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La libertad
por Mamerto Menapace,
publicado en La sal de la tierra, Editorial
Patria Grande.
Somos sangre
en movimiento. Así como el viento
es paisaje que anda. En cambio el vegetal
se aferra con sus raíces a un trozo
de paisaje, y termina por ser parte de él
o por darle su nombre al paraje.
Solamente los
seres en movimiento son dueños del
paisaje en plenitud, como lo son el río,
la nube y el viento. Estos no se aferran
a lo parcial, a lo que detiene. Entran en
diálogo con todas las realidades,
pero no se detienen a tomar posesión
de ellas. De todas las cosas se llevan un
recuerdo, un sonido, una vibración;
quizá un poco de luz o de arcilla.
Los seres en
movimiento son seres libres y liberadores.
Y tratan a todos por igual. Puede ser, sí,
que en su movimiento sean desgarrados por
las realidades que pretenden detenerlos.
Pero esta experiencia no los enemista con
las cosas. Porque saben que hasta las cosas
quietas, un día se pondrán
en movimiento. Porque todo lo que existe
está en viaje hacia una meta.
Si lo quieto
es posesión, el movimiento es esperanza.
Y esperanza de posesión plena donde
no existirá ni lo mío ni lo
tuyo. Porque allí no habrá
dueños. Allí nadie impondrá
su nombre a los demás ni al paisaje,
porque cada uno tendrá su propio
nombre y todos seremos para todos, justamente
por ser auténticamente nosotros mismos.
Todo lo que es
bello, lo que es noble, lo que es bueno,
está en movimiento rumbo a Dios.
Porque yo camino hacia allá puedo
dejar en libertad a todas estas cosas, sabiendo
que con todas ellas me ha de reencontrar
a mi llegada. Si me detengo en el camino
para poseerlas, quizá ellas me impidan
llegar y yo les obstaculice su marcha. Me
harán perder mi libertad, por haberlas
dominado.
Muchas veces
es Dios mismo quien nos lleva a amar profundamente
a una persona o a un paisaje, y luego lo
separa de nosotros devolviéndolo
a su propio misterio. Esa separación
puede detenernos en nuestro camino si nos
quedamos a llorar su ausencia al borde de
nuestra huella. Pero también puede
incitarnos a una dolida fidelidad a nuestro
propio misterio, que es lo único
que nos permitirá un reencuentro
más allá de nuestras posesiones.
Cuando somos
capaces de renunciar a algo o a alguien,
es porque hemos superado la necesidad y
llegamos a la frontera del verdadero amor.
Amor que nos libera. Entonces podemos empezar
a entender lo que es la verdadera libertad,
la que nos da el Espíritu.
Jesús
nos asegura que convenía que El se
fuera. Sólo así vendría
a nosotros el Espíritu de libertad
que nos hace amigos de Dios. Ya no nos llamará
más siervos, sino amigos. Nos ha
liberado.
Atahualpa termina
así su hermosa canción Cañada
Zamora:
"Hoy tu recuerdo
es mi amigo
y en esta
zamba se agranda;
tú
fuiste quien me enseñaste
que
el hombre es paisaje que anda.
Yo sé
que un mismo destino
lleva el
fin de nuestro viaje;
que cuando
el hombre sea libre
no
tendrá dueño el paisaje".
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Guía
de Trabajo Pastoral por
Marcelo A. Murúa
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Cuento
La
libertad , de Mamerto
Menapace.
Publicado en el libro La sal
de la tierra, Editorial Patria
Grande.
Lectura
Realizar
la lectura del cuento en grupo.
Es importante que todos los
presentes tengan una copia del
texto. Se pueden ir turnando
dos o tres personas para leer
el cuento en voz alta.
Rumiando el relato
Al
terminar la lectura entre todo
el grupo se reconstruye el relato
en forma oral (se lo vuelve
a contar).
- ¿De
qué habla el cuento?
- ¿Qué
comparación realiza
entre los seres "quietos"
y los seres "en movimiento"?
- ¿Qué
características tienen
los seres en movimiento? ¿Con
qué relaciona el movimiento?
- ¿Cómo
presenta el autor la libertad?
¿Qué relación
tiene con la renuncia?
Descubriendo
el mensaje
El
relato nos invita a reflexionar
sobre la libertad.
¿Qué
significa ser libre? ¿Por
qué la posesión
condiciona nuestra libertad?
¿Cuál
es tu experiencia personal de
"renuncias" en el camino que
el Señor te ha invitado?
¿A qué has tenido
que renunciar para ser más
fiel a su proyecto?
¿Qué
significa ser liberador? ¿Por
qué las personas profundamente
libres son liberadoras de otros?
Piensa en ejemplos concretos,
y en el mismo Jesús.
¿Qué
relación tiene el Espíritu
con la libertad? Intentar recordar
citas bíblicas que iluminen
esta relación (te damos
una pista, puedes buscar en
el cap. 8 del evangelio de Juan)
¿Qué
aprendemos para la vida?
Compromiso para la vida
Sintetizar
en una frase el mensaje del
cuento para nuestra vida.
Para terminar: la oración
en común
Compartir
oraciones espontáneas
en común. A cada intención
acompañar diciendo:
Que
tu Espíritu nos haga
libres para amar, Señor...
Terminar
leyendo la oración.
Que
tu Espíritu
nos haga
libres
para amar, Señor
Que
tu Espíritu
nos
haga libres, Señor.
Ayúdanos
a caminar la vida
como
peregrinos
siempre
en búsqueda.
Ligeros
de equipaje,
sin
grandes posesiones,
ni
ataduras ni ambiciones.
Ayúdanos
a renunciar
a
todo lo que
nuestra
fidelidad al Reino.
¡No
es fácil, Señor!
Hay
tentaciones
Pero
con tu aliento y de
tu mano
continuaremos
en marcha,
para
mantener viva la esperanza.
Ayúdanos
a descubrir
la
alegría profunda
de
la entrega y donación.
Somos
más cuando
nos damos más.
Somos
más cuando
nos poseemos menos
y nos ofrecemos, por
amor,
a
los demás.
Lo
aprendimos de tí,
vivimos
para llevarlo a la
práctica.
Ayúdanos
a ser
hombres
y mujeres de libertad.
Libres
para ser conducidos
por
tu Espíritu.
Liberadores
para acercar tu Espíritu
a
otros con sed de peregrinos.
Libres
y liberadores para
amar,
como
dice con belleza la
Palabra.
(carta
a los Gálatas,
cap. 5)
el
Señor nos liberó
para
que fuéramos
libres,
para
vivir con alegría
la
verdadera libertad
que
es hacerse servidores
de
los demás por
amor.
- Que así sea
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