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Tu Palabra,
Señor,
es fuente de vida.
Ella nos anima
a la esperanza,
nos impulsa
a vivir el amor,
nos hace fuertes en la fe.
Padre Bueno,
acercanos a Jesús.
Como los primeros discípulos,
haz que nos sentemos a su lado
a escuchar sus enseñanzas.
Ayúdanos a disponer
el tiempo necesario para el encuentro,
dispón nuestro corazón
para la apertura necesaria,
calla los ruidos e interferencias
que nos impiden escuchar tu voz.
Danos la
comprensión
que hace falta
para encarnar tu mensaje.
Ayúdanos a decir sí
con la vida.
Enséñanos Padre
con tu Palabra.
Queremos
ser discípulos,
caminar junto a Jesús,
descubrir los caminos del Reino,
aprender a servir,
vivir en el espíritu de las
bienaventuranzas.
Danos fuerza, Señor,
anima nuestro caminar,
contagianos la sed del peregrino.
Tu Palabra
es la fuente viva,
acércanos a ella.
Enseñanos a beber
en el pozo de la vida,
muestranos la novedad permanente
del Evangelio,
que cambia el rumbo,
que invita a la conversión,
que conduce a la felicidad.
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Haz de
nosotros,
hombres y mujeres nuevas.
Testigos comprometidos
de la Palabra viva,
actuante en la historia que vivimos.
enséñanos a construir
el Reino.
Danos fidelidad,
coherencia evangélica,
pasión por el Reino.
Tu Palabra,
Señor,
nos enseña a vivir.
Nos revela el camino,
nos hace pensar,
nos invita a discernir,
nos ayuda a ser protgonistas.
Tu Palabra
está viva.
Compromete,
des-instala,
llama al desierto,
abriga en la intemperie,
enseña a vivir.
Queremos
ser, Señor,
testigos fieles,
transmisores auténticos,
discípulos que enseñan
porque se han encontrado
con El que enseña,
y lo llevan adentro.
¡Ayúdanos
a vivirlo, Señor!
Marcelo
A. Murúa
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