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Cuarta
Estación
Jesús
encuentra a su madre
"También estaban allí,
observándolo todo, algunas
mujeres que desde Galilea habían
seguido a Jesús para
servirlo."
Mt.
27, 55
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Camino
del calvario, los ojos de Jesús
encuentran a los de su madre.
Ella, también abandonada,
sola, silenciosa entre la gente
que murmura. Traspasado su corazón
por el dolor. No se cruzan palabra,
solo las miradas. Mirada de
madre, mirada de hijo. El dolor
de madre es aliento para el
hijo. Escucha su palabra, la
vive con decisión, aun
cuando le exija lo más
difícil. María
siempre presente en la vida
de Jesús, desde un segundo
plano, casi perdida, pero fiel
y animando, siempre animando.
María
se hace presente entre su pueblo
sufriente acompañándolo
y compartiendo sus angustias
como hace tiempo con Jesús.
Su presencia contemplativa no
es pasiva, por el contrario,
ella inspira y alienta a seguir
a Cristo, a cambiar las cosas,
a vencer la muerte instalada
entre nosotros. María
nos impulsa a contemplar la
acción liberadora de
Dios y a sumar nuestros esfuerzos
a su causa.
Para aplicar
a la vida:
María
nos muestra cómo el
camino del seguimiento puede
ser doloroso y exigirnos sacrificios,
¿cómo reaccionamos
cuando por seguir a Jesús
tenemos conflictos,vivimos
incomprensión o persecución?
Las
mujeres acomparon a Jesús
hasta el final, desafiando
el peligro, las miradas, el
rechazo. ¿Valoramos en
nuestras comunidades el aporte
de las mujeres?
Oración
Madre
buena,
señora del Espíritu,
muéstranos el rostro
de Jesús
y por donde pasa el Reino
en nuestros días.
Enséñanos a
cantar contigo
el canto al Dios de la Vida,
con la palabra, los gestos
y la vida toda.
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