|
Cuaresma, tiempo de oración.
Salir al encuentro, como Jesús,
del Dios de la Vida
que espera en la oración
y en el silencio.
Tiempo de oración
para rumiar la Palabra,
para discernir la realidad,
para sondear los caminos,
para aceptar desafíos,
para buscar su voluntad.
Tiempo para orar,
a la manera de Jesús,
desde la vida y sus conflictos,
con la mirada en el Reino
y las manos vacías, diciendo,
simplemente, «Padrenuestro».
Cuaresma, tiempo de escucha.
Escuchar a Jesús,
sus enseñanzas, sus opciones,
su práctica liberadora...
Escuchar a Jesús que no se calla,
que vive para los demás,
que vive para servir...
Escuchar a Jesús, que toma la cruz,
que acepta los riesgos.
el conflicto, la soledad del Reino.
Escuchar a Jesús,
como nos pide Dios.
|
Cuaresma, tiempo de desierto.
Para volver al silencio
que permite escuchar al Padre;
para volver al silencio que ayuda
al encuentro con uno mismo;
para volver al silencio
que prepara para seguir a Jesús.
Desierto que significa
buscar la voluntad de Dios,
revisar la vida para encontrar
lo que hay que cambiar.
Desierto que implica
escucha atenta, discernimiento
nacido de la Palabra,
actitud de discípulo
que quiere aprender.
Cuaresma, tiempo para Dios.
Tiempo de escucha,
oración y desierto.
Tiempo para ofrecer a Dios
y esperar su palabra.
Tiempo de camino
a la Pascua de Jesús,
para crecer en la fe
y sostener la esperanza.
¡Animate a vivir esta cuaresma
como un tiempo fecundo
para Dios!!
- Que así sea -
Marcelo
A. Murúa
|