|
El pueblo y el
rey (1 Sam. 8, 10-22)
por María
Inés Casalá
Temas
a tratar:
- El crecimiento
de los hijos. ¿Cómo podemos ayudarlos
a crecer de una manera integral?
-
El crecimiento como padres. ¿Estamos
abiertos a crecer, a cambiar, a mejorar,
o estamos instalados en nuestras convicciones
y creencias?
Primer
momento:
Escuchar la canción,
«Puedes ser luz», del CD «Grito del Corazón»,
de Carlos Seoane y Juan Carlos Pisano (Si
no se dispone del CD, o del casete, se puede
reflexionar acerca de la letra de la canción).
Puedes ser luz, puedes brillar,
puedes volver a comenzar
y descubrir en tu interior la imagen
de tu creador
que dibujó su huella en tu corazón
para que no te olvides de él.
Sé que de hablarte sin palabras,
me olvidé,
siempre estaba apurado.
Y si arco iris en tu frente no sembré…
¡cómo voy a cosecharlo!
Para colmo, yo creí tener razón
no entendía que pasaba en tu interior
frustraciones que llevaba sin saber
poco a poco las cargué sobre tu
ser.
Sé que es más fácil resignarse
sin luchar
y pensar que fracasamos…
Más que dirías si supieras que tal
vez
sanar tu vida está en tus manos.
Si sembramos esperanza entre los
dos
perdonando y confiando en el buen
Dios,
hay momentos cuando el sol vuelve
a brillar
no lo dudes, hoy es tiempo de cambiar.
|
Para
reflexionar:
- ¿Cuál es
el mensaje de esta canción?
- ¿Qué relación
tiene con lo que nos pasa como padres?
Conversar con el grupo
de padres:
Hay personas que creen
que llega un momento de la vida en que se
termina de crecer, sin embargo esto no es
así. Puede ser que no crezcamos más en altura,
pero siempre tenemos posibilidad de crecer
en distintas capacidades, como ser la de
escuchar al otro, aconsejar, reflexionar
acerca de nuestra vida, ser más justos…
Entre ellas, una de las más importantes,
la capacidad de ser buenos padres. ¿Qué
caminos tenemos para lograrlo? Uno de ellos
es reunirse, y conversar acerca de los problemas
que se nos presentan. Eso es lo que hacemos
en la catequesis familiar. No sólo se trata
de reflexionar acerca de cómo podemos ayudar
a nuestros hijos a crecer en la fe, sino
de crecer nosotros junto con ellos en todos
los aspectos.
Responder
entre todos:
- ¿Qué dificultades
se nos presentan a medida que nuestros
hijos crecen? ¿Podemos señalar barreras
en la comunicación o en la educación que
les brindamos?
Segundo
momento: (Iluminación)
Explicar:
En el desierto, al pueblo que caminaba,
Dios le dio una ley, los Diez Mandamientos,
que les permitía ser libres, amar a los
demás y construir las bases de la sociedad.
Entre Dios y el hombre se estableció una
unión de amor. Amar a Dios a quién no se
ve, fue difícil para el pueblo. Tenían grandes
tentaciones, al ver que los pueblos vecinos
adoraban a becerros o imágenes de oro. A
veces olvidaban todo lo que Dios hacía por
ellos. Sin embargo, Dios era fiel a su promesa.
Dios envió a distintas
personas para que guiaran a su pueblo. Entre
ellos, se destacó Samuel, que desde niño
estuvo al servicio de Dios. Cuando se hizo
anciano, el pueblo exigió un rey. Querían
ser como todos los otros pueblos. Ya había
pasado mucho tiempo desde la liberación
de Egipto, el pueblo ya había crecido lo
suficiente: ¿Por qué entonces, no iban a
tener un rey?
Iluminación:
lectura del libro 1
Samuel 8, 10 - 22 Dios le dijo a Samuel
que les diera lo que le pedían, pero que
les avisara los peligros que podía traer
un rey.
Para reflexionar:
- ¿Qué dijo
Dios de que el pueblo tuviera un rey?
o ¿Estuvo de acuerdo, le pareció bien?
o ¿Accedió a su pedido? ¿Por qué? o ¿Tiene
relación con lo que hacemos como padres?
- ¿Accedemos
a los pedidos de nuestros hijos? o ¿Reconocemos
que sus necesidades cambian? o ¿Cómo reaccionamos
ante estas nuevas situaciones?
Tercer
momento: (Respuesta)
Individualmente o
por matrimonios, pensar:
- Una actitud
para mejorar relacionada con el crecimiento
personal.
- Una actitud
para mejorar relacionada con la relación
con los hijos.
Grupalmente:
¿Cómo podemos conversar
este tema con los hijos?
Mensaje del encuentro:
Dios nos ayuda a crecer.
El crecimiento no se detiene, porque no
sólo crecemos físicamente, sino en muchos
otros aspectos.
Para conversar:
Muchos chicos de tu
edad, están preocupados por su cuerpo. Notás
cambios en vos o en tus compañeros que te
preocupan. Las zapatillas te duran cada
vez menos porque dejan de entrarte, la ropa
enseguida «se achica», no terminás de acostumbrarte
a un cambio, que en seguida se produce otro.
¡Estás creciendo! Estos cambios son evidentes.
Además de notarlo vos, lo notan los que
estamos a tu alrededor. Pero no sólo cambiás
por afuera, no sólo se crece físicamente.
El hombre es más que cuerpo.
Poner, en el cuaderno,
de título:
Siempre podemos crecer.
Dividir la hoja en dos columnas:
A un lado escribir las necesidades que tenían
cuando eran más chicos y del otro necesidades
actuales.
Explicar que el hombre
crece en capacidad de amar, inteligencia,
capacidad de tener amigos… ¿En qué otras
cosas se puede crecer? También crecemos
en la fe. No cree lo mismo y de la misma
manera una persona de tres, seis, once,
diecisiete o treinta años. No es que uno
crea mejor que otro; creen diferente, y
así debe ser.
Iluminación:
Miremos nuevamente
al pueblo de Israel. La historia de ese
pueblo, acompañado por Dios es un poco la
historia de todos nosotros.
Leer: 1 Samuel 8, 10
- 22
- ¿Qué te enseña
esta narración?
- ¿Cómo son
los consejos de Dios?
- ¿Es bueno
tenerlos en cuenta?
- ¿Cómo podemos
conocer los consejos de Dios?
- ¿Te parece
que en algún momento de nuestra vida desoímos
los consejos de Dios?
Escribir en
el cuaderno el mensaje de la Palabra de
Dios.
Respuesta:
Dios no nos rechaza
cuando hacemos algo mal o cuando desoímos
sus consejos, de la misma manera que un
padre trata de ayudar a su hijo cuando se
equivoca. Además, como papá, o mamá, nos
podemos equivocar al aconsejar, aunque siempre
lo hagamos con la mejor intención, pero
Dios no se equivoca, siempre nos aconseja
lo mejor. Dios está dispuesto a tendernos
la mano. Dios nos ayuda a crecer a partir
de nuestros errores y a partir de todo lo
que hacemos bien. En el Bautismo, recibimos
al Espíritu Santo. Es él, el que nos da
fuerzas y nos ayuda para que podamos vivir
como hijos de Dios. Esto no es mágico, esa
fe que recibimos en ese momento, debe crecer
con nosotros a lo largo de toda la vida,
con nuestro esfuerzo, nuestro interés, nuestra
preocupación…
Pensar una actitud
que podemos tomar para crecer en la fe.
Escribir en el cuaderno,
una oración que los ayude a vivir la actitud
que pensaron.
Oración:
«Bendeciré al Señor
en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.
Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su nombre todos juntos.
Busqué al Señor: él me respondió
y me libró de todos mis temores»
Salmo 33, 2 - 5
|