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Mamerto Menapace

Monje benedictino del Monasterio Santa María de Los Toldos, desde el año 1959.
Ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966.
Abad del Monasterio desde 1980 hasta 1992 (cumplió dos períodos consecutivos de seis años).
Reconocido escritor, ha publicado más de veinte libros de cuentos para el encuentro con Dios y el crecimiento en la fe
.

 

Cuento de la semana
Lunes 15 de noviembre 2004

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La libertad
por Mamerto Menapace, publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.

 

Somos sangre en movimiento. Así como el viento es paisaje que anda. En cambio el vegetal se aferra con sus raíces a un trozo de paisaje, y termina por ser parte de él o por darle su nombre al paraje.

Solamente los seres en movimiento son dueños del paisaje en plenitud, como lo son el río, la nube y el viento. Estos no se aferran a lo parcial, a lo que detiene. Entran en diálogo con todas las realidades, pero no se detienen a tomar posesión de ellas. De todas las cosas se llevan un recuerdo, un sonido, una vibración; quizá un poco de luz o de arcilla.

Los seres en movimiento son seres libres y liberadores. Y tratan a todos por igual. Puede ser, sí, que en su movimiento sean desgarrados por las realidades que pretenden detenerlos. Pero esta experiencia no los enemista con las cosas. Porque saben que hasta las cosas quietas, un día se pondrán en movimiento. Porque todo lo que existe está en viaje hacia una meta.

Si lo quieto es posesión, el movimiento es esperanza. Y esperanza de posesión plena donde no existirá ni lo mío ni lo tuyo. Porque allí no habrá dueños. Allí nadie impondrá su nombre a los demás ni al paisaje, porque cada uno tendrá su propio nombre y todos seremos para todos, justamente por ser auténticamente nosotros mismos.

Todo lo que es bello, lo que es noble, lo que es bueno, está en movimiento rumbo a Dios. Porque yo camino hacia allá puedo dejar en libertad a todas estas cosas, sabiendo que con todas ellas me ha de reencontrar a mi llegada. Si me detengo en el camino para poseerlas, quizá ellas me impidan llegar y yo les obstaculice su marcha. Me harán perder mi libertad, por haberlas dominado.

Muchas veces es Dios mismo quien nos lleva a amar profundamente a una persona o a un paisaje, y luego lo separa de nosotros devolviéndolo a su propio misterio. Esa separación puede detenernos en nuestro camino si nos quedamos a llorar su ausencia al borde de nuestra huella. Pero también puede incitarnos a una dolida fidelidad a nuestro propio misterio, que es lo único que nos permitirá un reencuentro más allá de nuestras posesiones.

Cuando somos capaces de renunciar a algo o a alguien, es porque hemos superado la necesidad y llegamos a la frontera del verdadero amor. Amor que nos libera. Entonces podemos empezar a entender lo que es la verdadera libertad, la que nos da el Espíritu.

Jesús nos asegura que convenía que El se fuera. Sólo así vendría a nosotros el Espíritu de libertad que nos hace amigos de Dios. Ya no nos llamará más siervos, sino amigos. Nos ha liberado.

Atahualpa termina así su hermosa canción Cañada Zamora:

"Hoy tu recuerdo es mi amigo
y en esta zamba se agranda;
tú fuiste quien me enseñaste
que el hombre es paisaje que anda.

Yo sé que un mismo destino
ll
eva el fin de nuestro viaje;
que cuando el hombre sea libre
no tendrá dueño el paisaje".

 

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento La libertad , de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.


Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.


Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

  • ¿De qué habla el cuento?
  • ¿Qué comparación realiza entre los seres "quietos" y los seres "en movimiento"?
  • ¿Qué características tienen los seres en movimiento? ¿Con qué relaciona el movimiento?
  • ¿Cómo presenta el autor la libertad? ¿Qué relación tiene con la renuncia?


Descubriendo el mensaje

El relato nos invita a reflexionar sobre la libertad.

¿Qué significa ser libre? ¿Por qué la posesión condiciona nuestra libertad?

¿Cuál es tu experiencia personal de "renuncias" en el camino que el Señor te ha invitado? ¿A qué has tenido que renunciar para ser más fiel a su proyecto?

¿Qué significa ser liberador? ¿Por qué las personas profundamente libres son liberadoras de otros? Piensa en ejemplos concretos, y en el mismo Jesús.

¿Qué relación tiene el Espíritu con la libertad? Intentar recordar citas bíblicas que iluminen esta relación (te damos una pista, puedes buscar en el cap. 8 del evangelio de Juan)

¿Qué aprendemos para la vida?


Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.


Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:

Que tu Espíritu nos haga libres para amar, Señor...

Terminar leyendo la oración.

 

 

Que tu Espíritu nos haga
libres para amar, Señor

Que tu Espíritu
nos haga libres, Señor.

Ayúdanos a caminar la vida
como peregrinos
siempre en búsqueda.
Ligeros de equipaje,
sin grandes posesiones,
ni ataduras ni ambiciones.

Ayúdanos a renunciar
a todo lo que
nuestra fidelidad al Reino.
¡No es fácil, Señor!
Hay tentaciones…
Pero con tu aliento y de tu mano
continuaremos en marcha,
para mantener viva la esperanza.

Ayúdanos a descubrir
la alegría profunda
de la entrega y donación.
Somos más cuando nos damos más.
Somos más cuando nos poseemos menos
y nos ofrecemos, por amor,
a los demás.
Lo aprendimos de tí,
vivimos para llevarlo a la práctica.

Ayúdanos a ser
hombres y mujeres de libertad.
Libres para ser conducidos
por tu Espíritu.
Liberadores para acercar tu Espíritu
a otros con sed de peregrinos.
Libres y liberadores para amar,
como dice con belleza la Palabra.
(carta a los Gálatas, cap. 5)
el Señor nos liberó
para que fuéramos libres,
para vivir con alegría
la verdadera libertad
que es hacerse servidores
de los demás por amor.

- Que así sea -

 

 

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