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No tengan miedo,
dice el Señor
que camina a nuestro lado.
En la mañana de la Resurrección,
mañana primera de un nuevo
día,
el Dios de la Vida
ha pronunciado su palabra definitiva.
Tú eres mi hijo,
se vuelve a escuchar la voz del Padre,
como en los días del bautismo
del Jordán.
Este es mi hijo,
nos vuelve a decir el Padre de todos,
como anticipó en lo alto del
monte.
Este es el Hombre Nuevo,
Jesús, el Resucitado.
En su vida y en su muerte,
sale Dios al encuentro,
corre para abrazarnos,
muestra su rostro compasivo,
rico en misericordia,
lleno de amor y fidelidad.
En sus opciones,
por los más pobres,
por los débiles, por los sin
voz y excluidos,
ha brotado la vida que vence a la
muerte,
ha nacido el Hombre Nuevo
que nos enseña las opciones
de Dios.
Es el Camino, de Libertad,
que nos conduce al Reino.
En sus palabras,
claras y decididas,
ricas en profecía histórica,
valientes en la denuncia liberadora,
grávidas de anuncio salvador,
llenas de calidez maternal
o cargadas de ira evangélica,
encontramos la Palabra de Dios
encarnada y hecha historia en medio
nuestro.
Es la palabra del Hombre Nuevo,
Es la Verdad, de Justicia,
que nos presenta el Reino.
En sus actitudes,
compasiva con el que sufre,
solidaria con el que necesita,
fraterna con quien es expulsado
al margen de la sociedad,
crece el Amor verdadero,
que da gloria a Dios
en la vida cotidiana de los hombres.
Este es el Hombre Nuevo
que sabe amar y dar la vida
para que otros vivan
como Dios quiere para todos.
Es la Vida, de Fraternidad,
que nos propone el Reino.
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Jesús,
hijo de Dios y hermano nuestro,
el Resucitado,
Hombre Nuevo de las primicias del
Reino.
Tú eres el Camino, la Verdad
y la Vida.
Tú nos llamas a la Libertad,
a la Justicia y a la Fraternidad.
Danos tu Espíritu,
Hermano Mayor.
Haznos pasar por la Pascua.
Pon en crisis nuestras vidas instaladas.
Perdona nuestras falsas seguridades.
Derriba los ídolos que todos
tenemos.
Sacude nuestras cadenas.
Dejanos solos ante la cruz del seguimiento.
Para que podamos recomenzar el camino,
que haga nuestras tus opciones.
Para redescubrir la verdad,
que haga nuestras tus palabras.
Para volver a practicar el amor, la
Vida,
que haga nuestras tus actitudes.
No tengan miedo,
dice el Señor,
Jesús el Hombre Nuevo,
que camina a nuestro lado.
Para volver a empezar,
llena nuestra mente y nuestro corazón,
de conversión permanente,
don del Espíritu
que se derrama,
como la luz de esa mañana,
primera, de Resurrección y
Vida.
Mañana del Hombre Nuevo.
Amanecer del Reino.
Esperanza en marcha.
Aquí estoy, Señor,
aquí estamos.
Para volver a caminar,
siguiendo tus pasos,
para ser hombres y mujeres nuevas,
Constructores del Reino.
Signos en el mundo
de nuevas mañanas
que hagan tu presencia,
entre nosotros,
más cercana, transparente y
cotidiana.
Marcelo
A. Murúa
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