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Los tres espíritus
por Mamerto Menapace,
publicado en La sal de la tierra, Editorial
Patria Grande
De
esto hace mucho tiempo. Fue para poco después
de esa gran creciente que se llevó
a casi toda la humanidad, con aves, bichos
y sabandijas. Además de cuarenta
días de aguacero sin parar, se rompieron
las defensas y el agua sublevada atropelló
llevándoselo todo por delante.
Anoticiado
por Tata Dios, el paisano don Noé
había construido una gran jangada,
sobre la que armó un enorme galpón
en el que guareció de cada especie
de bicho una yunta. Además logro
salvar a su familia: su patrona y los tres
hijos con sus esposas.
Cuando
bajó la creciente, aquello parecía
un cementerio. Pero no era cuestión
de echarse para atrás. Enseguida
se comenzó todo de vuelta. Noé
entregó a cada uno de sus hijos los
animalitos salvados, asignándoles
la zona de campo donde podrían criarlos.
Como él ya andaba medio viejo y con
las tabas entumecidas de tanta humedad como
había soportado, decidió dedicarse
a cultivar una pequeña chacrita vecina
a las casas.
Además
de la verdura y hortalizas para el consumo,
le dio al viejo por probar con unas especies
nuevas, que parecían ser de buen
porvenir. En una cosa de esas dio una plantita
medio rugosa, que daba una especie de racimos
con frutita muy dulce. Pensó que
podía ser buena fruta para fabricar
algún jugo virtuoso y reconfortante.
Sin darse cuenta, había descubierto
la planta de vid.
Como
era hombre de ingenio, en cuanto la vio
prosperar y crecer, enseguida le armó
una parra para que se fuera agarrando. A
cosa de una cuadra de las casas quedaba
el terrenito que le dedicó. Todos
los días iba a echarle una miradita,
a la vez que aprovechaba para carpir los
yuyos que aparecían entre los surcos
y almácigos. Si algún gusano,
de los salvados vaya a saber cómo
de la inundación, se atrevía
a subirse al parral, lo bajaba de allí
con el lomo del falcón, y lo aplastaba
con la bota sin miedo de acabar con su especie.
Una
mañanita encontró algo raro
en su quinta. Vio pisadas que no eran de
cristiano, pero tampoco parecían
de animal. Y para peor, parecía que
el desconocido se las había agarrado
con la plantita de viña. Porque allí
se arremolinaban las huellas, y hasta había
removido la tierra alrededor del tronco.
Lo rastreó, pero la rastrillada se
le perdió entre los pajonales un
par de cuadras más allá.
Como
no era hombre de dejarse madrugar por un
cualquiera, Noé se decidió
a esperarlo escondido entre los matorrales,
para ver qué intenciones traía.
Al principio no tuvo suerte. Una tardecita
sintió que le bicho volvía.
Digo bicho, porque le pareció que
se trataba de eso cuando vio aparecer algo
que podía parecerse a un mono. Pero
pronto se percató de que en realidad
se trataba del mismísimo Mandinga
en persona. Traía de una soguita
una mona, puro gruñido y morisquetas.
Se arrimó a la plantita de parra,
y sin más ceremonia, agarró
a la mona por el pescuezo y la degolló
allí mismo. Con su sangre regó
bien la tierra en derredor del tronco de
la planta. Después agarró
al animalito muerto, y revoleándolo
de la cola, lo tiró entre los pajonales.
Limpió el facón en los pastos,
y sin siquiera saludar se hizo humo.
Don
Noé no tuvo tiempo para reaccionar.
Cuando se quiso dar cuenta, Satanás
ya se había ido sin dejar rastros.
Pensaba irse para su casa a comentar lo
extraño del suceso pero volvió
a sentir ruido entre los pajonales. Esta
vez la cosa parecía en serio, porque
eran bramidos. Y no era para menos Mandinga
apreció de nuevo, traía un
puma a la cincha. Bravo andaba el bayo,
tirando zarpazos y dentelladas por todos
lados. Pero el diablo no era manco, y pisándole
en las ancas lo inmoló allí
mismo, repitiendo el extraño rito
de regar con su sangre la plantita de viña.
Terminada la operación, tomó
al puma por la cola y revoleándolo
lo tiró entre los pajonales. Y a
los saltos desapareció como si se
fuera a buscar otro animal para repetir
lo que andaba haciendo.
Noé
sospechó que volvería esta
vez decidió no dejarlo escapar. Se
tanteó la cintura para cerciorarse
de que el facón estaba a mano. De
su empuñadura colgaba el grueso rebenque
cabo de naranjo, y lonja de cuatro dedos
de ancho. Se agazapó sobre sus garrones,
listo para el salto. No tuvo que esperar
mucho. De nuevo se sintieron unos gruñidos
y golpes. Mandinga traía de la cola
y a los rodillazos un chanchito. Aunque
el animal se quería empacar, el diablo
se dio maña y lo arrimó a
la parra. Después de degollarlo,
como entendido en el asunto, volvió
a regar con su sangre el tronco y toda la
tierra que lo rodeaba. Ya se disponía
a tomarlo de la cola para revolearlo, cuando
Noé se le fue encima como un ventarrón.
No le dio tiempo ni pa' encomendarse a Dios.
De un talerazo en la nuca lo volteó
panza abajo, y ya se le tiró encima
apretándolo con las rodillas en la
cintura, mientras le bajaba el rebenque
sin asco por las asentaderas.
Mientras
le menudeaba los azotes, Noé le gritaba
furioso:
-¡Te
agarré, maldito! De aquí no
vas a salir sin marca, hasta que no me hayas
confesado todito lo que andás haciendo,
y por qué me has querido engualichar
mi viña.
Bramaba
el maldito por el dolor, pero no podía
sacárselo al paisano Noé de
encima. La boca se le llenaba de tierra,
y ya medio ahogado le suplicó que
no le siguiera pegando. Que le contaría
todo lo que había estado haciendo.
Así, ya medio charqueado por la lonja
de la guacha que Noé no le mezquinaba,
se decidió a confesar la picardía
que andaba realizando. Y apretando contra
el suelo, al final dijo:
-Le
estaba echando gualicho a la raíz
de la viña, para darle virtú
al vino.
-¿Y
de que virtú se trata? - bramó
Noé.
-Son
tres espíritus diferentes - respondió
el apretaro -. Tres espíritus que
se van despertando a medida que le hombre
se interna en el vino. Al principio es el
de la mona. Al que no sabe dominarse a tiempo,
en cuanto se bandea un poco, le entra el
espíritu de este bicho, y comienza
a hacerse el gracioso para hacer reír
a la gente. Y todos los que lo ven, lo cargan
diciéndole que suelte la mona que
se agarró. Si continúa bebiendo,
se le despierta el espíritu del puma.
Se pone malo y peleador. Se atreve cobardemente
con su mujer y con los chicos. Le da por
buscar camorra y por provocar peleas. Es
que le ha entrado en el cuerpo la sangre
del puma. Si continúa bebiendo, entonces
es el cerdo el que se le despierta por dentro.
Comienza a gruñir, se le cae el chiripá
y termina por tirarse en las cunetas revolcándose
en el barro igualito que un chancho.
-¡Ahá,
bicho desgracio! - bramó Noé,
al tiempo que le descargaba un tremendo
rebencazo -. Yo te voy a enseñar
a andar haciendo picardías. Aquí
mismo te voy a despenar para limpiar el
mundo de un sabandija como vos.
Pero al querer
sacar el facón, aflojó un
poco las rodillas, y Mandinga se le fue
de abajo como carozo mal apretado. Noé
quedó de rodillas y con el cuchillo
en la mano, mientras Mandinga salía
echando humo por los pajonales con el trasero
ardiéndole por los rebencazos.
Noé
se secó el sudor de la cara con la
punta del pañuelo que tenía
al cuello. Después se arrimó
con pena a la planta de vid, dispuesto a
cortarla de un solo hachazo. Ya había
levantado el facón, cuando el ángel
del cielo le detuvo el brazo al tiempo que
le pegaba el grito:
-¡No
amigo, no lo haga! ¡Respete los dones
de Dios! Llegará un día en
que el mismísimo Hijo de Dios necesitará
del vino, para convertirlo en su sangre,
a fin de que todo aquel que la beba tenga
la vida eterna, lo que es la vida de Dios.
Ahora usted ya sabe los peligros que encierra.
Tómelo con moderación y enséñele
a sus hijos y nietos la verdad de esta historia.
Pero
Noé medio afligido le dijo que aunque
así lo hiciera, a lo mejor sus descendientes,
empezando por sus hijos, no le harían
caso.
Entonces
el ángel de Dios agachándose
levantó del suelo el rebenque y se
lo alcanzó, mientras riendo le decía:
-Tome
amigo, y enséñeles
esto...¡pa' recuerdo!
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Guía
de Trabajo Pastoral por
Marcelo A. Murúa
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Cuento
Los
tres espíritus, de
Mamerto Menapace.
Publicado en el libro Cuentos
Rodados, Editorial Patria Grande.
Lectura
Realizar
la lectura del cuento en grupo.
Es importante que todos los
presentes tengan una copia del
texto. Se pueden ir turnando
dos o tres personas para leer
el cuento en voz alta.
Rumiando
el relato
Al
terminar la lectura entre todo
el grupo se reconstruye el relato
en forma oral (se lo vuelve
a contar).
- ¿Quiénes
son los protagonistas del
relato?
- ¿Qué
realiza "Mandiga" (Satanás)
con la planta de vid?
- ¿Cómo
reacciona Noé?
- ¿Cuáles
son las consecuencias de abusar
del fruto de la vid, a la
luz de esta historia?
- ¿Qué
enseñanza ofrece el
autor al final del cuento?
Descubriendo
el mensaje
El
cuento nos ayuda a pensar en
un tema de grave actualidad
en nuestro tiempo, el abuso
del alcohol, esta grave enfermedad
social que es el alcoholismo.
El cuento es especialemente
bueno para trabajar en grupos
de riesgo o con adolescentes.
Según
el relato de Mandinga, ¿qué
produce el abuso del vino?
Alguna
vez te has sentido ¿como
la mona? ¿como el puma?
¿o como el cerdo?, por
abusar del vino. ¿Qué
experimentaste en esos momentos?
¿Y después?
¿Conoces
personas, familiares, amigos,
que sufran por causas del alcohol?
En
los grupos donde te mueves,
¿existe una presión
social por consumir alcohol?
¿Cómo te sientes
ante esta presión? ¿Cómo
puedes responder?
¿Qué
mensaje nos deja el cuento?
¿Cómo
lo puedes aplicar a tu vida?
Compromiso
para la vida
Sintetizar
en una frase el mensaje del
cuento para nuestra vida.
Para
terminar: la oración
en común
Leer
en común el texto del
evangelio señalado.
Compartir
oraciones espontáneas
en común. A cada intención
acompañar diciendo: Señor,
escucha nuestra oración
confiada
Terminar
leyendo la oración.
Por
los que sufren por
el alcohol
Señor,
acuérdate
de las familias
que
sufren por causa del
alcoholismo.
Por
los jóvenes
que toman demasiado
y
arruinan su vida,
tal
vez, sin darse cuenta.
Por
los padres y madres
de familia
que
en su desesperanza
recurren
al alcohol.
Por
los que están
enfermos
y
les cuesta cambiar.
Acuérdate
de ellos, Señor,
para
darles una mano,
y
enséñanos
a todos
a
ayudarnos,
porque
nadie puede
permanecer
al margen
de
este flagelo social
que
destruye vidas, sueños,
proyectos
y familias.
Enséñanos
a sumar nuestro esfuerzo
para
superar esta situación.
- Que así sea
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