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El desierto nuestro
de cada día
por
Marcelo A. Murúa
| "Venid vosotros
al desierto para descansar un poco" |
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Marcos
6, 31
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El desierto es
una figura bíblica riquísima
en significado para nuestra vida de fe.
La vida de discipulado y seguimiento de
Jesús necesita de momentos de desierto,
en los cuales nos dejemos conducir por el
Señor para quedarnos a solas con
él.
El desierto,
lugar de encuentro con el Señor
En el lenguaje
bíblico el desierto es un lugar geográfico
inhóspito, peligroso para la vida,
sin agua y alimentos para vivir, poblado
de fieras (textos que caracterizan al desierto:
Gén. 2, 5; Is. 6, 11; Lev. 16, 10;
Is. 13, 21)
La experiencia
fundante del pueblo de Israel, la liberación
de Egipto y el paso a la tierra prometida
por Dios, atraviesa un largo tiempo de desierto.
La memoria de este caminar es interpretada
por el pueblo como la presencia activa de
Dios, la gran manifestación de su
Amor (Deut. 26, 5-9; Sal. 136, 16)
A lo largo de
la historia de salvación el desierto
se presentará como lugar privilegiado
para el encuentro con Dios:
Abrahan
es llamado a caminar por el desierto para
llegar a la tierra que Dios le ha concedido.
Moisés
descubre su vocación y experimenta
la presencia de Dios en el desierto, mientras
cuidaba el rebaño de sus ovejas.
El
pueblo de Dios camina por el desierto
en donde su fe y confianza en la promesa
de Dios es puesta prueba en varias oportunidades.
El
profeta Elías es un hombre que
viene del desierto y en él descubre
al Dios verdadero.
Juan
el Bautista, como Elías, es un
hombre del desierto.
Jesús,
antes de comenzar su vida pública,
pasa un tiempo de preparación en
el desierto. Y luego, en numerosas oporutnidades
de su vida lo encontramos en lugares desolados,
adonde se retira para el encuentro con
el Padre.
El desierto,
tiempo de encuentro con el Señor
El desierto no
es sólo un lugar físico sino,
principalmente, un tiempo privilegiado para
el encuentro con Dios. Los judíos
asignaban al tiempo una característica
cualitativa, había un tiempo para
cada cosa, lo llamaban un "tiempo propicio".
El desierto es el tiempo propicio para escuchar
a Dios.
Significa una
interrupción de la vida cotidiana,
para retirarse por un momento, y renunciar
a la rutina diaria para regalar un tiempo
de nuestra vida a Dios. Es interrumpir las
tareas propias de la vida para ofrecer a
Dios un momento para la contemplación
y la escucha.
Como tiempo para
Dios no implica un lugar físico determinado
sino una actitud del corazón, capaz
de llevarse a la práctica aún
en medio del devenir cotidiano. Un buen
ejemplo que explica esto lo tenemos en la
actitud de Marta y María ante la
visita de Jesús a su casa: el Señor
alaba la actitud de María, quien
permanece a los pies del Maestro escuchando
su palabra.
El desierto es
interrupción del quehacer cotidiano
para salir al encuentro de Dios en actitud
de búsqueda, escucha y silencio.
Es tiempo de gracia porque es don gratuito
a Dios, le ofrecemos y entregamos un momento
de nuestra vida para que El disponga.
"El desierto
es un lugar privilegiado para el encuentro
con Dios. Más que un lugar geográfico,
es una situación personal, es un
espacio singular para romper con las ataduras
del mundo y adentrarnos en la órbita
de lo sagrado, quitándonos las
sandalias para acercarnos al Señor.
Es el lugar apropiado para vivir la pobreza
y el silencio, donde se escucha la voz
del Espíritu. En el desierto se
purifica uno de la esclavitud de tantos
ídolos y se prepara para llegar
al oasis de la tierra prometida."
Desierto:
una experiencia de gracia, pág.
109. Francisco M. López Melús,
Ed. Sígueme.
El desierto,
la experiencia que nos hace y re-hace como
discípulos
"Por eso voy
a seducirla, la llevaré al desierto
y le hablaré al corazón"
Os. 2, 16
En el lenguaje
esponsal que utiliza el profeta Oseas para
describir la relación entre Dios
y su pueblo, apreciamos como la iniciativa
del desierto parte de Dios. El busca suscitar
el encuentro (y el re-encuentro) para hablarnos
al corazón. El texto es muy hermoso
y señala cómo Dios protegerá
la vida de su amada en el desierto, cómo
la purificara de sus faltas (la referencia
a "Baal" apunta a la idolatría, la
raíz de nuestro alejamiento de Dios
está siempre en buscar a Dios por
otros caminos
hacernos imágenes
de El), y cómo reestablecerá
una alianza de Amor, fundada en la justicia,
el derecho, el amor y la ternura. Así
la esposa (el pueblo
nosotros) conocerá
a Dios.
Como señalamos
anteriormente, los personajes clave de la
historia de salvación son hombres
y mujeres de desierto, pues para encontrar
a Dios y descubrir su proyecto hace falta
hacer silencio, despojarse de todo y ponerse
en sus manos, a la escucha.
El desierto es
una iniciativa de Dios, por eso quien quiere
ser discípulo debe seguir a Dios
hacia el desierto, que es donde se revela
y muestra tal como es.
La experiencia
de Elías nos muestra que la ida al
desierto no es fácil ni sencilla.
Dios lo prepara pues "el camino será
largo para tí" (1 Re. 19, 7). En
el desierto Dios no nos abandona, por el
contrario nos cuida, nos protege y nos alimenta.
El mismo Jesús
atraviesa por esta experiencia. El evangelio
de Marcos utiliza una palabra provocadora
para revelar la profundidad de esta experiencia:
"El Espíritu
lo empujó al desierto"
Mc. 1, 12
El texto sugiere
un matiz que queda escondido en las traducciones
de los otros evangelistas, más recordadas
por nuestros oídos ("lo condujo",
dirá Mateo; "se dejó guiar",
en palabras de Lucas). Empujar nos hace
pensar en nuestras resistencias, miedos
e incertidumbres, a la hora de "dejarse
guiar" al desierto. Es interesante y revelador
leer en la Palabra de Dios que a Jesús
"lo empujó el espíritu", porque
a cada uno de nosotros nos suele pasar lo
mismo.
La vida pública
de Jesús nos muestra muchos momentos
en los cuales él se retira a lugares
desolados, o de madrugada (cuando todos
duermen y hay silencio), o a lo alto del
monte, para orar y estar a solas con Dios.
Tan importante es esta actividad para Jesús
que lleva a sus discípulos a participar
de esta experiencia. Les enseña a
"hacer desierto" en sus vidas. La cita de
Marcos (Mc. 6, 31) con la cual comienza
esta reflexión, situada entre la
misión de los discípulos y
la primera multiplicación de los
panes, es muy reveladora. Los discípulos
han participado, por primera vez, del anuncio
y testimonio del Reino. Han repetido la
práctica del maestro. Para seguir
aprendiendo hay que volver al desierto,
a escuchar la voz de Dios, a dejarse llevar
por su Espíritu para hacer su voluntad.
Otro momento clave para la vida de Jesús
es la oración en el huerto. Ante
la proximidad de su muerte violenta Jesús
se retira con sus amigos más íntimos
a orar al Padre
los conduce a participar
de su desierto (Mc. 14, 32ss).
El discípulo
es el que escucha la voz del Señor,
quien se deja instruir y formar por su palabra
(como nos enseña Isaías en
un hermoso y poco trabajado texto, Is. 50,
4-5). El desierto es la experiencia que
nos hace y re-hace discípulos del
Señor. En ella nos dejamos conducir
y empujar por su Espíritu, para encontrarnos
en la soledad del silencio ante Dios, para
que El tenga la iniciativa y nos vuelva
a seducir
para que nos hable al corazón
y nos infunda su Espíritu para vivir
su proyecto (Ex. 36, 26-27)
El desierto
cotidiano, clave para una espiritualidad
en los pasos de Jesús
El desierto es
una actitud del discípulo, más
que un lugar físico o geográfico,
es el lugar espiritual adonde alimentarnos
de Dios para poder vivir según su
voluntad.
Todos podemos
hacer un tiempo diario de desierto. Se trata
de encontrar un momento para poder hacer
silencio interior, olvidar nuestras preocupaciones
y alegrías, silenciar nuestra voz
para dejarnos acariciar por la presencia
del Dios que está junto a nosotros.
Buscate un momento
en el día, de mañana bien
temprano o cuando todos duermen
y
tomate 10 minutos (no más para empezar,
con eso alcanza y sobra si verdaderamente
lo puedes mantener).
Comienza por
repasar todo lo que vas viviendo... algo
así como "contemplar" la vida (para
no ser arrastrado por ella), dar gracias,
pedir fuerzas, ofrecer lo que no puedas
manejar... o sentir simplemente un ratito
de silencio adentro.
Luego dejate
ganar por el silencio
y la voz de
Dios te hablará al corazón.
Finalmente puedes
leer el evangelio del dia, para meditarlo
y orar con la Palabra de Dios, y así
llevar durante la jornada su palabra bien
adentro, como María, la primera discípula,
"quien guardaba fielmente en su corazón
todos estos recuerdos" (Lc. 2, 51).
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Propuesta
para un tiempo de desierto personal
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Te proponemos
tres textos bíblicos que transmiten
experiencias
de desierto que iluminarán
nuestro caminar.
La experiencia
de Moisés
Leer Ex.
3, 1-15
Intenta
recordar lo que conoces de la vida
de Moisés.
¿En dónde se encuentra?
¿Qué está haciendo?
¿Cuáles son sus actitudes
a lo largo del texto?
¿Cómo se manifiesta
Dios? ¿Cuáles son sus
palabras?
¿Qué aprendes de la
experiencia de «desierto»
= encuentro
con Dios,
de Moisés, para tu propia
vida?
La experiencia
de Elías
Leer 1
Rey. 19, 1-16
Intenta
recordar lo que conoces de la vida
de Elías.
¿En dónde se encuentra?
¿Por qué está
allí? ¿Cómo se
siente? Presta atención a
sus palabras e intenta relacionarlas
con momentos de tu vida personal...
¿Cómo se manifiesta
Dios? ¿Qué gestos tiene
con Elías?
Observar que en la experiencia de
Elías hay dos momentos de
desierto, el segundo le lleva «tiempo»
y «camino»... para profundizar
y «purificar» su relación
con Dios.
¿Adónde llega Elías?
¿Su camino te hace recordar
otras experiencias bíblicas
de desierto (el pueblo en el Exodo,
Jesús en el desierto...)?
¿Qué sucede en la montaña
de Dios?
¿Qué aprendes de la
experiencia de «desierto»
= encuentro con Dios, de Elías,
para tu propia vida?
La experiencia
de los discípulos
Leer Lc.
9, 26-38
¿Adonde se dirige Jesús
y para qué? ¿Recuerdas
otros momentos similares de Jesús
que nos presenten los evangelios?
¿A quiénes invita para
que lo acompañen?
¿Qué sucede en lo alto?
¿Quiénes aparecen junto
a Jesús? ¿Qué
importancia tienen estos personajes
bíblicos? ¿Qué
sucede con Jesús?
¿Qué signo se manifiesta
en la cima de la montaña?
¿Recuerdas ese signo en el
Antiguo Testamento? ¿Qué
presencia revela? ¿Qué
palabras se escuchan y a quiénes
van dirigidas?
¿Qué aprendes de la
experiencia de «desierto»
= encuentro con Dios, de los discípulos,
para tu propia vida?
¿Qué
escuchas de Dios a través de
estos textos? ¿Qué te
dice para tu vida?
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