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Los frutos del
Espíritu en la vida del catequista
por Marcelo
A. Murúa
«El fruto del
Espíritu es caridad, alegría,
paz, comprensión de los demás,
fidelidad, mansedumbre y dominio de sí
mismo.»
Gálatas 5, 22
El tiempo de
Pentecostés es un excelente momento
para revisar nuestra vocación y práctica
de catequistas.
Ser catequista
es anunciar la Palabra de Jesús,
dar testimonio del Evangelio, y enseñar
a los demás con nuestra palabra y
nuestra vida.
El origen de
la palabra catequista es «hacer resonar».
Siempre que pregunto en los talleres de
espiritualidad del catequista, con qué
imagen asociamos este significado tan motivador
des ser catequista, me responden «con
una campana». En nuestros días
se escuchan pocas campanas, pero para los
que llevamos algunos añitos más
(yo ando por los 39 y recuerdo campanas
en mi niñez) por este mundo podremos
recordar campanas que escuchamos sonar.
Yo me acuerdo
mucho de dos:
La
campana del colegio... Señalaba
el comienzo (¡alegría!) del
recreo, y también su finalización
(no tanta alegría...)
La
campana de la parroquia... Marcaba las
horas del día y sonaba con fuerza
antes de cada misa dominical llamando a
la comunidad.
La campana era
una señal, con su tañido nos
hablaba de otra realidad más importante
y trascendente que su sonido mismo.
Ser catequista
tiene mucho que ver con ser campana. Nuestro
sonido (nuestra vida, nuestra palabra) debe
ser capaz de evocar algo más importante
que nos trasciende: la Palabra de Dios,
el encuentro con Jesús.
El sonido de
la campana es signo... y también
lo es nuestra misión de catequista.
Signos de la vida nueva a la que Dios nos
invita, signo de la compañía
de Dios -que camina a nuestro lado-signo
de la comunidad que nace en torno a la palabra,
a la oración, a la enseñanza,
a los sacramentos, al compartir.
El catequista
vive animado por el Espíritu de Jesús,
pide su guía y su aliento para ser
fiel a su misión y poder anunciar
el Evangelio.
- ¿Cómo
está «sonando» nuestra
campana en estos tiempos?
- ¿Estamos
dando los frutos que el Espíritu
espera de nosotros?
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Para trabajar
en grupos
Los
frutos del Espíritu en la vida
del catequista
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Leemos
el texto de Gálatas 5, 22
Recortamos
siete campanas de cartulina y le ponemos
a cada una el nombre de uno de los
frutos del Espíritu (conviene
que las campanas sean grandes).
Nos dividimos
en parejas (y si somos pocos cada
uno trabaja con una campana). A cada
pareja se le da una campana y la siguiente
guía:
¿Qué significa ser campana
de caridad, alegría, paz...
(cada uno completa según su
campana) en la vida de un catequista?
Nombrar tres actitudes que como catequista
ayudan a que suene esa campana.
Nombrar tres actitudes que como catequista
no ayudan a que la campana suene,
acitudes que ahogan ese fruto, que
no lo muestran, que no lo transmiten.
Escribir una pequeña oración
que comience con la frase: «Espíritu
de Jesús ayúdanos a
ser campana de...»
Las actitudes
y la oración se escriben dentro
de la campana de cartulina.
Se pone
en común lo trabajado en los
grupos (o individualmente si son pocos).
En ronda
realizamos una oración compartida.
Si es posible tener una campana de
verdad, a medida que cada catequista
va haciendo su oración personal
en voz alta, al terminar hace sonar
la campana y se la pasa al de al lado.
Entre
todos escribir una nueva campana con
un compromiso común a intentar
vivir como catequistas. Colgar esa
campana en un lugar visible dentro
de la parroquia, colegio o capilla.
Terminar
con un canto al Espíritu Santo.
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