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Muéstranos
tu rostro,
Padre Bueno.
Andamos a tientas, en camino,
como el pueblo en el desierto,
buscando la huella que conduzca
a tu Reino.
Infunde
en nosotros
un corazón nuevo.
Ayúdanos a encarnar
tus enseñanzas
en las realidades cotidianas
que nos tocan vivir.
Que te demos gloria
en los que salen a nuestro encuentro,
afina nuestros oídos
para escuchar los clamores
que hoy llegan hasta tí.
Enséñanos
a comprometernos
como Moisés,
que puso reparos,
que tuvo dudas,
que conoció el desaliento,
pero se mantuvo firme
en el camino que señalabas.
Ayúdanos
a escuchar tu voz,
muéstranos cómo releer
tus palabras
y descubrir el mensaje
que nuestro pueblo necesita hoy.
Que mantegamos
alto, Señor,
el ideal fraterno
del pueblo de la alianza.
Queremos vivir tus mandamientos
en los tiempos que corren.
Ayúdamos a ser fieles,
a caminar en tu presencia.
Abre nuestros
ojos
para contemplar la realidad
con una mirada nueva,
con espiritu de conversión
y fuerza para el cambio.
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Sostén
nuestros esfuerzos, Padre,
que no flaqueen nuestras fuerzas,
que no nos carcoman el corazón
los ídolos del consumo,
el mercado y el individualismo
que nos encierra
y nos hace in-solidarios.
Llévanos
de nuevo al desierto,
toma nuestra mano, pruébanos
para salir adelante, despójamos
de todo
lo que es obstáculo en el camino
al Reino.
Ayúdanos
a caminar
en tus senderos,
guiados por tu Palabra,
aprendiendo cada día
a vivir la utopía
de una sociedad nueva,
fraterna, igualitaria,
sin excluídos
ni exclusores.
Nos diste maná suficiente,
Señor,
enséñanos a compartirlo,
para que todos podamos vivir
como hijos tuyos,
en la dignidad de la vida plena,
don gratuito de tu amor.
Muéstranos
el camino,
enséñanos a partir,
a vivir en éxodo,
peregrinos,
para andar en tu presencia
y vivir en tus propuestas.
Marcelo
A. Murúa
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