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Tras tus
pasos,
en camino,
aprendiendo en la marcha,
en comunidad itinerante,
te seguiremos, Señor,
te seguiremos.
Porque
Tú tienes palabras de vida,
que llegan al corazón
y descubren nuevos rumbos.
Porque
Tú nos miras a los ojos,
nos muestras tu rostro
y nos invitas a nuevos horizontes.
Porque
Tú sacudes nuestros pies,
quebrando nuestras rutinas
y nos lanzas a nuevos desafíos.
Porque
Tú eres el Señor
la fuente de vida
y nos llamas a una nueva existencia.
Sí,
Señor.
te seguiremos,
para sembrar tu Palabra,
para alumbrar la Esperanza,
para construir el Reino.
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Te seguiremos,
dejando lo que sea necesario,
sin atarnos a los bienes,
ni a los afectos,
ni a nuestros propios proyectos.
Lo dejaremos todo Señor
para que ocupes el centro,
y el horizonte,
y empapes nuestra sed de encuentro.
Abre Señor
tus brazos
y estréchanos fuerte,
sostennos en las dificultades
y anima nuestro espíritu
en los conflictos.
Sí,
queremos seguirte
ser discípulos,
eco de tus palabras
reflejos de tu mirada,
testigos de tu presencia.
Marcelo
A. Murúa
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