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Septiembre 2002
Domingo
1 de Septiembre del 2002
Jeremias 20 , 7-9
Salmo 62, 2-6.8-9
Romanos 12, 1-2
Mateo 16, 21-27
"A partir de ese día, Jesucristo comenzó a manifestar a sus discípulos
que él debía ir a Jerusalén
y que las autoridades judías, los
sumos sacerdotes y los maestros de la Ley
lo iban a hacer sufrir mucho. Que incluso
debía ser muerto y que resucitaría
al tercer día.
Pedro lo llevó aparte y se puso
a reprenderlo: «¡Dios no lo permita,
Señor ! Nunca te sucederán
tales cosas.» Pero Jesús se
volvió y le dijo: «¡Pasa
detrás de mí, Satanás!
Tú me harías tropezar. Tus
ambiciones no son las de Dios , sino las
de los hombres.»
Entonces dijo Jesús a sus discípulos:
«El que quiera seguirme, que renuncie
a sí mismo, cargue con su cruz y
me siga. Pues el que quiera asegurar su
vida la perderá, pero el que sacrifique
su vida por causa mía, la hallará.
¿De qué le serviría a
uno ganar el mundo entero si se destruye
a sí mismo? ¿Qué dará
para rescatarse a sí mismo?
Sepan que el Hijo del Hombre vendrá
con la gloria de su Padre, rodeado de sus
ángeles, y entonces recompensará
a cada uno según su conducta."
Lunes
2 de septiembre del 2002
1 Corintios 2, 1-5
Salmo 118, 97-102
Lucas 4, 16-30
"Llegó a Nazaret, donde se
había criado, y el sábado
fue a la sinagoga, como era su costumbre.
Se puso de pie para hacer la lectura, y
le pasaron el libro del profeta Isaías.
Jesús desenrolló el libro
y encontró el pasaje donde estaba
escrito: El Espíritu del Señor
está sobre mí. El me ha ungido
para llevar buenas nuevas a los pobres,
para anunciar la libertad a los cautivos,
y a los ciegos que pronto van a ver, para
despedir libres a los oprimidos y proclamar
el año de gracia del Señor
.
Jesús entonces enrolló el
libro, lo devolvió al ayudante y
se sentó, mientras todos los presentes
tenían los ojos fijos en él.
Y empezó a decirles: «Hoy les
llegan noticias de cómo se cumplen
estas palabras proféticas.»
Todos lo aprobaban y se quedaban maravillados,
mientras esta proclamación de la
gracia de Dios salía de sus labios.
Y decían: «¡Pensar que
es el hijo de José!» Jesús
les dijo: «Seguramente ustedes me van
a recordar el dicho: Médico, cúrate
a ti mismo. Realiza también aquí,
en tu patria, lo que nos cuentan que hiciste
en Cafarnaún.»
Y Jesús añadió: «Ningún
profeta es bien recibido en su patria. En
verdad les digo que había muchas
viudas en Israel en tiempos de Elías,
cuando el cielo retuvo la lluvia durante
tres años y medio y un gran hambre
asoló a todo el país. Sin
embargo Elías no fue enviado a ninguna
de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en
tierras de Sidón. También
había muchos leprosos en Israel en
tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de
ellos fue curado, sino Naamán, el
sirio.»
Todos en la sinagoga se indignaron al
escuchar estas palabras; se levantaron y
lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo
hacia un barranco del cerro sobre el que
está construido el pueblo, con intención
de arrojarlo desde allí. Pero Jesús
pasó por medio de ellos y siguió
su camino."
Martes
3 de septiembre del 2002
1 Corintios 2, 10-16
Salmo 144, 8-14
Lucas 4, 31-37
"Jesús bajó a Cafarnaún,
pueblo de Galilea. Enseñaba a la
gente en las reuniones de los sábados,
y su enseñanza hacía gran
impacto sobre la gente, porque hablaba con
autoridad.
Se hallaba en la sinagoga un hombre endemoniado,
y empezó a gritar: «¿Qué
quieres de nosotros, Jesús de Nazaret?
¿Has venido a destruirnos? Yo sé
quién eres: Tú eres el Santo
de Dios .» Jesús amenazó
al demonio, ordenándole: «Cállate
y sal de ese hombre.» El demonio lo
arrojó al suelo, pero luego salió
de él sin hacerle daño alguno.
La gente quedó aterrada y se decían
unos a otros: «¿Qué significa
esto? ¿Con qué autoridad y poder
manda a los demonios? ¡Y miren cómo
se van!» Con esto, la fama de Jesús
se propagaba por todos los alrededores."
Miércoles
4 de septiembre del 2002
1 Corintios 3, 1-9
Salmo 32, 12-15.20-21
Lucas 4, 38-44
"Al salir Jesús de la sinagoga
fue a casa de Simón. La suegra de
Simón estaba con fiebre muy alta,
y le rogaron por ella. Jesús se inclinó
hacia ella, dió una orden a la fiebre
y ésta desapareció. Ella se
levantó al instante y se puso a atenderlos.
Al ponerse el sol, todos los que tenían
enfermos de diversos males se los llevaban
a Jesús y él los sanaba imponiéndoles
las manos a cada uno. También salieron
demonios de varias personas; ellos gritaban:
«Tú eres el Hijo de Dios»,
pero él los amenazaba y no les permitía
decir que él era el Mesías
, porque lo sabían.
Jesús salió al amanecer
y se fue a un lugar solitario. La gente
lo andaba buscando, y los que pudieron dar
con él le insistían para que
no se fuera de su pueblo. Pero Jesús
les dijo: «Yo tengo que anunciar también
a las otras ciudades la Buena Nueva del
Reino de Dios , porque para eso he sido
enviado.»
Salió, pues, a predicar por las
sinagogas del país judío."
Jueves
5 de septiembre del 2002
1 Corintios 3, 1-9
Salmo 23, 1-6
Lucas 5, 1-11
"Cierto día la gente se agolpaba
a su alrededor para escuchar la palabra
de Dios , y él estaba de pie a la
orilla del lago de Genesaret. En eso vio
dos barcas amarradas al borde del lago;
los pescadores habían bajado y lavaban
las redes. Subió a una de las barcas,
que era la de Simón, y le pidió
que se alejara un poco de la orilla; luego
se sentó y empezó a enseñar
a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo
a Simón: «Lleva la barca mar
adentro y echen las redes para pescar.»
Simón respondió: «Maestro,
por más que lo hicimos durante toda
la noche, no pescamos nada; pero, si tú
lo dices, echaré las redes.»
Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad
de peces, que las redes casi se rompían.
Entonces hicieron señas a sus compañeros
que estaban en la otra barca para que vinieran
a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las
dos barcas, que por poco se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló
ante Jesús, diciendo: «Señor,
apártate de mí, que soy un
hombre pecador.» Pues tanto él
como sus ayudantes se habían quedado
sin palabras por la pesca que acababan de
hacer. Lo mismo les pasaba a Santiago y
a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros
de Simón.
Jesús dijo a Simón: «No
temas; en adelante serás pescador
de hombres.» En seguida llevaron sus
barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron
a Jesús."
Viernes
6 de septiembre del 2002
1 Corintios 4, 1-5
Salmo 36, 3-6.27-28.39-40
Lucas 5, 33-39
"Algunos le dijeron: «Los discípulos
de Juan ayunan a menudo y rezan sus oraciones,
y lo mismo hacen los discípulos de
los fariseos, mientras que los tuyos comen
y beben.» Jesús les respondió:
«Ustedes no pueden obligar a los compañeros
del novio a que ayunen mientras el novio
está con ellos. Llegará el
momento en que les será quitado el
novio, y entonces ayunarán.»
Jesús les propuso además
esta comparación: «Nadie saca
un pedazo de un vestido nuevo para remendar
otro viejo. ¿Quién va a romper
algo nuevo, para que después el pedazo
tomado del nuevo no le venga bien al vestido
viejo? Nadie echa tampoco vino nuevo en
envases de cuero viejos; si lo hace, el
vino nuevo hará reventar los envases,
se derramará el vino y se perderán
también los envases. Pongan el vino
nuevo en envases nuevos. Y miren: el que
esté acostumbrado al añejo,
no querrá vino nuevo, sino que dirá:
El añejo es el bueno.»"
Sábado
7 de septiembre del 2002
1 Corintios 4, 6-15
Salmo 144, 17-21
Lucas 6, 1-5
"Un sábado, Jesús atravesaba
unos sembrados, y sus discípulos
cortaban espigas, las desgranaban en las
manos y se comían el grano. Algunos
fariseos les dijeron: «¿Por qué
hacen lo que no está permitido hacer
en día sábado?» Jesús
les respondió: «¿Ustedes
no han leído lo que hizo David, y
con él sus hombres, un día
que tuvieron hambre? Pues entró en
la Casa de Dios , tomó los panes
de la ofrenda, los comió y les dio
también a sus hombres, a pesar de
que sólo estaba permitido a los sacerdotes
comer de ese pan.» Y Jesús añadió:
«El Hijo del Hombre es Señor
y tiene autoridad sobre el sábado.»"
Domingo
8 de septiembre del 2002
Ezequiel 33, 7-9
Salmo 94, 1-2.6-9
Romanos 13, 8-10
Mateo 18, 15-20
"Si tu hermano ha pecado, vete a hablar
con él a solas para reprochárselo.
Si te escucha, has ganado a tu hermano.
Si no te escucha, toma contigo una o dos
personas más, de modo que el caso
se decida por la palabra de dos o tres testigos.
Si se niega a escucharlos, informa a la
asamblea. Si tampoco escucha a la iglesia,
considéralo como un pagano o un publicano.
Yo les digo: «Todo lo que aten en
la tierra, lo mantendrá atado el
Cielo , y todo lo que desaten en la tierra,
lo mantendrá desatado el Cielo .
Asimismo yo les digo: si en la tierra dos
de ustedes se ponen de acuerdo para pedir
alguna cosa, mi Padre Celestial se lo concederá.
Pues donde están dos o tres reunidos
en mi Nombre , allí estoy yo en medio
de ellos.»"
Lunes
9 de septiembre del 2002
1 Corintios 5, 1-8
Salmo 5, 5-7.12
Lucas 6, 6-11
"Otro sábado Jesús había
entrado en la sinagoga y enseñaba.
Había allí un hombre que tenía
paralizada la mano derecha. Los maestros
de la Ley y los fariseos espiaban a Jesús
para ver si hacía una curación
en día sábado, y encontrar
así motivo para acusarlo.
Pero Jesús, que conocía
sus pensamientos, dijo al hombre que tenía
la mano paralizada: «Levántate
y ponte ahí en medio.» El se
levantó y permaneció de pie.
Entonces Jesús les dijo: «A
ustedes les pregunto: ¿Qué permite
hacer la Ley en día sábado:
hacer el bien o hacer daño, salvar
una vida o destruirla?»
Paseando entonces su mirada sobre todos
ellos, dijo al hombre: «Extiende tu
mano.» Lo hizo, y su mano quedó
sana. Pero ellos se llenaron de rabia y
comenzaron a discutir entre sí qué
podrían hacer contra Jesús."
Martes
10 de septiembre del 2002
1 Corintios 6, 1-11
Salmo 149, 1-6.9b
Lucas 6, 12-19
"En aquellos días se fue a
orar a un cerro y pasó toda la noche
en oración con Dios . Al llegar el
día llamó a sus discípulos
y escogió a doce de ellos, a los
que llamó apóstoles: Simón,
al que le dio el nombre de Pedro, y su hermano
Andrés, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo,
Simón, apodado Zelote, Judas, hermano
de Santiago, y Judas Iscariote, que fue
el traidor.
Jesús bajó con ellos y se
detuvo en un lugar llano. Había allí
un grupo impresionante de discípulos
suyos y una cantidad de gente procedente
de toda Judea y de Jerusalén, y también
de la costa de Tiro y de Sidón. Habían
venido para oírlo y para que los
sanara de sus enfermedades; también
los atormentados por espíritus malos
recibían curación. Por eso
cada cual trataba de tocarlo, porque de
él salía una fuerza que los
sanaba a todos."
Miércoles
11 de septiembre del 2002
1 Corintios 7, 25-31
Salmo 44, 11-12.14-17
Lucas 6, 20-26
"El, entonces, levantó los
ojos hacia sus discípulos y les dijo:
«Felices ustedes los pobres, porque
de ustedes es el Reino de Dios .
Felices ustedes, los que ahora tienen hambre,
porque serán saciados.
Felices ustedes, los que lloran, porque
reirán.
Felices ustedes, si los hombres los odian,
los expulsan, los insultan y los consideran
unos delincuentes a causa del Hijo del Hombre
. Alégrense en ese momento y llénense
de gozo, porque les espera una recompensa
grande en el cielo. Recuerden que de esa
manera trataron también a los profetas
en tiempos de sus padres.
Pero ¡pobres de ustedes, los ricos,
porque tienen ya su consuelo!
¡Pobres de ustedes, los que ahora están
satisfechos, porque después tendrán
hambre!
¡Pobres de ustedes, los que ahora ríen,
porque van a llorar de pena!
¡Pobres
de ustedes, cuando todos hablen bien de
ustedes, porque de esa misma manera trataron
a los falsos profetas en tiempos de sus
antepasados!"
Jueves
12 de septiembre del 2002
1 Corintios 8, 1-7.11-13
Salmo 138, 1-3.13-14.23-24
Lucas 6, 27-38
"Yo les digo a ustedes que me escuchan:
amen a sus enemigos, hagan el bien a los
que los odian, bendigan a los que los maldicen,
rueguen por los que los maltratan. Al que
te golpea en una mejilla, preséntale
también la otra. Al que te arrebata
el manto, entrégale también
el vestido. Da al que te pide, y al que
te quita lo tuyo, no se lo reclames.
Traten a los demás como quieren
que ellos les traten a ustedes. Porque si
ustedes aman a los que los aman, ¿qué
mérito tienen? Hasta los malos aman
a los que los aman. Y si hacen bien a los
que les hacen bien, ¿qué gracia
tiene? También los pecadores obran
así. Y si prestan algo a los que
les pueden retribuir, ¿qué gracia
tiene? También los pecadores prestan
a pecadores para que estos correspondan
con algo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten
sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa
de ustedes será grande, y serán
hijos del Altísimo, que es bueno
con los ingratos y los pecadores. Sean compasivos
como es compasivo el Padre de ustedes.
No juzguen y no serán juzgados;
no condenen y no serán condenados;
perdonen y serán perdonados. Den,
y se les dará; se les echará
en su delantal una medida colmada, apretada
y rebosante. Porque con la medida que ustedes
midan, serán medidos ustedes.»"
Viernes
13 de septiembre del 2002
1 Corintios 9, 16-19.22-27
Salmo 83, 3-6.12
Lucas 6, 39-45
"Jesús les puso también
esta comparación: «¿Puede
un ciego guiar a otro ciego? Ciertamente
caerán ambos en algún hoyo.
El discípulo no está por encima
de su maestro, pero si se deja formar, se
parecerá a su maestro.
¿Y por qué te fijas en la
pelusa que tiene tu hermano en un ojo, si
no eres consciente de la viga que tienes
en el tuyo? ¿Cómo puedes decir
a tu hermano: ''Hermano, deja que te saque
la pelusa que tienes en el ojo'', si tú
no ves la viga en el tuyo? Hipócrita,
saca primero la viga de tu propio ojo para
que veas con claridad, y entonces sacarás
la pelusa del ojo de tu hermano.
No hay árbol bueno que dé
frutos malos, ni tampoco árbol malo
que dé frutos buenos. Cada árbol
se conoce por sus frutos. No se recogen
higos de los espinos ni se sacan uvas de
las zarzas. Así, el hombre bueno
saca cosas buenas del tesoro que tiene en
su corazón, mientras que el malo,
de su fondo malo saca cosas malas. La boca
habla de lo que está lleno el corazón."
Sábado
14 de septiembre del 2002
Numeros 21, 4-9
Salmo 77, 1-2, 34-38
Filipenses 2, 6-11
Juan 3, 13-17
"Sin embargo, nadie ha subido al Cielo
sino sólo el que ha bajado del Cielo
, el Hijo del Hombre .
Recuerden la serpiente que Moisés
hizo levantar en el desierto: así
también tiene que ser levantado el
Hijo del Hombre , y entonces todo el que
crea en él tendrá por él
vida eterna.
¡Así amó Dios al mundo!
Le dio al Hijo Unico, para que quien cree
en él no se pierda, sino que tenga
vida eterna. Dios no envió al Hijo
al mundo para condenar al mundo, sino para
que se salve el mundo gracias a él."
Domingo
15 de septiembre del 2002
Eclesiastico 27, 30-28, 7
Salmo 102, 1-4.10-12.14
Romanos 14, 7-9
Mateo 18, 21-35
"Entonces Pedro se acercó con
esta pregunta: «Señor, ¿cuántas
veces tengo que perdonar las ofensas de
mi hermano? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contestó: «No
te digo siete, sino setenta y siete veces.»
«Aprendan algo sobre el Reino de los
Cielos. Un rey había decidido arreglar
cuentas con sus empleados, y para empezar,
le trajeron a uno que le debía diez
mil monedas de oro. Como el hombre no tenía
con qué pagar, el rey ordenó
que fuera vendido como esclavo, junto con
su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía,
para así recobrar algo. El empleado,
pues, se arrojó a los pies del rey,
suplicándole: «Dame un poco
de tiempo, y yo te lo pagaré todo.»
El rey se compadeció y lo dejó
libre; más todavía, le perdonó
la deuda.
Pero apenas salió el empleado de
la presencia del rey, se encontró
con uno de sus compañeros que le
debía cien monedas. Lo agarró
del cuello y casi lo ahogaba, gritándole:
«Págame lo que me debes.»
El compañero se echó a sus
pies y le rogaba: «Dame un poco de
tiempo, y yo te lo pagaré todo.»
Pero el otro no aceptó, sino que
lo mandó a la cárcel hasta
que le pagara toda la deuda.
Los compañeros, testigos de esta
escena, quedaron muy molestos y fueron a
contárselo todo a su señor.
Entonces el señor lo hizo llamar
y le dijo: «Siervo miserable, yo te
perdoné toda la deuda cuando me lo
suplicaste. ¿No debías también
tú tener compasión de tu compañero
como yo tuve compasión de ti?»
Y hasta tal punto se enojó el señor,
que lo puso en manos de los verdugos, hasta
que pagara toda la deuda.
Y Jesús añadió: «Lo
mismo hará mi Padre Celestial con
ustedes, a no ser que cada uno perdone de
corazón a su hermano.»"
Lunes
16 de septiembre del 2002
1 Corintios 11, 17-26.33
Salmo 37, 7-10.17
Lucas 7, 1-10
"Cuando terminó de enseñar
al pueblo con estas palabras, Jesús
entró en Cafarnaún.
Había allí un capitán
que tenía un sirviente muy enfermo
al que quería mucho, y que estaba
a punto de morir. Habiendo oído hablar
de Jesús, le envió algunos
judíos importantes para rogarle que
viniera y salvara a su siervo. Llegaron
donde Jesús y le rogaron insistentemente,
diciéndole: «Este hombre se
merece que le hagas este favor, pues ama
a nuestro pueblo y nos ha construido una
sinagoga.»
Jesús se puso en camino con ellos.
No estaban ya lejos de la casa, cuando el
capitán envió a unos amigos
para que le dijeran: «Señor,
no te molestes, pues ¿quién
soy yo, para que entres bajo mi techo? Por
eso ni siquiera me atreví a ir personalmente
donde ti. Basta que tú digas una
palabra y mi sirviente se sanará.
Yo mismo, a pesar de que soy un subalterno,
tengo soldados a mis órdenes, y cuando
le ordeno a uno: "Vete", va; y si le digo
a otro: "Ven", viene; y si digo a mi sirviente:
"Haz esto", lo hace.»
Al oír estas palabras, Jesús
quedó admirado, y volviéndose
hacia la gente que lo seguía, dijo:
«Les aseguro, que ni siquiera en Israel
he hallado una fe tan grande.»
Y cuando los enviados regresaron a casa,
encontraron al sirviente totalmente restablecido."
Martes
17 de septiembre del 2002
1 Corintios 12, 12-14.27-31
Salmo 99, 2-5
Lucas 7, 11-17
"Jesús se dirigió poco
después a un pueblo llamado Naím,
y con él iban sus discípulos
y un buen número de personas. Cuando
llegó a la puerta del pueblo, sacaban
a enterrar a un muerto: era el hijo único
de su madre, que era viuda, y mucha gente
del pueblo la acompañaba.
Al verla, el Señor se compadeció
de ella y le dijo: «No llores.»
Después se acercó y tocó
el féretro. Los que lo llevaban se
detuvieron. Dijo Jesús entonces:
«Joven, yo te lo mando, levántate.»
Se incorporó el muerto inmediatamente
y se puso a hablar. Y Jesús se lo
entregó a su madre.
Un santo temor se apoderó de todos
y alababan a Dios , diciendo: «Es un
gran profeta el que nos ha llegado. Dios
ha visitado a su pueblo.» Lo mismo
se rumoreaba de él en todo el país
judío y en sus alrededores. "
Miércoles
18 de septiembre del 2002
1 Corintios 12, 31-12, 13
Salmo 32, 2--5.12.22
Lucas 7, 31-35
"¿Con quién puedo comparar
a los hombres del tiempo presente? Son como
niños sentados en la plaza, que se
quejan unos de otros: ''Les tocamos la flauta
y no han bailado; les cantamos canciones
tristes y no han querido llorar.''
Porque vino Juan el Bautista, que no comía
pan ni bebía vino, y dijeron: Está
endemoniado. Luego vino el Hijo del Hombre
, que come y bebe y dicen: Es un comilón
y un borracho, amigo de cobradores de impuestos
y de pecadores. Sin embargo, los hijos de
la Sabiduría la reconocen en su manera
de actuar.»"
Jueves
19 de septiembre del 2002
1 Cortintios 15, 1-11
Salmo 117, 1-2.16-27.28
Lucas 7, 36-50
"Un fariseo invitó a Jesús
a comer. Entró en casa del fariseo
y se reclinó en el sofá para
comer. En aquel pueblo había una
mujer conocida como una pecadora; al enterarse
de que Jesús estaba comiendo en casa
del fariseo, tomó un frasco de perfume,
se colocó detrás de él,
a sus pies, y se puso a llorar. Sus lágrimas
empezaron a regar los pies de Jesús
y ella trató de secarlos con su cabello.
Luego le besaba los pies y derramaba sobre
ellos el perfume.
Al ver esto el fariseo que lo había
invitado, se dijo interiormente: «Si
este hombre fuera profeta, sabría
que la mujer que lo está tocando
es una pecadora, conocería a la mujer
y lo que vale.»
Pero Jesús, tomando la palabra,
le dijo: «Simón, tengo algo
que decirte.» Simón contestó:
«Habla, Maestro .» Y Jesús
le dijo: «Un prestamista tenía
dos deudores: uno le debía quinientas
monedas y el otro cincuenta. Como no tenían
con qué pagarle, les perdonó
la deuda a ambos. ¿Cuál de los
dos lo querrá más?»
Simón le contestó: «Pienso
que aquel a quien le perdonó más.»
Y Jesús le dijo: «Has juzgado
bien.» Y volviéndose hacia la
mujer, dijo a Simón: «¿Ves
a esta mujer? Cuando entré en tu
casa, no me ofreciste agua para los pies,
mientras que ella me ha lavado los pies
con sus lágrimas y me los ha secado
con sus cabellos. Tú no me has recibido
con un beso, pero ella, desde que entró,
no ha dejado de cubrirme los pies de besos.
Tú no me ungiste la cabeza con aceite;
ella, en cambio, ha derramado perfume sobre
mis pies. Por eso te digo que sus pecados,
sus numerosos pecados, le quedan perdonados,
por el mucho amor que ha manifestado. En
cambio aquel al que se le perdona poco,
demuestra poco amor.»
Jesús dijo después a la
mujer: «Tus pecados te quedan perdonados».
Y los que estaban con él a la mesa
empezaron a pensar: «¿Así
que ahora pretende perdonar pecados?»
Pero de nuevo Jesús se dirigió
a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete
en paz.»"
Viernes
20 de septiembre del 2002
1 Corintios 15, 12-20
Salmo 16, 1.6-8.15
Lucas 8, 1-3
"Jesús iba recorriendo ciudades
y aldeas, predicando y anunciando la Buena
Nueva del Reino de Dios . Lo acompañaban
los Doce y también algunas mujeres,
a las que había curado de espíritus
malos o de enfermedades: María, por
sobrenombre Magdalena, de la que habían
salido siete demonios; Juana, mujer de un
administrador de Herodes, llamado Cuza;
Susana, y varias otras que los atendían
con sus propios recursos."
Sábado
21 de septiembre del 2002
Efesios 4, 1-7.11-13
Salmo 18, 2-5
Mateo 9, 9-13
"Jesús, al irse de allí,
vio a un hombre llamado Mateo en su puesto
de cobrador de impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Mateo se levantó y lo siguió.
Como Jesús estaba comiendo en casa
de Mateo, un buen número de cobradores
de impuestos y otra gente pecadora vinieron
a sentarse a la mesa con Jesús y
sus discípulos. Los fariseos, al
ver esto, decían a los discípulos:
«¿Cómo es que su Maestro
come con cobradores de impuestos y pecadores?»
Jesús los oyó y dijo: «No
es la gente sana la que necesita médico,
sino los enfermos. Vayan y aprendan lo que
significa esta palabra de Dios: Me gusta
la misericordia más que las ofrendas.
Pues no he venido a llamar a los justos,
sino a los pecadores.»"
Domingo
22 de septiembre del 2002
Isaias 55, 6-9
Salmo 144, 2-3.8-9.17-18
Filipenses 1,20c-24.27
Mateo 20, 1-16
"Aprendan algo del Reino de los Cielos.
Un propietario salió de madrugada
a contratar trabajadores para su viña.
Se puso de acuerdo con ellos para pagarles
una moneda de plata al día, y los
envió a su viña.
Salió de nuevo hacia las nueve de
la mañana, y al ver en la plaza a
otros que estaban desocupados, les dijo:
«Vayan ustedes también a mi
viña y les pagaré lo que sea
justo.» Y fueron a trabajar.
Salió otra vez al mediodía,
y luego a las tres de la tarde, e hizo lo
mismo. Ya era la última hora del
día, la undécima, cuando salió
otra vez y vio a otros que estaban allí
parados. Les preguntó: «¿Por
qué se han quedado todo el día
sin hacer nada?» Contestaron ellos:
«Porque nadie nos ha contratado.»
Y les dijo: «Vayan también ustedes
a trabajar en mi viña.»
Al anochecer, dijo el dueño de la
viña a su mayordomo: «Llama
a los trabajadores y págales su jornal,
empezando por los últimos y terminando
por los primeros.» Vinieron los que
habían ido a trabajar a última
hora, y cada uno recibió un denario
(una moneda de plata). Cuando llegó
el turno a los primeros, pensaron que iban
a recibir más, pero también
recibieron cada uno un denario. Por eso,
mientras se les pagaba, protestaban contra
el propietario.
Decían: «Estos últimos
apenas trabajaron una hora, y los consideras
igual que a nosotros, que hemos aguantado
el día entero y soportado lo más
pesado del calor.» El dueño
contestó a uno de ellos: «Amigo,
yo no he sido injusto contigo. ¿No
acordamos en un denario al día? Toma
lo que te corresponde y márchate.
Yo quiero dar al último lo mismo
que a ti. ¿No tengo derecho a llevar
mis cosas de la manera que quiero? ¿O
será porque soy generoso, y tú
envidioso?»
Así sucederá: los últimos
serán primeros, y los primeros serán
últimos.» "
Lunes
23 de septiembre del 2002
Proverbios 3, 27-34
Salmo 144, 2-3.8-9-17-18
Lucas 8, 16-18
"Nadie enciende una lámpara
para cubrirla con una vasija o para colocarla
debajo de la cama. Por el contrario, la
pone sobre un candelero para que los que
entren vean la luz. No hay nada escondido
que no deba ser descubierto, ni nada tan
secreto que no llegue a conocerse y salir
a la luz. Por tanto, fíjense bien
en la manera como escuchan. Porque al que
produce se le dará, y al que no tiene
se le quitará hasta lo que cree tener.»
"
Martes
24 de septiembre del 2002
Proverbios 21, 1-6.10-13
Salmo 118, 1.27.30.34.35.44
Lucas 8, 19-21
"Su madre y sus hermanos querían
verlo, pero no podían llegar hasta
él por el gentío que había.
Alguien dio a Jesús este recado:
«Tu madre y tus hermanos están
fuera y quieren verte.» Jesús
respondió: «Mi madre y mis hermanos
son los que escuchan la palabra de Dios
y la cumplen.»"
Miércoles
25 de septiembre del 2002
Proverbios 30, 5-9
Salmo 118, 29.72.82.101.104.163
Lucas 9, 1-6
"Jesús reunió a los
Doce y les dio autoridad para expulsar todos
los malos espíritus y poder para
curar enfermedades. Después los envió
a anunciar el Reino de Dios y devolver la
salud a las personas.
Les dijo: «No lleven nada para el
camino: ni bolsa colgada del bastón,
ni pan, ni plata, ni siquiera vestido de
repuesto. Cuando los reciban en una casa,
quédense en ella hasta que se vayan
de ese lugar. Pero donde no los quieran
recibir, no salgan del pueblo sin antes
sacudir el polvo de sus pies: esto será
un testimonio contra ellos.»
Ellos partieron a recorrer los pueblos;
predicaban la Buena Nueva y hacían
curaciones en todos los lugares."
Jueves
26 de septiembre del 2002
Eclesiastes 1, 2-11
Salmo 89, 3-6.12-14.17
Lucas 9, 7-9
"El virrey Herodes se enteró
de todo lo que estaba ocurriendo, y no sabía
qué pensar, porque unos decían:
«Es Juan, que ha resucitado de entre
los muertos»; y otros: «Es Elías
que ha reaparecido»; y otros: «Es
alguno de los antiguos profetas que ha resucitado.»
Pero Herodes se decía: «A Juan
le hice cortar la cabeza. ¿Quién
es entonces éste, del cual me cuentan
cosas tan raras?» Y tenía ganas
de verlo."
Viernes
27 de septiembre del 2002
Eclesiastes 3, 1-11
Salmo 143, 1-4
Lucas 9, 18-22
"Un día Jesús se había
apartado un poco para orar, pero sus discípulos
estaban con él. Entonces les preguntó:
«Según el parecer de la gente
¿quién soy yo?» Ellos contestaron:
«Unos dicen que eres Juan Bautista,
otros que Elías, y otros que eres
alguno de los profetas antiguos que ha resucitado.»
Entonces les preguntó: «Y ustedes,
¿quién dicen que soy yo?»
Pedro respondió: «Tú
eres el Cristo de Dios .» Jesús
les hizo esta advertencia: «No se lo
digan a nadie».
Y les decía: «El Hijo del
Hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado
por las autoridades judías, por los
jefes de los sacerdotes y por los maestros
de la Ley . Lo condenarán a muerte,
pero tres días después resucitará.»"
Sábado
28 de septiembre del 2002
Eclesiastes 11, 9-12,8
Salmo 89, 3-6.12-14.17
Lucas 9, 44b-45
"«Escuchen y recuerden lo que
ahora les digo: El Hijo del Hombre va a
ser entregado en manos de los hombres.»
Pero ellos no entendieron estas palabras.
Algo les impedía comprender lo que
significaban, y no se atrevían a
pedirle una aclaración."
Domingo
29 de septiembre del 2002
Ezequiel 18, 25-28
Salmo 24, 4-9
Filipenses 2, 1-11
Mateo 21, 28-32
"Jesús agregó: «Pero,
díganme su parecer: Un hombre tenía
dos hijos. Se acercó al primero para
decirle: " Hijo , hoy tienes que ir a trabajar
en la viña." Y él le respondió:
"No quiero". Pero después se arrepintió
y fue. Luego el padre se acercó al
segundo y le mandó lo mismo. Este
respondió: "Ya voy, señor."
Pero no fue.
Ahora bien, ¿cuál de los dos
hizo lo que quería el padre?»
Ellos contestaron: «El primero.»
Entonces Jesús les dijo: «En
verdad se lo digo: en el camino al Reino
de los Cielos, los publicanos y las prostitutas
andan mejor que ustedes. Porque Juan vino
a abrirles el camino derecho, y ustedes
no le creyeron, mientras que los publicanos
y las prostitutas le creyeron. Ustedes fueron
testigos, pero ni con esto se arrepintieron
y le creyeron."
Lunes
30 de septiembre del 2002
Job 1, 6-22
Salmo 16, 1-3.6-7
Lucas 9, 46-50
"A los discípulos se les ocurrió
preguntarse cuál de ellos era el
más importante. Jesús, que
conocía sus pensamientos, tomó
a un niño, lo puso a su lado, y les
dijo: «El que recibe a este niño
en mi nombre, me recibe a mí, y el
que me recibe a mí, recibe al que
me envió. El más pequeño
entre todos ustedes, ése es realmente
grande.»
En ese momento Juan tomó la palabra
y le dijo: «Maestro, hemos visto a
uno que hacía uso de tu nombre para
echar fuera demonios, y le dijimos que no
lo hiciera, pues no es discípulo
junto a nosotros.» Pero Jesús
le dijo: «No se lo impidan, pues el
que no está contra ustedes, está
con ustedes.»"
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