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Jesús,
amigo y compañero,
te
seguimos en el camino al Reino.
Danos
fuerzas para ser fieles,
perseverantes,
fuertes en la fe,
firmes
en la esperanza
y
generosos en el amor
que
crea nueva vida.
Queremos
ser tus discípulos
y
caminar tras tus pasos.
Necesitamos
tu compañía
y
tu aliento constante.
Ayúdanos
a discernir
la
volunad del Padre
y
a pedir, confiados,
las
fuerzas para llevarla acabo.
Señor
de la Vida,
enséñanos
a orar al Padre.
Enséñanos
a llamarlo Papá,
como
tu lo hacías.
Haznos
sentir su cariño cercano,
muéstranos
su
rostro misericordioso
y
ayúdanos a escuchar su voz
que
nos invita a vivir para dar vida
y
construir el Reino en la tierra.
Afina nuestros
sentidos
para
que podamos verle
en
los acontecimientos
de
nuestro tiempo
y
de nuestra historia.
Descubre
el velo que
nubla
nuestra mirada
para
que aprendamos
a
ver las cosas
con
la mirada de Dios
que
nos revela el Evagelio.
Ayúdanos
a balbucear "Padre"
y
a escuchar su voz
antes
de alzar la nuestra.
Ejercita
nuestra acitud
de
escucha atenta
en
tu Palabra,
en
los signos de los tiempos,
en
los clamores del pueblo,
en
los anhelos de tantos...
Que no
interfieran
en
nuestros oídos
las
voces fáciles del "no te metás"
o
de "las cosas no tienen arreglo".
Danos
audacia,
que
es fruto del Espíritu
animando
la vida desde adentro.
Que busquemos
la voz de Dios
antes
de tomar decisiones.
Que
consultemos
y
escuchemos sus propuestas,
aunque
des-armen las nuestras
y
nos obliguen al cambio.
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Muéstranos
cómo dar gracias
y
alabarlo cada mañana
por
su presencia liberadora
en
medio nuestro.
Que
seamos capaces
de
reconocer su paso
por
nuestra tierra,
por
nuestra historia,
por
nuestra vida.
Que
no perdamos la sorpresa
de
encontrar a Dios
donde
no lo esperábamos
y
abramos el corazón y
los
labios para dar gracias.
Enséñanos
a pedir por los otros
antes
que por nosotros.
Seamos
generosos en la oración
y
pidamos por todos,
aún
por los que nos persiguen
o
no construyen el Reino.
Para
que cambien
y
Dios pueda ser Vida,
para
todos los hombres.
Que aprendamos
a pedir perdón
por
nuestras faltas,
y
que aprendamos a aceptarlo
de
los que pudieran ofendernos.
Arranca
de raíz
nuestros
prejuicios,
y
la dureza del corazón
poco
dispuesto a perdonar.
Empápanos
de la humildad
del
que se sabe en camino
y
con posibilidad de equivocarse.
Que nuestra
oración
no
pierda la esperanza, Señor.
Que
sea motor de nuestra utopía
y
el lazo que nos una
a
tus anhelos de Justicia,
Libertad,
Paz y Vida.
Enséñamos
a aprender
de
la oración de los demás.
En
especial
de
los más pequeños y humildes.
Contagia
el exceso de palabras
del
silencio confiado del pobre,
tan
lleno de tu sabiduría.
Muestranos
el rostro del Padre,
Jesús
amigo, compañero,
amplifica
su voz en nosotros,
y
ayúdanos a hacer silencio
para
escucharle.
Marcelo
A. Murúa
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