración
daba espesor y fuerza vital a sus palabras
y a sus imágenes que luego afloraban
casi espontáneamente en las parábolas.
Y la gente las comprendía.
Porque la gente
sencilla reconocía en ese lenguaje
sencillo y grávido, el antiguo diálogo
de las cosas. Reconocía ese lenguaje
también escuchado por ellos en su
silencio, pero aún no plenamente
crecido como para ser captado como mensaje.
Allí en cambio, en la boca de Jesús,
el profundo lenguaje primordial de las cosas
simples llegaba a hacerse comprensible.
Los hombres comprendían el lenguaje
del Señor porque su lenguaje había
crecido en el silencio de la oración
al Padre, por las noches. De la misma manera
que la sangre de la tierra crece hasta pan
en el silencio a la madrugada en cada mesa
y que es asimilado por los hombres sin dificultad.
Porque es el silencio fiel de los trigales
lo que permite a la sustancia de la tierra
llegar hasta el lenguaje compresible del
pan.
Y pienso que
es también el silencio contemplativo
y fiel de nosotros, los hombres y mujeres
de Dios, lo que puede permitir a las cosas
y a los acontecimientos llegar a crecer
hasta hacerse oración al Padre en
nuestras noches, y lenguaje comprensible
para nuestros hermanos en las parábolas
a la luz del día.
El que tenga
ojos para contemplar en la noche, que contemple.
Por amor a Dios, a las cosas y a nuestro
pueblo.
Para reflexionar
junto a la comunidad de catequistas
El cuento nos
introduce en la vida de oración de
Jesús. Más allá de
explicar cómo Jesús oraba
nos invita a descubrir las raíces
de su oración y llevarlas a nuestra
vida.
- ¿Cómo
es tu oración? ¿Cuándo
rezas? ¿Por qué rezas? Comparar
con Jesús
- La práctica
de Jesús se cimentaba en su diálogo
profundo con el Padre, ¿qué
puedes aportar a la construcción
del Reino a partir de tu vida cotidiana?
Haz silencio y siguiendo los pasos del
Maestro, intenta escuchar la propuesta
de Dios en la oración.
- Los siguientes
textos nos muestran la vida de oración
de Jesús, leélos y descubre
qué tienen en común, ¿cómo
oraba Jesús? Ver Lc. 4, 1-12; 5,
16; 6, 12-13; 9, 18; 11, 1ss; 22, 39ss;
23, 46.
- La historia
nos muestra que la oración contemplativa
no está separada de la vida, por
el contrario está enraizada en
las situaciones de la vida del pueblo,
¿qué señales del Reino
descubres en la situación de nuestra
gente? ¿Qué desafíos?
¿Qué situaciones de pecado
y marginación? ¿Qué
alegrías y esperanzas? ¿Cuál
puede ser tu aporte, nacido de la oración
y vivido en la práctica de todos
los días?
- ¿Qué
aprendes del cuento para tu vida? ¿Cómo
puedes aplicar el mensaje del cuento?
Orar como
Jesús
De cara al
Padre,
en el
silencio del encuentro,
con las
manos vacías,
y los
oídos bien abiertos,
con la
vida del pueblo
en su
mirada
y el
proyecto de Dios
en su
horizonte
así
oraba Jesús.
Buscando
la voluntad del Padre,
intentando
discernir los signos
del tiempo
en que vivía,
abriendo
huellas para el Reino
y ocupándose
de la vida del pueblo
así
oraba Jesús.
Dedicando
un tiempo y un lugar,
escuchando
y aceptando,
pidiendo
fuerzas para ser fiel,
poniendo
su vida
en las
manos del Padre.
Animado
por el Espíritu
rumiando
la Palabra,
así
oraba Jesús.
Señor
de la Vida,
enséñanos
a orar así.
- Que así
sea, Señor -
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