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Cuentos para reflexionar en Navidad

del libro "40 nuevas parábolas"

Cuento de Navidad

 

Era la noche de Navidad. Un ángel se apareció a una familia rica y le dijo a la dueña de la casa:

- Te traigo una buena noticia: esta noche el Señor Jesús vendrá a visitarte a tu casa.

La señora quedó entusiasmada: Nunca había creído posible que en su casa sucediese este milagro. Trató de preparar una cena excelente para recibir a Jesús. Encargó pollos, conservas y vino importados.

De repente sonó el timbre. Era una mujer mal vestida, de rostro sufrido, con el vientre hinchado por un embarazo muy adelantado.

- Señora, ¿no tendría algún trabajo para darme? Estoy embarazada y tengo mucha necesidad del trabajo.

-¿Pero esta es hora de molestar? Vuelva otro día, respondió la dueña de la casa. Ahora estoy ocupada con la cena para una importante visita.

Poco después, un hombre, sucio de grasa, llamó a la puerta.

- Señora, mi camión se ha arruinado aquí en la esquina. ¿Por casualidad no tendría usted una caja de herramientas que me pueda prestar?

La señora, ocupada como estaba limpiando los vasos de cristal y los platos de porcelana, se irritó mucho:

- ¿Usted piensa que mi casa es un taller mecánico? ¿Dónde se ha visto importunar a la gente así?. Por favor, no ensucie mi entrada con esos pies inmundos.

La anfitriona siguió preparando la cena: abrió latas de caviar, puso champaña en el refrigerador, escogió de la bodega los mejores vinod, preparó unos coctelitos.

Mientras tanto alguien afuera batió las palmas. Será que ahora llega Jesús, pensó ella emocionada y con el corazón acelerado fue a abrir la puerta. Pero no era Jesús. Era un niño harapiento de la calle.

- Señora, deme un plato de comida.

-¿Cómo te voy a dar comida si todavía no hemos cenado? Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy atareada.

Al final, la cena estaba ya lista. Toda la familia emocionada esperaba la ilustre visita. Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no parecía. Cansados de esperar empezaron a tomar los coctelitos, que al poco tiempo comenzaron a hacer efecto en los estómagos vacíos y el sueño hizo olvidar los pollos y los platos preparados.

A la mañana siguiente, al despertar, la señora se encontró , con gran espanto frente a un ángel.

- ¿Un ángel puede mentir? Gritó ella. Lo preparé todo con esmero, aguardé toda la noche y Jesús no apareció. ¿Por qué me hizo esta broma?

- No fui yo quien mentí, fue usted la que no tuvo ojos para ver, dijo ángel. Jesús estuvo aquí tres veces, en la persona de la mujer embarazada, en la persona del camionero y en el niño hambriento. Pero usted no fue capaz de reconocerlo y de acogerlo.

(Frei Betto, A Comunidad de fe.
Catecismo popular, Sao Pulo, 1989, pp 50-52)

 

 

Caminos...

 

Son las ocho de la noche, Juan Condori inicia el viaje de retorno a la ciudad de Cochabamba de donde sale todos los días en busca de trabajo. Hoy estuvo en Quillacollo y tampoco encontró ocupación.

Da los primeros diez pasos y las primeras gotas de lluvia se estrellan en el asfalto de la carretera hacia la ciudad del valle; no avanza ni una cuadra y la torrencial lluvia le obliga a buscar refugio en una de las tantas paradas de buses y microbuses que pasan veloces inundados de luz y de gente; no puede viajar en uno de ellos, pues no tiene ni un solo centavo; entre el ensordecedor ruido y las luces que rompen la oscura noche, distingue la extensa carretera que está pronta a tragarse a quienes siguen su ruta.

La imagen del camino, brillante de agua y las luces dispersas, le traen a la memoria otro camino asfaltado, un camino seco bajo un sol radiante y candente que achicharra las plantas de los pies, causa una torturante sed y quema los ojos con la resolana que es látigo de fuego; y el viaje es también una marcha forzada, solo que son miles los marchantes; es que Juan Condori es un trabajador minero "relocalizado", por no decir despedido de su frente de trabajo, que junto a su familia se fue a Cochabamba en busca de mejores días y oportunidades: éstas no llegan y más bien parecen alejarse más.

Amaina la lluvia y reinicia la caminata, desea llegar a la precaria vivienda que le prestaron en Cochabamba, donde le espera la familia. Antonia, su esposa, y sus cinco hijos; la hija mayor, con apenas 16 años, es su mayor preocupación, ella debería estar estudiando igual que los demás , pero... nuevamente piensa en el camino Oruro-La Paz y su mente le introduce en aquella marcha, en ella caminaban por defender sus derechos y el de todos los bolivianos, recuerda que se llamó la "marcha por la vida y la paz", ¿de qué vida se habla?...¿De qué paz se habla?... ¡Si sabemos que mientras haya hambre no existirá paz...!

Está cansado pero sigue caminado, absorto en sus pensamientos, los vehículos pasan raudos cerca de él y no le impiden pensar.

- No sé por qué nos pasa esto... antes caminé largo hasta la mina entre cerros, montañas, ríos y quebradas...¡ah!, y luego ese camino caliente y bajo un sol fuerte... y ese gobierno que no nos deja llegar a La Paz... ahora es de noche, estoy mojado y tengo frío... ¡ah, y esta noche es Navidad...! ¿Por qué me pasa esto a mí?... estoy ya envejeciendo, me siento enfermo, sin trabajo, sin dinero... y lo peor... no llevo nada a mi casa.

Y las lágrimas se mezclan con la lluvia que, aunque es débil, sigue cayendo. Se sienta a la vera del camino a descansar, aún le falta mucho para llegar a su destino. De alguna casa llegan a sus oídos las alegres melodías de los chutunquis y recién advierte alguna gente portando regalos, paquetes y aquellas cosas propias de los "pesebres" y "arbolitos".

- Y yo...¡no llevo nada a mi casa...! Segurito que mis pequeños están esperando sus juguetes como todos los años... y ni siquiera para un té con pan tenemos...

El llanto y la tristeza se tornan en rabia y sus meditaciones ahora son imprecaciones.

- ¿Por qué tiene que pasarnos esto?... ¿acaso no hemos trabajado nunca?... este gobierno verdugo nos está matando de hambre... ¿acaso somos flojos?...¿es que la Navidad es solo para unos no más?.

También piensa en sus compañeros... en sus excompañeros de trabajo, ¿ellos estarán así?

- Dios mío... ¿por qué estamos sufriendo todo esto?... ¿por qué mis hijos tienen que padecer hambre y todo lo demás?... o... ¿es qué no existes? ¿Es qué todo lo que se dice de Dios es una vil mentira?... sí... creo que Dios no existe... de si existiera... ni frío... ni misseria... ni delincuencia... ni droga... ni... ¡todo es una mentira!.

Está cerca de la ciudad, los vehículos pasan con menos frecuencia, de ida y de venida... ya son las once de la noche... estará con los suyos casi a las doce...

- Esta noche es Navidad... Navidad no debería haber... ¿acaso hay Dios?... la Navidad es para los ricos y los explotadores... la Navidad es para los que tienen plata... Dios es solo para ellos... nosotros los pobres no tenemos Dios... así que no tenemos Navidad... pero ¿qué les diré a mis hijos...? Ellos no entienden esto... y mi pobre Antonia que pensaba cocinar algo especial... ¿qué... qué les diré...?

Y las lágrimas nuevamente corren por sus mejillas.

- Ya sé... ahora mismo vendo mi saco... ¡claro! Aquí en esta parada... una de estas comerciantes me va a comparar... ¡Señora! Señora, ¿no quieres comprarme este saco? ¡Está nuevecito, señora...!

La pregunta y el afán una y otro vez. Está en otro lugar donde varias mujeres cargan su mercadería a un camión . Dejó ya de llover.

- Señora... no quieres comprarme este saco, seño...

- No... no caserito... mejor ven... ayúdame a cargar estos bultos... si no me ha de dejar este carro... apúrate pues, ven a ayudarme...

Hace un esfuerzo por no llorar ni maldecir... y obedece a la mujer que le pide ayuda; luego de realizado el trabajo, la mujer le ofrece unos billetes y una pequeña bolsa con algunos panes y quesillos típicos del valle...

- Gracias caserito... si no fuera por vos... no habría podido terminar de cargar... gracias y aquí tienes por tu ayuda

- Gracias a vos... señora...¡muchas gracias...!

Parte el carro, y Juan se dirige a su casa... está cerca ya casi son las doce... llega Navidad.

- Por lo menos estos panes ofreceré a mis hijos... con estos pesos compraremos un poco de azúcar y té ... ¡si me da una rabia!

Se acerca a la casa que se divisa, pero... todo debería estar oscuro...

- Hay luz... en la casa... mucha luz... además estoy escuchando música, sí creo que es una fiesta o...¿acaso me he equivocado de camino?... no... no, este es mi camino...sí, este es el barrio... pero...¡¡por qué esa música y esa luz!!

Al fin llega a su casa y a su encuentro van sus pequeños hijos y los vecinos, sí, son los vecinos más cercanos.

- Don Juan... dónde se ha perdido, pues... tanto lo estamos esperando.

- ¿A mí?... para qué será... ¿le ha pasado algo a mis chicos o a mi Tuca?

- No... no don Juan..., no ha pasado nada... lo estamos esperando para pasar juntos la Navidad...

- Claro don Juan... juntos pues pasaremos la Navidad... ya somos conocidos, no ve que ya están más de tres meses aquí.

- Pero... es que yo no tengo nada... buenos... no me acordé de la Navidad... y buenos... he ido a buscar trabajo

- No te preocupes de eso ahora don Juanito... ya estamos doña Antonia y tus hijitos... ya están jugando con los otros chicos del barrio... los del Camba Soruco también están aquí... ellos son nuestros otros vecinos... también está el Potoco.

Entran en su habitación donde se encuentra su esposa, llorando observa el pesebre arreglado por sus hijos... abraza a su esposo y juntos... muy juntos en sus almas lloran por ese momento tan doloroso, tan emocionante.

Juan y su esposa entran nuevamente en su vivienda y tras ellos los vecinos que los abrazan...

- Feliz Navidad, don Juan... esta noche es noche buena...es Navidad... todos nacemos de nuevo, doña Tuca... una nueva vida se inicia... ya verán que todo arregla...¡solo hay que tener fe en el que acaba de nacer...! Jesucito nos apoyará...vamos, don Juan... ¡Feliz Navidad!

Al escuchar "Niño Dios"... Juan mira el pesebre pensando en la imagen de Jesús ninño... pero casualmente ... alguien puso en él un gran pan... cual si fuese el cuerpecito del Redentor.

- Perdón, Dios mío..., perdón Jesús...

- Pero don Juanito, qué te pasa pues...

- Pasa que estoy naciendo de nuevo yo también ... don Carlos... Y amigo Soruco... queridos vecinos... perdón Jesús mío... Dios mío, sí existes... ¡claro que existe...! ¿Existe en el corazón de los hombres de buena voluntad... en el alma de los buenos vecinos... vecinos como éstos... gracias, don Carlos... gracias don Socuro... Dios existe en el corazón de todos, grandes y chicos... ricos y pobres... jóvenes y viejos... que como ustedes piensan en los demás para compartir lo que tienen. Perdone que llore, Don Carlos... ese pan que está en el pesebre ese es el cuerpo del niño Jesús... ¿¿ese es el pan que nos une, don Soruco!!... ese es el pan de Navidad... es Navidad compartida por todos los de buena voluntad... saben queridos vecinos... esta noche estaba pensando en unos caminos... pero... mejor... para que les cuento, este es el camino de la vida y la paz... la unión de los hombres... y... JESÚS SE REENCARNA EN EL CAMINO DE NUESTRA LIBERACIÓN ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

(Cuento de Oscar Elías Siles,
que mereció el primer premio del concurso de Cuento Navideño 1986,
organizado por la Parroquia del Rosario, Oruro,
y publicado por CISEP como felicitación navideña)

 

 

Reflexión

Ambos cuentos tienen el mismo mensaje. Navidad no es la fiesta de los regalos y la compras, de banquetes y grandes gastos, sino la fiesta de los pobres y los sencillos.

La primera Navidad fue la Navidad de unos pobres, María y José, que no hallaron lugar en la posada del pueblo de Belén y tuvieron que ocupar un lugar deshabitado para que naciera el Niño (Lucas 2,7).

Navidad es la fiesta de los pobres, de los pastores que guardaban el rebaño de noche a quienes se anunció en primer lugar la gran noticia de que había nacido el Salvador en Belén (Lucas 2,8-20).

Navidad es la fiesta de un Dios que se hace niño, pobre, que entra en nuestro mundo sin poder ni riqueza, débil, frágil, pequeño, para que nadie se asuste de él

´ Por esta la celebración cristiana de Navidad que cada año recordamos ha de ser la fiesta de la solidaridad, del amor a los pequeños, del compartir, de comenzar a vivir la vida con ojos de niño, de confiar en Dios que no olvida a su pueblo.

Convertir la Navidad en una fiesta para ricos es un contrasentido, una blasfemia, es la más contrario al espíritu de la primera Navidad.

Esta es la lección de los dos cuentos de Navidad.

La Señora está tan preocupada por recibir a Jesús, que no lo sabe ver en los pobres y necesitados que llaman a su puerta: la mujer, el camionero y el niño.

En cambio los vecinos de Juan, el minero relocalizado, saben acogerlo, ayudarlo y festejar compartiendo desde su pobreza. El pan que ocupa el lugar del Niño en el pesebre, es un símbolo de que donde no se comparte el pan no está el Señor y al revés, donde se comparte allí está Jesús.

Si siempre es verdad que Jesús está en los pobres (Mateo 25,31-45), esto debe manifestarse mucho más en Navidad.

Entonces Navidad será la fiesta del amor y de la alegría verdadera. Entonces se comprenderá lo que dice la primera lectura de la noche de Navidad.

"El pueblo que caminaba en tinieblas

vio la luz.

Sobre los que vivían entre sombras

Brilló una gran luz.

Porque un niño nos ha nacido,

Un hijo se nos ha dado" (Isaías 9, 1ss).

En cambio Navidad es mala noticia para los que como Herodes, solo buscan su propia riqueza y se turban ante el nacimiento de Jesús (Mateo 2,3). Quizás por esto intentan desfigurar el sentido de la Navidad y convertirla en su fiesta...

Navidad es una gran parábola del reino de Dios . Lo que es este reino, aparece ya en el nacimiento de Jesús. Por esto Navidad es una fiesta conflictiva, como el mismo Jesús y su reino (Lucas 2,34). Navidad exige una respuesta de parte de cada uno y de todos...

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