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La esperanza
por Mamerto Menapace,
publicado en La sal de la tierra, Editorial
Patria Grande.
La
desesperación no es un camino sin
salida. El camino sin salida es el del desanimado.
El de aquél que ha perdido el coraje
de seguir peleando porque la experiencia
le ha lastimado la esperanza.
El
desanimado ha perdido el sentido de la lucha.
Tal vez peor: la fuerza para luchar. Es
entonces cuando es necesario hacerlo crecer
hasta la desesperación, suscitándole
la bronca. La bronca sembrada sobre el desánimo
hace nacer la desesperación.
Y
la desesperación superada, eso es
la esperanza.
Por
eso me parece imposible suscitar la esperanza
en un desanimado a través de la compasión.
Un desanimado no necesita de la lástima.
La lástima es el reponso sobre el
desanimado. Al desanimado hay que llevarlo
a la bronca, a fin de que sacudido en su
vergüenza asuma la desesperación
y la supere. Allí, reconquistado
el valor fundamental de su vida, emprenderá
la lucha. Lucha que no pondrá sus
garantías en las fuerzas personales,
ni en las dotes de su naturaleza. Porque
de ellas se tiene la experiencia de su fragilidad.
Hasta cierto punto, sobre ellas el desánimo
ha hecho la amputación de su capacidad
de ser garantías.
La
garantía se pone sobre algo mucho
más profundo y más inagarrable.
Sobre algo mucho más nuestro, en
definitiva. Sobre el misterio de nuestra
propia vida. Mi vida tiene un sentido. El
vivirlo es lo que me permitirá ser.
Esa convicción profunda es un acto
profundo de fe en sí mismo. O mejor:
es algo que llevamos por dentro y que nos
puso en camino. Creer que mi vida tiene
un misterio que puede ser cumplido. Saber
que eso existe y que aunque no lo veo es
lo único que da apoyo real a mi vida
y a mis opciones, es algo que me hace superar
la desesperación.
Pero
insisto. Sólo la bronca puede llegar
a hacernos crecer hasta la desesperación.
Esa actitud profundamente humana, que no
nos deja admitir que nuestra carezca de
sentido. Y es la fuerza que el desanimado
necesita para no dejarse estar. La desesperación
no es la desesperanza. La desesperanza es
carecer de esperanza, es la situación
de no tener ya esperanza. Mientras que la
desesperación es la situación
de no tener aún esperanza y por lo
tanto la urgencia tenaz por conquistarla.
En
la práctica, pienso que hay situaciones
en las que sólo nos queda una actitud
humana razonable: sembrar con fe en el surco
del amor para que poco a poco vaya creciendo
la esperanza.
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