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En el cara
a cara
del silencio profundo,
allí donde las palabras no
suenan
porque nacen del corazón,
tu mirada encuentra mis ojos
y tu pregunta conmueve
hasta el interior
¿quién soy yo para tí?
me dice tu presencia
poniendo por delante
y por detrás la vida toda.
Tú
eres el Dios de la Vida, mi Señor,
tú eres el compañero
fiel
que está siempre a mi lado.
El maestro que me descubre
mis propios talentos y dones.
El amigo que me palmea el hombro
y me alienta en el camino.
Tú
eres el Dios de la Vida.
Horizonte de mis días,
lucero de mis mañanas,
alegría de mi sonrisa
y sostén firme de mi existencia.
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Tú
eres el Dios de la Vida.
Que me llamas
a dar todo por los otros,
que me invitas a sumar
mis esfuerzos para tu Reino,
que sales a mi encuentro
en el sufriente y el marginado,
que me sorprendes
en el niño y el anciano.
Tú
eres mi Dios,
aquel que quiero seguir
por donde El vaya.
Aunque cueste y sea díficil,
aunque haya renuncias y opciones.
Porque
Tu eres la Vida y el Camino,
la fuente de donde brota mi propia
vida
y el destino final de mi sendero.
Tú
eres el Dios de la Vida
el Señor,
el Dios Bueno.
Marcelo
A. Murúa
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