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Unidos al Señor en su misterio pascual
Evangelio de san Juan Cap. 12 al 21
Reflexiones para Semana Santa

texto del libro "Sufrir pasa" de Mamerto Menapace, osb
Monasterio Santa María de los Toldos

guías de oración por Marcelo A. Murúa

 

La hora y el signo
Juan 12, 20-36

 

Estaban acercándose a la fiesta de la Pascua: la Grande entre las fiestas. Y Jesús había resuelto decididamente ir a Jerusalén. Sabiendo que allí le esperaba la Cruz y la muerte.

Pero quería cumplir la voluntad del Tata. Para eso había venido al mundo. Y nada, ni nadie habría de apartarlo de esa misión. Sabía que se acercaba la Hora. Esa que habían anunciado los profetas desde antiguo. Y la que el Viejo Simeón le previniera a María en el templo cuando acudieron a Jerusalén por primera vez.

Y allí se encontraba con sus discípulos. Como si estuviera esperando un signo que le hiciera ver lo que El mismo deseaba ardientemente. Y el signo llegó. Aparentemente muy sencillo. Casi fuera de contexto.

Tal vez El mismo no conociera la Hora de una manera tan clara como nosotros nos la imaginamos hoy. No hubiera sido humano y Cristo lo era plenamente y sin trampas. Pero tenía una sensibilidad alertada en la atenta escucha de la voluntad del Tata. Intuía por los signos la llegada del momento. Lo mismo que el vegetal, cuando algo bulle por dentro en el silencio de su madera verde y el llamado de la primavera lo encuentra alerta.

Unos paganos, griegos, querían conocer a Jesús. Tal vez se sintieron medio descolgados en esa fiesta estrictamente judía. Como no pertenecientes al Pueblo de Dios, al menos por la sangre, les estaba prohibida la entrada al templo. Pero querían conocer a Jesús. No se animan a encararlo directamente.

Dos apóstoles harán de intermediarios: Felipe y Andrés, quienes fueron a decírselo al Señor.

Quizá en el secreto de sus noches de oración había presentido que su misión en la tierra terminaría con la glorificación cruenta de su muerte. Y que ello sería la apertura a todos los pueblos. La lámpara que había alumbrado solamente a Israel, al ser sepultada por las tinieblas, dejaría paso al Sol de justicia que alumbra a todas las naciones.

Ya se había encontrado premonitoriamente con los paganos. Allá en su infancia, como se lo contara su Madre, había sido visitado por los Magos, y los egipcios lo habían acogido como prófugo. Más tarde fueron el Centurión y la Cananea. Los samaritanos y los sidonios también lo habían encontrado y recibido. Pero en el fondo, todos estos sólo habían participado de las sobras desperdiciadas por los niños caprichosos de la mesa de Israel.

Ahora, en cambio, los paganos pedían verlo. Los pueblos que andaban en tinieblas buscaban la luz que viene de lo alto. Y Jesús se da cuenta de que ha llegado la hora en que la antorcha sea elevada y arda en plenitud, para que pueda atraer todo hacia Sí.

Es consciente de que ello significa morir. Y humanamente todo su ser rechaza el sufrimiento y la muerte. Quisiera esquivar esta hora, y hasta se siente tentado de suplicar al Padre para que la suprima, sabiendo que sería escuchado. Pero también sabe que ha venido justamente para esto. Ante el dilema, opta decididamente por la voluntad del Tata. Toda su voluntad propia se pone en tensión y en disponibilidad para que sea glorificado el nombre de su Tata que está en los cielos. Nuevamente el Padrenuestro le brota de los labios, lo mismo que en el silencio del cerro en sus noches soledosas. Pero aquí está entre los hombres y en el corazón de la ciudad donde mueren los profetas. No es lícito el silencio. Por eso grita:

- ¡Tata. Glorifica tu Nombre!

Y la Voz del Jordán y del Tabor vuelve a hacerse trueno. El -que- Es, está.

Yo - estaré no defraudó a Moisés ante una misión condenada humanamente al fracaso. Nuevamente el Tata se compromete a hacer del fracaso humano su camino de liberación.

Si el gramo de trigo, entregado a la tierra no acepta morir, se queda solo.

Si se entrega, se hará trigal.

Crean en la Luz. Si la antorcha no se quema, se queda sola y a oscuras. Pero si se consume y arde, alumbra a todo hombre que llega a este mundo. Y atrae todo hacia sí.

 

Guía para la oración personal

Lectura bíblica

Leer el evangelio de Juan 12, 20-36

Meditación

¿Qué dice el texto?

Ubicar el texto dentro del evangelio de Juan. Para ello leer brevemente los versículos 12 y 13 del mismo capítulo (Jn. 12, 12-13). Jesús había subido a Jerusalén para la fiesta de Pascua y durante su entrada a la ciudad tiene lugar esta escena.

  • ¿Qué sucede en la escena evangélica?
  • ¿Quiénes son protagonistas?
  • ¿Quiénes se acercan a los discípulos? ¿Con qué intención?
  • ¿Qué responde Jesús? ¿Qué significa la comparación con el grano de trigo?
  • ¿Qué signo acontece?

Relacionar este texto con dos escenas de la vida de Jesús que nos presentan los evangelios sinópticos: la oración en el huerto y la Transfiguración. Reconocer qué palabras de Jesús y del Padre son similares en estas escenas.

¿Qué nos dice el texto (para la vida)?

Releer el texto de Mamerto Menapace, ¿qué signo le ayuda a Jesús a reconocer que ha llegado su Hora (en el evangelio de Juan la Hora de Jesús es el momento de su Glorificación, es decir su pasión, muerte y Resurrección)?

¿Cómo escuchar mejor la voz del Padre en nuestra vida cotidiana?

Si el grano de trigo no muere, queda solo y no fruto…
Si la antorcha no se quema, se queda sola y a oscuras…

¿Cómo vivimos en la vida de todos los días esta entrega que Dios nos pide para dar fruto y luz a los demás? ¿Somos generosos en la entrega o nos cuesta seguir los pasos de Jesús?

Oración

Pensemos en las actividades, ambientes, situaciones… en las cuales el Padre nos pide que seamos semilla y luz. Oremos para que el Señor Resucitado nos de fuerzas para entregarnos con mayor fidelidad al Proyecto del Reino.

 

 

La manera de ser feliz
Juan 13, 17

 

- Si sabiendo esto, lo viven, serán felices.

No basta la ciencia para ser feliz. Es necesaria la sabiduría. Tenemos que tener el sabor de las cosas a través de la rumia que nos permite asimilarlas, integrándolas a nuestra vida.

Jesús está hablando del servicio humilde, el que crea la comunidad reunida para celebrar la Pascua. Y nos invita a vivenciar en forma secreta el servicio.

Sabe que los discípulos están buscando jerarquizar la comunidad, y para ello discuten y exigen puestos que lo expresen. Siempre los gestos son fundamentales, cuando una comunidad se reúne. Sin palabras, con el solo lugar exigido y defendido, se está proclamando una preeminencia, y exigiendo con ello una disponibilidad por parte de los demás. El ceremonial consta justamente de un conjunto de requisitos en los que se jerarquiza a los asistentes por los lugares y actitudes que le son asignados. Cuanto más cerca del que preside, mayor categoría en la comunidad. Y a mayor dignidad, más gestos de honor y de respeto en el ceremonial.

Todo esto es humano y lógico. El hombre es un animal social. Es un ser jerarquizado por estar destinado a convivir y a conocer sus derechos. Tiene acceso a la ciencia que reflexiona. Sabe que sabe.

Pero Cristo vino a superar todo esto. Quiere que el hombre sobrepase su ser de animal social, y que llegue a ser feliz mediante el sabor de una vida entregada.

El mismo está a punto de consumar el gesto total de ofrenda. E invita a imitarlo. Sus discípulos y amigos deberán construir la comunidad desde una actitud de servicio.

Será mayor, quien sirva mejor.

 

Guía para la oración personal

Lectura bíblica

Leer el evangelio de Juan 13, 1-17

Meditación

¿Qué dice el texto?

Observar el versículo 1, con el que empieza el capítulo. Juan da comienzo a la narración de la hora de Jesús, y al principio (y dentro del contexto de la Ultima Cena de Jesús con sus discípulos) presenta el signo del lavatorio de los pies. Es interesante descubrir cómo Juan señala primero el signo y luego las palabras de Jesús que lo explican, en este caso, el mandamiento del amor (ver 13, 12-15 y más adelante Jn. 13, 34-35) que es servicio.

  • ¿Quiénes participan de la Cena?
  • ¿Qué gesto hace Jesús?
  • ¿Cuál es la reacción de los discípulos?
  • ¿Qué les explica a continuación Jesús?

¿Qué nos dice el texto (para la vida)?

Releer el texto de Mamerto Menapace, ¿cuál es la manera de ser feliz que nos enseña Jesús?

Comparar esa manera con las "recetas" de felicidad que ofrece la sociedad de nuestros días.

Recordamos personas que fueron "felices" a la manera de Jesús… ¿quiénes? ¿qué aprendemos de ellas y ellos?

Pensar en las características de la comunidad eclesial en la que vivimos nuestra fe. El texto de Juan y las palabras de Mamerto, ¿qué nos hace ver¿ ¿Cómo vive nuestra comunidad esta actitud de servicio? ¿Qué debemos cambiar para seguir mejor el ejemplo de Jesús?

Oración

¿Cuáles son las cosas, actividades, momentos, situaciones… que me hacen feliz? Compararlo con la propuesta de Jesús. Dar gracias por los momentos de nuestra vida en los cuales seguimos su ejemplo (recordarlos, saborearlos, ofrecerlos), y pedir perdón por las situaciones en las cuales no buscamos una jerarquía de servicio sino de poder.

 

 

Tengan confianza
Juan 16, 29-33

 

Los discípulos creen creer. Y el Señor sabe que es una fe sin consistencia, que sucumbirá en poco tiempo.

Lo que pasa es que confunden comprender con creer. Por el solo hecho de que comprenden lo que el Señor les dice, suponen que creen. Tal vez, ni siquiera entiendan. Pero se sienten gratificados por esta última parte del discurso del Señor.

Cuando les hablaba de partida y soledad, se habían angustiado y se preguntaban qué podría significar aquello. Ahora, en cambio les habla del amor del Padre, de su propio regreso y de su intercesión. Todo esto los tranquiliza y asegura. Y así, cuando oyen lo que les gusta escuchar, afirman que creen.

Y el Señor pone en duda este tipo de fe. Sabe que, ni bien venga el cimbronazo, aflojarán como blanditos y cada uno se dispersará para su lado.

Pero la cosa no queda allí. La fe tiene sentido. Sólo que se basa en otra cosa:

- Yo he vencido al mundo. Tengan confianza.

 

Guía para la oración personal

Lectura bíblica

Leer el evangelio de Juan 6, 16-33

Meditación

¿Qué dice el texto?

Releer en primer lugar los versículos 16 al 18.

¿Qué dice Jesús? ¿Qué pasa con los discípulos? ¿Qué sentimientos tienen?

Continuar leyendo los versículos 19 al 28.

¿Qué dice Jesús: sobre los discípulos y su fe, sobre El mismo y sobre el Padre?

Ahora leer los versículos 29 al 33 (sobre los cuales es la reflexión de Mamerto)

¿Qué dicen los discípulos? ¿Qué dice Jesús?

¿Cuáles son sus palabras finales?

¿Qué nos dice el texto (para la vida)?

Releer el texto de Mamerto Menapace, ¿qué sucede con los discípulos? ¿Cómo caracteriza Mamerto su fe?

Comparar con nuestra propia fe… ¿qué nos pasa en los momentos de prueba, de soledad, de crisis o de conflicto?

Creer es entender a Dios, o confiar en Dios… ¿qué pide Jesús, que nos da la clave para vivir con verdadera fe?

Oración

Pensemos en las situaciones de conflicto que hemos vivido, vivimos o podremos vivir a causa del seguimiento de Jesús. Ofrecerlas y pedir fuerzas para mantener firme la fe confiando en la presencia del Señor a nuestro lado.

 

 

Es el Señor
Juan 21

 

Los acontecimientos se habían sucedido con tal precipitación, que el pobre Pedro no había tenido ni siquiera la oportunidad de estribar.

Lo de la Cena fue como un sueño. No entendió nada. Quizá, incluso, la pena y el calor del asador, lo habían llevado esa noche a algún trago de más.

En el Jardín de los sucesos lo sorprendieron sin darle tiempo a despertarse del todo. Y luego los acontecimientos se habían derrumbado sobre él como una pesadilla. Cada vez que quiso afirmarse, fue para caer en un resbalón peor: el hachazo sin rumbo, y el reto directo; el desconcierto y la huida; el seguimiento a escondidas y la imprudencia al entrar; la pregunta inesperada y la respuesta evasiva; y finalmente el interrogatorio sin escapatoria del cual zafó con el juramento en falso.

Todo esto, reiterado. Hasta que el gallo le refrescó la memoria, como si de pronto le amaneciera dentro del corazón. Vino entonces la mirada de Jesús y la respuesta de un largo llanto.

Casi sin tiempos intermedios ocurrieron la condena de Jesús, su muerte y la sepultura. Todo ello vivido desde la impotencia de un espectador más, teniendo encima el remordimiento de una traición para la que no había podido encontrar ocasión de disculparse. Y luego de la sepultura, estuvo el miedo a los judíos, siempre en guardia contra los galileos exaltados.

¿Qué tenía que ver todo aquello con su amor por el Maestro? Es que acaso, toda esa serie de gestos sorpresivos y semiinconscientes: ¿podrían anular los tres años de seguimiento incondicional? El Señor ¿podría realmente creer él lo había seguido sin convicción, y lo había traicionado por desafecto?

Luego vino la Resurrección. Ningún gesto especial para él. La preferencia fue por la Magdalena. Y eso que él había salido corriendo con su amigo para cerciorarse de lo sucedido.

Sólo el sepulcro vacío y la ropa doblada. Quizá sintiera envidia de Cleofás y de su compañero. Esa hubiera sido una buena oportunidad para dar explicaciones. Seguramente él sí, lo hubiera reconocido. Aunque ya estaba medio escarmentado y no quería hacer más comparaciones con los otros.

Luego nada. El regreso a Galilea y el reinicio de la vida normal. Y ahora una noche vacía de pesca, como tantas veces en otros tiempos. ¿Sería simplemente el vacío la respuesta a su ansia de oportunidad?

Un forastero en la orilla. Una pregunta enigmática y con tono amigo de confianza. Una orden absurda y misteriosa. Y un resultado desproporcionado.

Toda esta escena tenía detrás demasiadas reminiscencias como para no alertar el alma de Pedro, con todo su mundo interior tensionado, mientras en ropa interior luchada con una red llena hasta romperse.

En ese momento se le acerca el amigo, confidente de todos los últimos sucesos. El de las señas sobreentendidas y de las preguntas en voz baja. Un joven en quien la experiencia aún no había asesinado la esperanza. El que vio y creyó. El que llegó antes, pero respetó precedencias. Este discípulo se le acercó a Pedro y le susurró su descubrimiento:

- ¡Es el Señor!

El anuncio lo agarró a Pedro sin defensas, pero no sin disponibilidad. Manoteó la ropa y se largo el agua. -¡Ahora o nunca! se dijo -. Quería tener la oportunidad de asegurar su amor al Señor. O quizá, la certeza de que el Señor no le había retirado su confianza.

Y nuevamente se encontró con una serie de gestos comunitarios, sin ninguna particularidad para él. El desayuno y el recuento de los peces. Y una pregunta que estaba en los labios de todos, pero que nadie ya se atrevió a hacer:

- ¿Vos, quién sos? -. Porque sabían que era el Señor, sobre todo al verle realizar el gesto inconfundible de partir el pan y compartirlo.

Y, finalmente solos. Pedro no puede dirigir el diálogo. Tiene que responder a un examen y aceptar un encargo.

La elección de Dios no es un camino que uno elige. Es un misterio al que se responde. Pero un misterio de amor al que sólo se puede responder con el amor, que incluso hace superar el propio pecado y que encierra un servicio concreto.

Y al final vendrá la muerte, que tampoco será algo elegido. Será el final lógico de un proyecto vivido según Dios.

Del resto se encargará El. Pero eso ya pertenece a la fe. Lo sabemos, pero es imposible conocerlo. Todo lo que imaginemos será una simple manera de alimentar el mientras tanto. Dios no se dedica a satisfacer nuestra curiosidad. Nos toma demasiado en serio. A El le interesa nuestra plenitud, no un simple retazo de nuestra imaginación.

- Si Yo quiero que las cosas sean así:

¿A vos qué?

Vos seguime.

 

Guía para la oración personal

Lectura bíblica

Leer el evangelio de Juan 21, 1-22

Meditación

¿Qué dice el texto?

La escena narra con delicadeza uno de los encuentros de los discípulos con Jesús Resucitado. Presenta varios paralelos con el texto de la vocación o llamado de los discípulos, narrado en el evangelio de Lucas (Lc. 5, 1-11) en la escena de la "pesca milagrosa". Estamos ante otro texto de vocación de Pedro y los discípulos, esta vez más profunda y decisiva, porque han pasado por la Pascua de Jesús.

  • ¿Quiénes intervienen en la escena?
  • ¿Qué hace Jesús? Prestar atención a sus gestos y a sus palabras.
  • ¿Qué sucede con Pedro?
  • ¿Qué le pregunta Jesús? ¿Qué encargo le hace (misión)?

¿Qué nos dice el texto (para la vida)?

Releer el texto de Mamerto Menapace, redescubrir el texto desde la experiencia y sentimientos de Pedro. Comparar lo que El vive con nuestra propia experiencia de llamado por el Señor.

Como dice con bellas palabras Mamerto, "la elección de Dios no es un camino que uno elige, sino un misterio al que se responde"… "un misterio de amor al que se responde con amor".

Recordar la experiencia personal de llamado del Señor. Contemplar ese momento de nuestra vida y saborearlo.

Descubrir qué nuevos llamados tiene el Señor para nosotros en este momento y situación de nuestra vida. ¿Qué nos pide? ¿Cómo responderle "con amor"?

Oración

Ofrezcamos al Señor nuestra vocación, para volver a descubrirla, y a profundizarla. Que esta Semana Santa sea, como para los discípulos, un reencuentro con el Señor que acoge con cariño, que nos busca para alimentarnos y compartir la vida, que nos llama a la misión siempre nueva y distinta, que nos invita al seguimiento hasta la cruz.

 

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