|
Padre Bueno,
Dios
de la Vida,
enséñame
a descubrirte
en
la vida de todos los días.
Tu nos
ofreces tu presencia amiga
en
la historia que vivimos.
Sales
a nuestro encuentro
en
amaneceres y atardeceres.
Nos
miras en los ojos de nuestros hermanos.
Te
revelas cercano,
en
el que sufre y está sólo.
Tu estás
siempre,
Señor
Dios de todos,
Somos
nosotros quienes
no
te vemos,
ni
te escuchamos.
Creemos
hallarte
donde
nuestras explicaciones señalan.
Tu
te escabulles
y
apareces donde menos lo esperamos.
Dios de
la pura sorpresa,
que
nos dejas inquietos
y
nos enseñas a estar atentos.
Enséñanos
otra vez,
y
otra, y una más.
Nos
cuesta tanto aceptar tus palabras
y
dejarnos en tus manos.
Dios de
todos los días,
vivo
y actuante en las cosas que pasan.
Dios
cercano y compañero,
Dios
sencillo,
Dios
hermano.
|
Descúbrenos
tu presencia,
ayúdanos
a recorrer el camino de la conversión.
Necesitamos
dar la vuelta,
volver
sobre nuestras convicciones,
revisar
nuestras prácticas,
abandonar
toda seguridad
para
empezar de nuevo.
Dios de
todos los días,
que
nos visitas en diarios y noticias,
que
abres tu boca
en
la necesidad de tantos,
que
abres tus manos
en
las búsquedas de muchos,
que
caminas a nuestro paso,
que
te sientas a nuestro lado,
en
la familia, el trabajo, en la escuela.
Dios, sencillamente
Dios,
te
revelas en la vida, la creación
y la historia
que
vivimos, cotidianamente, todos.
Cambia
nuestra mirada
abre
nuestros oídos
despierta
nuestra mente
enséñanos
a contemplarte,
para
responder a tu llamado
y
vivir la fe,
en
la vida de todos los días.
Marcelo
A. Murúa
|