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Tiempo
de Adviento,
llega la Navidad,
Nace un niño,
pequeño, frágil,
envuelto en pañales,
y recostado
en un pesebre humilde.
Es Jesús, el Dios de
la Vida,
que se ha acercado
y ha puesto su tienda
a nuestro lado.
Dios
ha bajado;
para encontrarlo
ya no hay que mirar para arriba
sino al lado, en el hermano.
Dios
compañero,
que camina con nosotros,
y comparte nuestras angustias,
no nos deja abandonados.
Dios
que se acerca,
que sale al encuentro,
que se pone al descubierto
y nos convoca al pesebre,
a contemplarlo
y aprender a reconocerlo
y a encontrarlo.
¡No te equivoques
dónde buscarlo!
Dios
hecho signo
y señal de la esperanza.
Vida Nueva.
Proyecto compartido.
Alegría para todo el
pueblo.
Jesús,
que naces en el pesebre
y nos invitas a seguirte.
Afirma nuestra esperanza.
Danos tu aliento.
Renueva nuestras fuerzas.
Danos alegría y fuerzas
para ofrecer a los demás.
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Jesús,
que naces entre nosotros.
Tu pueblo está sufriendo.
Falta el pan, falta el trabajo,
hay desaliento y cansancio,
hay cansancio acumulado
por los abusos y la injusticia.
Ayúdanos a plantar
semillas de cambio.
Que el esfuerzo
por un mundo nuevo
no sea en vano.
Danos la fe inmensa de María
y fortaleza para el camino.
Que
tu presencia siempre nueva
en esta Navidad que se acerca,
nos transforme desde adentro.
Que en nuestra vida
no cerremos los ojos
a la estrella de Belén
que nos señala el rumbo
a una sociedad nueva
y a una vida distinta para todos.
Jesús-niño
en el pesebre
anima nuestra esperanza
y fortalece
nuestra entrega para lograrla.
Marcelo
A. Murúa
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