La
Presencia de Jesús se
hace ya insoportable para los
poderosos de su época.
Sus
constantes llamados a la conversión,
su amor a los pobres, su denuncia
de una religión que había
perdido el rumbo, su identificación
con el pueblo sencillo lo hacen
un personaje peligroso. Ante
Pilato argumentan que la seguridad
del imperio está amenazada.
Pilato cede ante las presiones.
"Pilato
les dijo: «¿Qué
voy a hacer con el que ustedes
llaman rey de los judíos?»
La gente gritó:«¡Crucifícalo!
Pilato les preguntó:
«Pero ¿qué
mal ha hecho?» Y gritaron
con más fuerza: «¡Crucifícalo!»
Pilato
quiso dar satisfacción
al pueblo: dejó, pues,
en libertad a Barrabás
y sentenció a muerte
a Jesús. Lo hizo azotar,
y después lo entregó
para que fuera crucificado."(Mc.
15, 12-15)
Se
desinteresa del problema y entrega
a Jesús para morir. Ante
la injusticia se lava las manos.
Jesús observa todo con
serenidad y confianza en Dios,
su Padre. Desde el silencio
de su corazón reza: Señor,
aquí estoy que se haga
tu voluntad.
La
figura de Jesús, pobre
e indefenso ante el tribunal
que lo condena, se hace presente
en estos días en las
vida de tantos hermanos, víctimas
de la injusticia y la falta
de fraternidad, sin vivienda
ni salarios dignos, muchas veces
despojados de sus derechos.
Son los condenados a muerte
de nuestro mundo de hoy. Los
mismos que Jesús amó
hasta la muerte de cruz.
Para aplicar
a la vida:
¿Estoy
dispuesto a dar la vida por
amor a los demás?
¿Qué
puedo hacer para evitar que
mis hermanos sean condenados
a vivir sin dignidad?
Ante
la injusticia, ¿nuestra
actitud es la de Pilato o
nos jugamos por la verdad
Oración
Padre
bueno,
danos fuerza para seguir a
tu hijo
por el camino de la cruz.
Danos fidelidad y valentía
para vivir por la verdad.
|