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¿Cómo
celebrar mejor la Eucaristía?
Primer
Momento:
- Formar pequeños
grupos. Cada grupo dibuja, conjuntamente,
una fiesta (cumpleaños, Navidad,
Año Nuevo, casamiento, bautismo
)
- Se muestran
los trabajos realizados y se comenta: a
todos nos gusta celebrar cumpleaños,
Navidad, Año Nuevo, aniversarios
y son muchos son los motivos que tenemos
para festejar.
Cuando festejamos,
hay cosas que no pueden faltar.
¿Qué
es lo que no puede faltar en una reunión?
Amigos, parientes,
las personas que queremos, comida, conversación,
música.
¿Te imaginás
una fiesta en la cuál todos estén
callados, o no haya nada para comer, o estés
solo?
En una fiesta
puede haber muchas otras cosas: canto, baile,
regalos, juegos, risas
Para que una
fiesta salga bien, hay que organizarla,
preparar la casa, la comida e invitar a
los participantes.
¿Cómo
se preparan los invitados a una reunión
o a una fiesta?
También
los invitados se deben preparar: bañarse,
ponerse algo un poco distinto a lo de todos
los días, preparar algo para llevar,
tener muchas ganas de compartir y celebrar.
¿Cómo
habrán sido las fiestas en la época
de Jesús?
Recordemos que
el evangelio nos muestra a Jesús
en una fiesta de casamiento, y comiendo
en varias oportunidades con amigos o con
pecadores.
Jesús
también se reunió con sus
amigos, los apóstoles, para celebrar
una fiesta especial: la Pascua judía.
Jesús,
que era judío, se reunía con
sus amigos para celebrar las fiestas importantes.
Por eso, un día organizó una
cena, la última cena, para celebrar
que su pueblo había sido sacado de
la esclavitud de Egipto y conducido a la
tierra prometida.
Pascua judía:
paso de la esclavitud a la libertad.
Pascua cristiana:
paso de la muerte a la vida.
Desde ese día
en que Jesús se reunió en
la última cena, los cristianos nos
seguimos reuniendo en la Eucaristía,
la misa, para celebrar un gran acontecimiento:
¡Jesús
resucitado se hace presente
en
medio nuestro bajo la forma de pan y vino!
Iluminación:
1 Corintios 11,
23 - 26
Los cristianos
celebramos esta Nueva Alianza:
Jesús
se hizo hombre y nos salvó, y el
que coma el pan y bebe la copa permanece
con Dios.
Respuesta:
Si participamos
de la mesa del Señor, si comemos
su pan, nos comprometemos a:
- vivir como
hijos de Dios.
- vivir como
hermano de los hombres.
- partir y
compartir el pan con los demás.
¿Cómo
puedo vivir como hijo de Dios?
¿Qué
actitudes tiene el que vive siendo hermano
de los que lo rodean?
¿Qué
significa «compartir el pan»?
Nos comprometemos
a celebrar realmente la Eucaristía.
Lo más
importante para poder participar en una
eucaristía es concurrir. Si no vamos
nunca, o muy pocas veces, cuando lo hacemos
no entendemos qué está pasando
y nos quedamos como espectadores, sin poder
participar.
Lo que figura
a continuación son los puntos más
importantes para poder conversar con los
chicos. Es conveniente que cada uno tenga
una copia para seguir al catequista, colocar
las contestaciones de la misa o hacer algún
dibujo a medida que se lee y se profundiza.
¿Qué
hacemos cuando participamos de la Eucaristía?
- Jesús
nos invita a encontrarnos con él
y con los demás.
Respondemos a
ese llamado y cuando nos encontramos nos
saludamos:
«En el
nombre del Padre del Hijo y del Espíritu
Santo» «Amén»
- Antes de una
celebración, nos preparamos.
Antes de entrar
a una fiesta, nos miramos en un espejo para
ver cómo estamos. De la misma manera,
antes de comenzar la Eucaristía nos
miramos, pero nos miramos hacia adentro.
Tratamos de descubrir qué hemos hecho
mal, en qué hemos fallado, de quién
nos hemos distanciado, y pedimos perdón.
- Escuchamos
la Palabra de Dios en la Biblia.
Dejamos que la
palabra llegue hasta nuestro corazón
para poder contestarle al Señor.
En la homilía,
el sacerdote nos ayuda a comprender y lo
que dijo la Palabra de Dios para que podamos
darle una respuesta.
- Después
de escuchar la Palabra de Dios, hacemos
todos juntos nuestras oraciones al Señor
para que él se haga presente en nuestra
vida y la transforme.
- La mesa pasa
a ser el centro de la celebración.
En el altar vamos a poner nuestra vida para
que Jesús se haga presente en ella
y la transforme. Ofrecemos nuestra vida,
nuestros sufrimientos, nuestros deseos,
lo que somos y lo que estamos dispuestos
a dar a Dios. Llevamos al altar el pan y
el vino, frutos de la tierra y del trabajo
del hombre para que, después de ser
bendecidos por el sacerdote, se transformen
en el cuerpo y sangre de Jesús.
- El sacerdote,
unido a Jesús realiza los mismos
gestos y dice las mismas palabras que el
Señor en su última cena.
- La plegaria
Eucarística concluye con una solemne
aclamación. En ella ofrecemos al
Padre el Cuerpo y la Sangre de Jesús
y, con Jesús, a nosotros mismos,
a todos los cristianos y a todo el mundo:
«Por Cristo,
con él y en él, a tí,
Dios Padre omnipotente, en la unidad del
Espíritu Santo, todo honor y toda
gloria por los siglos de los siglos».
«Amén».
- Rezamos todos
juntos, como hermanos hijos de un mismo
Padre, el Padrenuestro.
- Antes de acercarnos
a la mesa del Señor, nos deseamos
unos a otros la paz del Señor.
- Todos unidos,
como pueblo que camina hacia la casa del
padre, nos acercamos a recibir el Pan de
Vida.
- Cuando los
que están celebrando le Eucaristía
han recibido el cuerpo de Jesús,
hacemos un momento de silencio y damos gracias
a Dios en lo profundo de nuestro corazón.
- El sacerdote
nos despide hasta la semana próxima:
«Pueden
ir en paz»
Demos gracias
a Dios
Damos gracias
porque nos hemos alimentado de su cuerpo
y de su Palabra, y de esa manera tenemos
fuerzas para cambiar, para ser mejores y
para llevar la paz de Jesús que hemos
recibido a todos los lugares en donde estemos
durante la semana.
Toda celebración
Eucarística es el centro, la fuente
y culmen de la vida cristiana.
¡¡Gracias
Jesús por hacerte presente en la
Eucaristía!
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