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Ser cristiano
es seguir a Cristo.
Pro-seguir su obra y su estilo de
vida
aceptar su proyecto
y vivirlo según su espíritu
en la perspectiva
de las Bienaventuranzas.
Per-seguir su causa:
la construcción del Reino
y la Liberación de los hombres.
La gran Utopía de Dios,
que los hombres sean hermanos,
que todos puedan vivir
con dignidad, justicia y paz.
Con-seguir su plenitud
formar parte de su comunidad,
una comunidad fraterna,
unida en el anuncio y
el servicio a los más pobres.
Seguir a Jesús
es vivir animados por su Espíritu.
Ser cristiano es
actualizar el camino de Jesús
(en los primeros tiempos
al cristianismo se lo llamaba el camino)
Re-vivir el proceso de Jesús,
mantener vivas sus opciones,
sembrar con El las semillas de su
Reino,
construir comunidades activas y orantes,
dar testimonio fiel de su Palabra,
vivir la propuesta del amor.
Vivir en cristiano
es posible
si nos anima el Espíritu de
Jesús.
Espíritu de Dios,
siempre presente en la vida del Hijo,
presente desde la concepción
de Jesús
en el seno de María,
la virgen madre llena de Dios.
Espíritu Santo,
llena nuestros corazones de tu presencia
para decir, con María,
SÍ a lo que nos pida el Padre
Bueno.
Danos fuerzas para responder con alegría
a los proyectos de Dios en nuestra
vida.
Enséñanos la confianza
de la Madre
para entregar lo mejor de nosotros
al servicio de los demás.
Espíritu de Dios,
presente en su crecimiento
en estatura, en sabiduría,
en gracia de Dios,
en los años anónimos
de Jesús-niño en Nazareth.
Espíritu Santo,
acompaña nuestro crecimiento
interior.
Enséñanos a rezar más
y mejor,
abre nuestro corazón a los
demás,
haznos crecer en los valores del Reino
y en las actitudes evangélicas.
Ayúdanos a madurar en la fe,
a sostener la esperanza,
a obrar con amor.
Espíritu de Dios,
presente junto a Jesús en el
desierto.
Guiando sus pasos al proyecto del
Padre.
Animándolo para no caer en
la tentación,
fortaleciéndolo en la opción
por un Reino
construido desde la entrega,
la compasión y el servicio
que libera de la opresión y
del pecado.
Espíritu Santo,
permanece a nuestro lado
para que no aflojemos en la diaria
tarea
del seguimiento de Jesús.
Ayúdanos a discernir
en los momentos de desierto, de crisis.
Que no caigamos en la tentación
del poder, del dinero, de la ambición.
Reafirma nuestra opción por
Jesús
y por su causa.
Espíritu de Dios,
presente en la sinagoga de Nazareth
el día que Jesús anuncia
su misión.
Lleno del Espíritu proclama
que el tiempo se ha cumplido.
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La Buena Noticia
ha llegado,
el Reino de Dios se ha hecho presente
en la historia de los hombres.
Surge la vida para todos
y la esperanza es realidad que se
manifiesta
en los ciegos que ven,
en los sordos que oyen,
en los paralíticos que caminan,
en los pobres y excluidos que Jesús
revela como los preferidos de Dios.
Espíritu Santo,
enséñanos a ser fieles
al anuncio de Jesús y que nuestra
experiencia de fe
surja del encuentro con Dios
en el servicio a los demás.
Orienta nuestras fuerzas,
nuestras aptitudes, nuestros dones
a la construcción de una vida
más digna
para los que menos tienen.
Danos hambre y de justicia
y muestranos el camino para realizarla.
Espíritu de Dios,
presente en la predicación
de Jesús.
Brindándole la fuerza necesaria
para curar, sanar, perdonar y dar
vida.
Llenándolo de alegría
para dar gracias al Padre
por los pequeños, por los más
pobres,
porque son los más abiertos
a los proyectos de Dios.
Espíritu Santo,
danos la perseverancia y el valor
que necesitamos para seguir a jesús.
Ayudanos a encontrar la mejor manera
de hacer realidad su mensaje.
Sorpréndenos con nuevos desafíos,
derriba nuestras falsas seguridades
que muchas veces diluyen
las exigencias de la fe.
Enséñanos a aprender
de los más pobres
cómo vivir el Evangelio.
Espíritu de Dios,
presente en los últimos momentos
de la vida de Jesús
y en su muerte injusta.
Animando su voluntad de seguir adelante
hasta las últimas consecuencias
para mantener la fidelidad al Padre.
Espíritu Santo,
fortalece nuestro caminar
en el sufrimiento, la persecución,
la incomprensión o el martirio.
Aliéntanos en todo lugar y
tiempo,
sostén la voluntad de seguir
a Jesús
aceptando los conflictos, desafíos
y consecuencias de su caminar y su
cruz.
Espíritu de Dios,
presente en Pentecostés, en
la Iglesia
que nace del encuentro
del pueblo pobre y peregrino
con la fuerza que viene de lo Alto.
Espíritu Santo,
anima nuestras comunidades en marcha,
fortalece sus relaciones humanas,
acrecienta sus ganas de optar por
Jesús.
Suscita la creación
de comunidades nuevas,
promueve la vocación y formación
de animadores de comunidad.
Convierte nuestros corazones
al afán misionero
de los primeros cristianos.
Ayúdanos a discernir
y a escuchar la voz del Padre
y sus propuestas.
Enséñanos a compartir
la fe,
a caminar en la esperanza,
a vivir el amor en gestos
y obras concretas que anticipen
la Justicia y el Gozo del Reino
Camina con nosotros,
y acércanos a Jesús.
Marcelo
A. Murúa
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