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Padre bueno,
abre mi corazón
a tu Palabra viva.
Ayúdame
a encontrarte
en la lectura diaria
de la Biblia.
Quiero
escuchar
tu voz amiga,
compañera,
que me invita
a cambiar,
para vivir,
compartir,
y transmitir
tu Reino.
Habla,
Padre,
que escuchamos.
Muéstranos
tu rostro,
enséñanos tus caminos,
sacude nuestra sordera,
inúndanos de evangelio.
Señor, te esperamos,
necesitamos fuerzas,
danos de beber
el agua clara de tu Palabra,
la única que sacia
la sed de justicia.
Lima la dureza
de nuestros corazones,
orada la piedra
que nos reviste,
con el continuo goteo
de tu voz,
que llama desde la Biblia,
que grita desde la realidad,
que susurra desde la historia,
que acaricia desde la creación.
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Habla,
Padre,
que escuchamos.
Alza la
voz,
descúbrete el velo,
a veces te buscamos
sin encontrarte,
a veces buscamos
donde no estás,
a veces confundimos
tu presencia
y nos hacemos un dios
a nuestra medida,
con voz humana
y pies de barro.
Ilumina
nuestra búsqueda,
aclara nuestas dudas,
fortalece nuestra esperanza,
anima nuestra fe en marcha.
Muéstrate, Padre bueno,
y guíanos hacia el Reino.
Me pongo
en tus manos,
quiero vivir como tu hijo,
compartir la vida
y ofrecerla para los demás.
Ayúdame a seguir sus pasos.
Habla,
Padre,
te escucho,
te escuchamos,
danos la fuerza
de vivir
como hermanos,
fieles a tu llamado.
Marcelo
A. Murúa
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