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Padre bueno,
Señor
del cielo y de la tierra,
te
alabamos
por
el mundo que nos diste:
sus
amaneceres y atardeceres
nos
recuerdan tu presencia y
tu
grandeza,
sus
flores, sus montañas, sus mares
nos
hablan de tu belleza y
de
tu generosidad,
las
estrellas del cielo, la luna, el sol
nos
devuelven tu mirada serena,
sacramentos de tu mano creadora,
artesana
de la vida.
Te alabamos,
Padre,
Señor
de la historia.
Tu
actúas entre nosotros,
no
nos dejas solos ni abandonados.
No
te gustan las injusticias,
te
repugnan la corrupción
y
el abuso de los poderosos.
Escuchas
los clamores de tu pueblo
y
"bajas" a nuestro lado
para
traer la liberación.
Continuamente,
a
lo largo de los años,
suscitas
vocaciones firmes
de
mujeres y hombres de servicio,
que
trabajan por el bien,
que
dejan su vida
en
la entrega cotidiana,
para
que otros
vivan
más y mejor.
Te
alabamos Padre
porque
estás presente
entre
nosotros.
Aunque
algunos te prefieran
mudo,
sordo, frío,
y
distante en los altares,
tu
no eres de madera,
ni
de porcelana, cerámica,
metal
o lo que sea..
Te revelas
y te muestras
en
los sencillos,
en
los pequeños y
en
los pobres.
Nos
animas
desde
la hermosa creación.
Nos
das las pistas para seguirte
en
tu Palabra revelada.
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Tu no eres
mudo, escuchas,
la
voz de tus hijos que claman;
oyes,
el murmullo que se levanta;
entiendes,
las cosas que nos pasan,
y
te rebelas santamente
contra
un mundo
y
unos hombres
que
no responden a tu voluntad
y
a tu proyecto fraterno.
Tu
no eres mudo, hablas,
en
la creación, en la vida,
en la historia y nos ofreces tu palabra,
liberadora
y vital, en la Biblia
que
ilumina nuestro caminar;
no
eres mudo y si hace falta
das
tus buenos gritos
para
despertar nuestras conciencias.
No
eres frío ni distante,
no
vives en lo alto, alejado y
desentendido
de lo que pasa,
abajo,
entre nosotros.
Te
encontramos tan vivo y
tan
presente, en los sencillos,
en
la vida que crece en los suburbios,
en
la entrega generosa de tantos,
en
la muerte temprana de otros.
Te
alabamos Padre bueno.
Escalerece
nuestra mirada
para
descubrirte.
Te alabamos
Padre
por
tu presencia creadora
en
las comunidades que surgen
en
torno a tu Palabra;
por
tu contagiosa alegría
que
se derrama en la vida
de
tantos que a diario constryen, anónimos,
tu
Reino de Justicia y Solidaridad.
Te alabamos
Padre
y
te damos gracias.
¡Caminas
con nosotros!
¡Estáws
a nuestro lado!
¡Nos
llamas a la esperanza!
¡Nos
descubres
los
caminos del Reino!
Te
alabamos Padre.
Danos
fuerzas
para
escucharte,
ser
fieles a tu llamado
y
construir tu Reino.
Marcelo
A. Murúa
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