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Pascua: la muerte ha
sido vencida
por Ricardo
Stirparo y Horacio Prado
Se acerca la
Pascua. Una vez más Dios nos sale
al encuentro para abrazarnos como el "padre
misericordioso a su hijo arrepentido" Lc.
15, 20. El Señor ha decidido no darle
la espalda a los hombres. Al contrario,
en tiempos donde parece que la humanidad
ha perdido su rumbo, donde ha entrado en
profunda crisis el sentido de la vida, Jesús
se juega por nosotros. Ofrece su vida en
la cruz y vuelve a rescatarnos de la violencia,
del odio, del sinsentido, de la injusticia.
Queremos en esta
Pascua abrir nuestro corazón, porque
urge la necesidad de dejarnos abrazar por
el amor de Dios, para poder anunciar a todos
que "la muerte ha sido vencida" 1 Cor. 15,
54
Les proponemos
a través de este encuentro, dejarnos
encontrar por el Señor que nos sale
al encuentro en esta Pascua.
Celebraciones
para este tiempo pascual
Objetivo: generar un espacio de encuentro con el amor
de Dios, expresado en la Cruz de su Hijo
Jesús.
Comprometernos
con el "paso" real y concreto que Jesús
quiere hacer en cada uno de nosotros, para
poder vivir como verdaderos testigos de
su Resurrección.
Esquema de la
Celebración:
Introducción: Explicamos el motivo del encuentro y hacemos
referencia a los signos presentes:
- Una cruz (de
gran tamaño).- El cirio pascual.
- Un espacio reservado a la Virgen y a la
Palabra de Dios.
Entrada de
la Virgen y de la Palabra de Dios: Con
un canto recibimos a nuestra Madre representada
en una imagen de María y a la Palabra
de Dios que viene a nuestro encuentro a
darnos vida.
1º Momento: "Este es el Cordero de Dios quita los
pecados del mundo"
"El que vive
en Cristo es una nueva criatura: lo antigua
ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho
presente. Y todo esto procede de Dios, que
nos reconcilió con él por
intermedio de Cristo y nos confió
el ministerio de la reconciliación.
Porque es Dios el que estaba en Cristo,
reconciliando al mundo consigo". 2Cor. 5,17-19
Este primer momento
de la celebración estará centrado
en reflexionar juntos, sobre las situaciones
sociales marcadas por el pecado (injusticia,
violencia, explotación, etc.) por
las cuales el Señor sigue ofreciendo
su vida hoy.
Para esto, el
catequista o coordinador, ofrecerá
al grupo una breve descripción sobre
la realidad del pecado en el mundo.
Puede ayudarse
con algunos datos que reflejan la necesidad
de un cambio urgente en el mundo:
- FAO: Cada
día mueren de hambre 100.000 personas.
De esas 100.000 personas, 40.000 son niños.
- UNICEF: 1.500.000.000
de personas mal nutridas. 1.200.000.000
de personas no disponen de agua potable.
250.000.000 de niños que no tienen
escuelas.
- En América
Latina el 50% de la riqueza está
en manos del 2% de la población.
El otro 50% de la riqueza debe repartirse
entre el 98% de la población.
- En la Argentina
(2002):
- 20.000.000
viven en la pobreza (53 %)
- 9.000.000
de los pobres son considerados indigentes
- 4.000.000
son menores de 14 años que
no pueden acceder a la alimentación
básica diaria
- 6.150.000
se convirtieron en nuevos pobres en
el último año
- 7 de
cada 10 niños nacen en hogares
pobres
- en poco
tiempo los analfabetos igualarán
en número a los universitarios
Luego, invitamos
a ofrecerle al Señor los pecados
del mundo, para que Él los asuma
en la cruz y se los presente al Padre.
Para esto, en
grupos de cuatro reflexionaremos con la
siguiente guía:

Gesto: Luego de la reflexión se invita a
ofrecerle al Señor las situaciones
de pecado que hemos encontrado en el mundo,
en el país, en nuestro grupo y en
nuestra familia. Para ello pasarán
hasta la cruz que preside la celebración,
y pegarán sobre ella los papeles
sobre los que han realizado la reflexión.
Acompañamos este gesto cantando juntos
y pidiéndole a Jesús que a
todos los hombres reconcilie con el Padre.
2º Momento: "Me amó y se entregó por mí"
Gal. 2, 20
En este segundo
momento, daremos el paso de descubrir que
no solo tenemos necesidad de la entrega
de Jesús en las realidades sociales,
sino que en nuestra vida, en nuestro corazón
necesitamos de la Pascua de Jesús.
Necesitamos que el Señor nos convierta
el corazón. Nos haga jóvenes
nuevos para poder construir un mundo nuevo.
La violencia, el egoísmo, la injusticia,
la indiferencia... no sólo la encontramos
en el mundo o en la sociedad, están
muchas veces enraizadas en nuestros corazones.
Por eso, en esta Pascua necesitamos pedirle
al Señor que en la cruz ofrezca su
vida una vez más por cada uno de
nosotros.
Leemos y anunciamos
Rm. 6, 1-23:
"Si hemos muerto
con Cristo, creemos que también viviremos
con él. Sabemos que Cristo, después
de resucitar no muere más, porque
la muerte ya no tiene poder sobre él.
Al morir, él murió al pecado,
una vez por todas; y ahora que vive, vive
para Dios. Así también ustedes,
considérense muertos al pecado y
vivos para Dios en Cristo Jesús.
Antes ustedes eran esclavos del pecado,
ahora en cambio, están libres del
pecado y sometidos a Dios: el fruto de esto
es la santidad y su resultado, la vida eterna".
Oración
personal: Luego de comentar la Palabra
anunciada, invitamos a cada participante
a un rato de oración personal, Cada
uno podrá escribir en un papel que
tendrá la forma de una cadena (símbolo
de aquellas situaciones que nos alejan de
Dios y de los demás, que no nos dejan
crecer como personas y cristianos, que nos
roba la libertad de vivir como hijos de
Dios) aquellas situaciones de nuestras vidas
que queremos ofrecer en esta Pascua a los
pies de la cruz de Jesús.
Señor,
te pido que en esta Pascua me ayudes a cambiar...
por eso te doy mis pecados:

Gesto: Luego, invitamos a realizar el gesto en
un clima de oración. En forma personal,
cada uno se acercará a la cruz y
a los pies de la misma, (en un recipiente
ubicado previamente), romperá la
cadena que contiene aquellas raíces
de pecado que encontramos en nuestro corazón.
El contenido del gesto, es celebrar que
Jesús con su Pascua, nos hace libres
del pecado: "Ya no le debemos nada al pecado,
porque Jesús pagó nuestra
deuda, al precio de su sangre. ¡Ahora
somos libres! ¡Somos hijos de Dios!"
Como es un gesto
de íntima oración, lo acompañamos
con un canto.
Oración
final: Finalizamos esta celebración
orando juntos con alegría y cantando
un canto de alabanzas.
"Ustedes buscan
a Jesús de Nazaret, el Crucificado.
No está aquí, ha Resucitado"
Mc.16, 6
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