|
El catequista,
servidor de la Palabra en su comunidad
por Marcelo
A. Murúa
Quiero compartir
con ustedes una pequeña reflexión
surgida en un encuentro con catequistas
rurales de la Prelatura de Humahuaca,
a mediados de octubre de 2000. Este encuentro
era la cuarta etapa de un proceso de formación
de dos años que estamos realizando
con los catequistas, rurales y urbanos
de esta sufrida región de nuestro
país. Los catequistas rurales son
personas muy sencillas y llenas de Dios,
pastores, campesinos, hombres y mujeres,
jóvenes y ancianos... en las desoladas
tierras de la Puna son los arroyos que
llevan el agua viva de la Palabra a sus
comunidades.
La Biblia nos habla de las personas que
anuncian la Palabra
«Yo, por
mi parte, era como un canal salido de un
río, como un arroyo que se pierde
en un jardín del Paraíso.
Yo pensé: voy a regar mi huerta,
voy a regar mis flores. Pero mi canal se
convirtió en río, y el río
en mar. Entonces dije: Haré brillar
como la aurora la instrucción, llevaré
a lo lejos su luz. Derramaré la instrucción
como una profecía y la dejaré
a las generaciones venideras. Comprueben
ahora que no he trabajado para mí
solo, sino para todos los que buscan la
sabiduría.» Eclo. (Sir.) 24,
30-34
La vida del
catequista a la luz del texto bíblico
Como catequistas
somos servidores de la Palabra. Pequeños
canales, sencillos y humildes, que surcan
la vida de nuestra comunidad... Cuando tomamos
conciencia de nuestra vocación y
decidimos emplear nuestro tiempo, nuestra
capacidades y nuestros dones al servicio
de nuestra gente, descubrimos, con alegría
y sorpresa, que el Dios generoso multiplica
nuestros esfuerzos. Si nos entregamos con
confianza a Dios, sabiendo que somos simples
canalitos para que su Palabra llegue con
su frescura y novedad a los demás,
El se encarga de hacer de nosotros arroyos
y ríos.
El texto nos
habla de la experiencia de un hombre sabio,
que ha descubierto la obra de Dios en su
propia vida y decide comprometerse en el
anuncio de su Palabra. Como catequistas
somos llamados a transmitir las enseñanzas
de Jesús y promover el encuentro
de los demás con el Dios verdadero,
que cambia la vida y nos descubre el sentido
profundo de la existencia.
¡Qué
alegría poder decir como el sabio
del texto, he trabajado para los demás,
para que los otros conozcan la sabiduría,
es decir la Palabra del Dios de la Vida!
|
Para rumiar
el texto y la vida
El
catequista, servidor de la Palabra
en su comunidad
|
|
- ¿Somos
canales por donde circula el agua
viva de la Palabra de Dios?
- ¿Qué
actitudes de nuestra vida «secan»
nuestro reserva de agua viva?
- La Palabra
es la Fuente donde nace nuestro canal,
¿está presente en nuestra
vida de todos los días? ¿Acudimos
a ella? ¿Nos nutrimos con su
lectura y oramos con ella? ¿Estudiamos
la Palabra para poder transmitirla
mejor?
- Compara
las palabras del texto con tu vida,
¿eres un verdadero arroyo para
tu comunidad? Los demás ¿se
encuentran con el Dios de la Vida
a través de tu testimonio y
enseñanzas?
- ¿Qué
puedes y debes cambiar de tu manera
de ser para ser un arroyo más
transparente, más caudaloso,
más fecundo?
Ofrecele
tus reflexiones a Dios a través
de una
oración escrita por tus propias
manos.
|
|