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La quemazón
y las semillas
por Mamerto Menapace,
publicado en La sal de la tierra, Editorial
Patria Grande
No te dejes vencer
por el yuyal. Al contrario, vence al yuyo
por medio del trigal (cf. Rom 12, 21).
La vida es en
gran parte posibilidad y disponibilidad,
igual que la tierra. Es fértil. Pero
no sólo es fértil; tiene también
una historia. Y esa historia ha dejado en
ella semillas que estarán siempre
al acecho de la oportunidad que les permita
brotar. Toda tierra fértil contiene
en su humus semillas de yuyos que duermen
en espera de que ella sea removida por el
cultivo. No es culpa de la tierra: es consecuencia
de su historia. Es el riesgo de ser fértil
y estar en disponibilidad.
Ese grupo de
hombres se había encariñado
con la tierra descubierta. Y a través
de su cariño comenzó a sensibilizarse
por el dolor de su tierra cubierta por el
pajonal. Tal vez ni siquiera supieran gran
cosa del paso por ella de los ladrilleros,
ni de los especialistas en su fauna y en
su flora. Lo que vieron fue cómo
los pastitos pequeños morían
ahogados por las grandes matas de yuyos
que acaparaban la fertilidad que la tierra
destinaba para todos. A medida que se internaron
en el yuyal vieron también que la
luz no llegaba a los pastos pequeños,
porque al extender los grandes sus ramajes
acaparaban lo que el sol derramaba para
todos sobre la tierra.
Y ese grupo de
hombres con cariño por la tierra,
tuvo así la experiencia de la opresión,
del abuso, de lo que no debía ser.
Junto a su sentimiento de amor y de cariño
por la tierra, sintieron también
otro sentimiento, mezcla de rabia y de impotencia.
Por eso se alegraron
cuando vieron incendiarse el pajonal. Y
ellos mismos ayudaron a desparramar el fuego,
ayudados por el viento de Dios que siempre
sopla sobre la tierra en caos. Y a la luz
del incendio vieron derrumbarse los viejos
matorrales y aparecer de nuevo el rostro
de la tierra, que es rostro de fiesta y
de esperanza.
Pero ¿estaba
con eso la tierra liberada? No. Absolutamente
no.
Simplemente estaba
de nuevo la tierra disponible. Disponible
para la siembra y también disponible
para el rebrote de todas esas semillas del
viejo yuyal.
Hasta aquí,
en cierta manera, nada había habido
de específico en el actuar de aquellos
hombres. Habían colaborado en un
proceso que volvía a poner la tierra
en disponibilidad. Habían sido simples
compañeros de otras fuerzas que actuaban
de acuerdo con el antiguo yuyal instalado.
Pero al llegar a este momento comenzaron
a darse cuenta de que su misión se
diversificaba. De que su misión con
respecto a esa tierra concreta, disponible
para futuros proyectos, era distinta de
la de los elementos que hasta allí
habían sido sus colaboradores: el
viento, el fuego, la luz. Ahora su tierra
comenzaba a crear nuevas estructuras. Y
en la exigencia concreta del futuro, la
tierra tenía derecho a exigir de
ellos algo específico. Comenzaba
para ellos su auténtica misión:
la de sembradores. Eran los hombres de la
semilla. De una realidad pequeña
pero poderosa y portadora de una vida nueva.
De una vida y
de una realidad que la tierra nunca podría
producir por sí misma. De algo que
tiene que venir de afuera. La realidad de
la que estos hombres eran portadores, no
pertenecía a la vieja historia de
esa tierra. La realidad del trigal, tenía
para ella mucho de irrupción, de
desembarco. Y sin embargo, desde siempre
había estado abierta a la posibilidad
del trigal. En lo profundo de su posibilidad,
junto a las viejas semillas del yuyal, dormía
la esperanza del trigal.
Se hacía
urgente para aquellos hombres dedicar todo
su esfuerzo concentrándose en la
siembra. Ya no se trataba de luchar contra
el viejo yuyal, batido en retirada. Había
que medirse con el yuyal nuevo que rebrotaba
de la vieja historia de la tierra. El viejo
egoísmo acaparador, la antigua violencia
prepotente, el abuso de usar para sí
lo que estaba destinado para todos. Todas
estas realidades volvían a subir
desde la tierra trepando por los tallos
jóvenes del nuevo yuyal.
Luchando contra
ello directamente, nada se lograría
para la tierra y todo gesto de esos hombres
estaría vacío de contenido
auténtico.
Sólo se
regresaría indefinidamente al mismo
punto de partida, dejando a la tierra en
disponibilidad para las viejas semillas
del yuyal, cuando a los hombres los venciera
finalmente el cansancio.
Por eso estos
hombres se internaron con cariño
en aquella tierra abierta y disponible,
sembrándola con la semilla de Dios.
Con la semilla del amor, del desinterés,
del olvido de sí mismo, entregando
a los demás por renuncia hasta eso
mismo que estaba destinado para ellos. Porque
también ellos tenían un proyecto
bien lúcido para la tierra en liberación:
su proyecto era llevarla a trigal. Trigal
que es tierra liberada. Tierra en la que
se ha liberado su capacidad de pan, para
ser partido en cada mesa.
Conozco trozos
de tierra humilde, donde el yuyal ha sido
vencido por el trigal. Son los manchones
de tierra liberada por la siembra, que alimentan
a nuestra patria.
Elija una sola
estrella
quien quiera ser sembrador.
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Guía
de Trabajo Pastoral por
Marcelo A. Murúa
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Cuento
La
quemazón y las semillas,
de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal
de la tierra, Editorial Patria
Grande.
Lectura
Realizar
la lectura del cuento en grupo.
Es importante que todos los
presentes tengan una copia del
texto. Se pueden ir turnando
dos o tres personas para leer
el cuento en voz alta.
Rumiando
el relato
Al
terminar la lectura entre todo
el grupo se reconstruye el relato
en forma oral (se lo vuelve
a contar).
- ¿De
qué nos habla el autor
en el cuento? ¿Qué
describe?
- ¿Qué
posibilidades y disponibilidades
encierra la tierra?
- ¿Cuál
es la acción que realizan
los hombres al principio del
relato? ¿Qué realizan
luego? ¿Qué consecuencias
tiene cada trabajo sobre la
tierra?
- ¿Cómo
caracteriza la acción
del yuyal sobre la tierra
y los brotes nuevos?
- ¿Qué
actitudes son necesarias para
la siembra?
Elegir
una frase del texto (releerlo
rápido para ubicarla)
que más le haya llegado/impactado
a cada uno y compartirla en
voz alta.
Descubriendo el mensaje
El
cuento continua la serie iniciada
con "Los hombres y la tierra"
(puedes encontrar este cuento
en http://www.buenasnuevas.com/recursos/cuentos.htm)
y nos ayuda a pensar sobre la
tarea educativa.
La
tierra, como cada persona, encierra
posibilidades enormes, ¿qué
hace falta para despertar y
hacer crecer las posibilidades,
dones, talentos que cada persona
tiene?
¿Cómo
caracterizarías a un
buen sembrador=un buen educador?
¿Qué actitudes personales
favorecen la siembra de valores
en las personas?
Observa
los cuidados que el sembrador
debe realizar para que los yuyos
no ahoguen los brotes del trigal
en el relato. Repasa las características
del yuyal y relaciona esas características
con los valores que promueve
la sociedad actual, y su dios
el mercado (acaparar, vivir
para uno, no compartir
)
¿Cómo promover los
valores del evangelio en nuestros
días?
Al
final del relato el autor sugiere
que un buen sembrador debe concentrarse
en algo específico, ¿cuál
puede ser la siembra que de
sentido a tu vida?
¿Qué
aprendes del cuento para tu
vida? ¿Cómo puedes
aplicar el mensaje del cuento?
Compromiso para la vida
Sintetizar
en una frase el mensaje que
has descubierto en el cuento
para tu vida. Compartirlo con
los demás.
Para
terminar: la oración
en común
Leer
entre todos la oración
y luego poner en común
las intenciones de cada uno.
Terminar
con una canción.
La
siembra
Danos
Señor
la
entrega sencilla
y
el testimonio auténtico
para
que sean las herramientas
con
las que sembremos
los
valores del Evangelio.
Mucha
vida
y
menos palabras,
para
llegar al corazón
y
no quedarse en la
superficie.
Como
los has hecho Tú,
que
esparciste la semilla
con
la entrega de tu vida
y
fecundaste la tierra
entera
con
levadura de esperanza.
- Que así sea,
Señor -
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