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Que tu
mirada sea,
mirada
clara,
sea
mirada de niño,
que
transparenta el alma.
Sea
como agua fresca de arroyo
que
no deja ocultar nada.
Que tu
sonrisa sea,
sonrisa
ancha,
fuerza
que surja de adentro,
ganas
que se contagian,
buen
humor que dé sentido
al
quehacer de tu jornada.
Que tus
palabras sean,
valientes
palabras,
que
no oculten la verdad
y
no teman proclamarla.
Que
sean la voz de aquellos
que
ya no pueden alzarla.
Que tus
manos sean,
manos
entrelazadas,
manos
con otras tendidas,
abiertas,
no solitarias.
Manos
unidas y fuertes
que
hoy construyen el mañana.
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Que tu
caminar sea,
compartida
caminata,
que
busque abrir junto a otros
huellas
de nueva esperanza.
Que
tu camino acompañe
el
caminar del pueblo en marcha.
Que tus
silencios sean,
eco
de tus entrañas,
crisol
de anhelo y proyectos
que
sólo el tiempo amalgama.
Silencio
fértil, simiente
que
en brotes de vida estalla.
Que tu
vida entrega sea,
para
que valga la pena,
ser
vivida y no gastada.
Marcelo
A. Murúa
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