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"Cambien
el corazón,
corrijan
el rumbo,
tomen
otro camino
que
llega el Señor"
y
el Reino se ha acercado.
El grito
de esperanza
que
abre el evangelio de Lucas
resuena
en nuestros oídos
y
nos invita, una vez más,
a
la conversión de vida.
Necesitamos
cambiar, Señor,
danos
sabiduría
para
revisar nuestra vida,
nuestro
caminar,
nuestras
opciones y decisiones.
Empapa
nuestro corazón
con
humildad sincera.
Que
seamos capaces
de
darnos cuenta...
tánto
que tenemos por cambiar.
Dejar el
hombre viejo:
el
egoísmo que atrapa,
el
pensar en uno mismo
antes
que en los demás,
el
buscar con más afán
lo
material que el Reino;
la
falta de confianza,
el
querer tener seguridades
que
no son tuyas
¡Cuánto
nos cuesta Señor,
ponernos
en tus manos!
Cambiar...
Cambiar
el corazón de piedra
que
nos hace pasar indiferente
ante
el que sufre, el que pide,
el
pibe que cierra puertas
o
lava vidrios en la calle.
Cambiar
la ceguera intencional
que
nos hace cerrar los ojos
ante
la corrupción y la injusticia
crecientes
en nuestro país.
Cambiar
el desinterés y la apatía
para
construir alternativas
de
esperanza y de justicia.
Cambiar
la comodidad
del
dejar hacer a otros,
aunque
hagan mal
y
perjudiquen a tantos.
Cambiar
la falta de sensibilidad
ante
la falta de trabajo
de
salud, de educación,
de
sueldos justos,
que
sufren tantos hermanos
en
nuestra patria.
¡Ay
Dios qué duros somos!
Ayúdanos.
Muestra
tu luz
y
que ella descubra
nuestras
sombras y oscuridades.
Porque
para cambiar
hay
que reconocer los errores.
Ayúdanos
a discernir
por
dónde estamos fallando,
donde
"aprieta
el
zapato del Evangelio",
que
no siempre es cómodo
pero
es el único que sirve
para
seguirte hacia el Reino.
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Que resuenen
en nuestros oídos
y
se encarnen en nuestras vidas
las
palabras de los profetas:
¡Quiero
corazones nuevos!
Que
practiquen la justicia
y
sean solidarios.
Danos valentía,
Señor,
para
cambiar desde adentro,
para
arrancar lo que no sirve
de
raíz y con firmeza.
Para
cambiar de rumbo
y
de mentalidad.
Para
vivir el cambio
en
gestos concretos
y
no "en verso".
Nos ponemos
en tus manos
inúndanos
de Evangelio.
Transfórmanos
desde adentro
y
danos una nueva oportunidad.
Que
la oración,
la
lectura de tu Palabra,
los
gestos de solidaridad y ayuda,
la
Eucaristía y la Reconciliación,
nos
vayan moldeando
en
el espíritu
de las
Bienaventuranzas.
Que
cambiemos
para
amar más y mejor,
en la vida
de todos lo días,
en
las cosas personales
y
en los grandes temas sociales.
Que
seamos levadura de cambio,
porque
como dice,
como
profecía Medellín,
"no
habrá continente nuevo
sin
hombres nuevos".
Danos un
corazón nuevo,
que
aprenda a sentir
con
la compasión de Jesús...
danos
unos ojos nuevos,
que
descubran en el presente
las
semillas del Reino...
danos
una manos nuevas,
que
ayuden a construir
estructuras
de Justicia y de Paz...
Te ofrecemos
Señor
nuestro
esfuerzo y voluntad
para
vivir la conversión.
Danos
tu ayuda
Marcelo
A. Murúa
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