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Reflexiones para el Jueves Santo:
el mandamiento del amor

por Marcelo A. Murúa

 

Es común que las personas que van a morir escriban un testamento dirigido a sus familiares y amigos. A través de este acto disponen de sus bienes y los reparten entre sus herederos.

Antes de morir Jesús también nos deja su testamento y nos invita a ser sus herederos. Pero, a diferencia de lo que suele pasar con las herencias, en este caso no recibimos algo sino que somos invitados a poner, todo lo que somos y tenemos, para vivir según el ejemplo de nuestro maestro.

El texto en que Jesús lava los pies de sus discípulos resume las enseñanzas del Señor y nos ayuda a repensar nuestra fe y cómo vivirla para ser fieles a su proyecto.

"Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. Jesús, por su parte, sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de Dios y que a Dios volvía. Entonces se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los discípulos, y luego se los secaba con la toalla que se había atado.

Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?" Jesús le contestó: "Tú no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás más tarde." Pedro replicó: "Jamás me lavarás los pies." Jesús le respondió: "Si no te lavo, no podrás tener parte conmigo." Entonces Pedro le dijo: "Señor, lávame no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza."

Jesús le dijo: "El que se ha bañado está completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos." Jesús sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos ustedes están limpios." Cuando terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo. En verdad les digo: El servidor no es más que su patrón y el enviado no es más que el que lo envía. Pues bien, ustedes ya saben estas cosas: ¡felices si las ponen en práctica!"

Jn. 13, 1-17

 

La clave está
en el final

Jesús se dirige a sus discípulos y les dice, ustedes ya saben estas cosas, ¡felices si las ponen en práctica!

Los discípulos habían pasado un largo tiempo junto a Jesús. Aprendiendo y descubriendo las cosas de Dios.

Gran parte de su vida pública, como podemos ver en los evangelios (especialmente en los sinópticos), Jesús se dedica a la formación e instrucción de sus seguidores. Ahora ha terminado el tiempo de aprender, por eso Jesús orienta el sentido de estos aprendizajes: Felices si lo practican.

La fe es para ser vivida y practicada, no sirve ni alcanza decir "Señor, Señor" (como nos enseña la parábola de la casa edificada sobre piedra, ver Mt. 7).

Jesús quiere e invita a sus discípulos a demostrar con gestos y actitudes nuevas el conocimiento de las cosas de Dios que hay en nuestro corazón. En esto se encuentra la felicidad, el sentido pleno de la existencia: en vivir para los demás como servidores.

Evidentemente la propuesta de Jesús no tiene nada que ver con el modelo de felicidad que nos propone la sociedad de nuestros días…

¿es díficil vivir esto?

¿por qué?

¿cómo puedes vivir este mandato del amor a los demás en tu vida concreta de todos los días?

 

El amor se enseña
a través del ejemplo

Muchas veces queremos enseñar el amor por medio de palabras. No nos damos cuenta que Jesús propone otro camino. Más díficil y comprometido, pero también más efectivo y cercano al sentir de Dios.

El amor se enseña a través del ejemplo. La vida pública de Jesús es una constante preocupación y actividad en bien de los demás. Jesús anuncia el Reino a través de gestos liberadores, haciendo presente el Reino en la vida de la gente de su tiempo, especialmente de los más sufridos, que son los preferidos de Dios.

Al acercarse el fin de su vida quiere enseñarles a sus discípulos que esto es lo más importante, lo que permite conocer a Dios, lo que lo anuncia y hace presente con fidelidad. El amor llevado a la vida práctica.

¿Seguimos el ejemplo de Jesús?

¿Por qué nos cuesta?

¿Dónde ponemos el acento en

nuestro anuncio?

¿Seguimos los pasos de Jesús?

 

Primero es la práctica,
luego la explicación
que da sentido al obrar.

Al finalizar el gesto Jesús pregunta a sus discípulos sin han entendido lo que ha hecho.

Nos muestra, una vez más, su pedagogía para enseñar las cosas de Dios.

Primero viene la vida, el gesto, la actitud nueva, en este caso el lavado de pies a los discípulos. Luego, entonces, y porque el gesto es capaz de abrir el corazón y m ovilizar el entendimiento, viene la explicación, el por qué, las palabras que dan sentido a lo vivido y ayudan a aprenderlo.

Al enseñar las cosas de Dios,

¿seguimos la pedagogía de Jesús? ¿O comenzamos por las explicaciones, usando palabras difíciles y complicadas para dar a entender lo que Jesús enseña de manera tan sencilla?

¿Nuestras explicaciones sobre Dios refuerzan lo que mostramos con el testimonio de vida?

¿O sólo nos quedamos con las ideas y dejamos para después los actos (expresíon del compromiso verdadero con las cosas de Dios).

 

Los amó
hasta el extremo

Así comienza el capítulo 13 del evangelio de Juan, a partir del cual, el evangelista irá presentando el cumplimiento de la obra de Jesús, la llegada de su hora, el tiempo de su glorificación.

Esta se inicia con este gesto testimonial que busca expresar lo más importante de su predicación: amar a los demás como servidores, buscar el bien de los otros por encima del propio, enseñar con el ejemplo de vida.

 

Para meditar en grupos

1) Leer el texto de Jn. 13, 1-17

2) Representar el texto, prestar atención a los gestos de Jesús, a las expresiones de los discípulos. Comentarlos entre todos al finalizar la dramatización.

3) Relacionar el gesto de Jesús con su práctica. ¿En qúe momentos de la vida de Jesús lo encontramos sirviendo con su práctica a otras personas? ¿Qué tienen en común las personas a las que Jesús sirve y atiende? ¿Qué nos enseña esto a la luz de su frase "Yo les he dado el ejemplo"?

4) ¿Qué significa ser servidor al conocer la práctica de Jesús?

5) ¿Cuáles son las dificultades que experimentamos para llevar a la práctica lo que Jesús nos enseña?

6) En la realidad de nuestro barrio, de nuestras comunidades, ¿qué sería repetir el gesto del "lavatorio de los pies"? Señalar ejemplos y prácticas concretas. Ponerse de acuerdo para realizar un gesto solidario.

7) Compartir una oración en común pidiendo al Señor que nos ayude a vivir como él nos enseña, acompañando la palabra con el testimonio.

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