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El misterio de
la vida
por Mamerto Menapace,
publicado en Cuentos Rodados, Editorial
Patria Grande.
Si en una fábrica
de tractores se quiere acelerar la producción,
se recurre a la intensidad en el trabajo,
y a la duplicación de la materia
prima utilizada. Con ello se consigue producir
la misma cantidad, en la mitad del tiempo.
Por ejemplo, si en nueve meses salen de
la fábrica una cantidad determinada
de unidades, duplicando las horas de trabajo
y el material utilizado esa misma cantidad
de tractores podrán salir en cuatro
meses y medio. Para ello basta una decisión
eficiente del señor director de la
fábrica.
Pero si ese mismo
señor se convierte en padre de un
hijito, tendrá que esperar ansiosamente
los nueve meses del embarazo para poder
ver su rostro. No ganará nada con
tener dos señoras.
Porque la vida
tiene sus propias maneras de realizarse.
Poniendo el doble de granos de trigo sobre
la misma superficie de campo, no necesariamente
se consigue duplicar el rendimiento. Al
contrario, suele acontecer que las plantitas
se condicionen de tal manera por su cercanía
que el resultado es exactamente el contrario
del que se buscaba indebidamente.
La vida no se
produce. Hay que aceptarla y acompañarla.
Es un misterio que exige respeto y dedicación.
Tiene sus propios ciclos y sus tiempos.
El trigo es sembrado en el corazón
del invierno, y madura en la plenitud del
verano. El maíz nace en primavera
y se lo cosecha al comenzar el invierno,
luego de las primeras heladas. Los mandarinos
florecen en setiembre, y en nuestra zona
mantienen sus frutas maduras de mayo a agosto.
Las castañas entregan sus granos
grandes y harinosos para Pascua.
Lo que el agricultor
decide es su plan de siembra y de plantación.
Para ello elige las especies que desea,
y les asigna un trozo de chacra o de huerta.
En su sabiduría escalona los cultivos,
y distribuye la cantidad de los distintos
frutales. Pero jamás exige a una
variedad que se amolde a la manera de ser
de otra. Si quiere ciruelas, planta ciruelas.
Y cuando busca melones, no se emperra en
sembrar sandías.
Todo esto parece
tan evidente. Y sin embargo lo que admitimos
con naturalidad en la vida vegetal y animal,
no queremos aceptarlo en la vida espiritual.
Tantas veces
perdemos la paciencia ante la lentitud de
los procesos de crecimiento propio o de
los demás. Nos gustaría que
un impulsivo diera frutos de paciencia,
y le anulamos toda la riqueza de sus iniciativas.
Exigimos a los niños que tengan la
madurez que los grandes piensan haber conseguido,
y con ello los hacemos apáticos a
todo lo que no resulte eficiente.
Y en la oración
ni que hablar. Pretendemos engendrar al
Espíritu Santo mediante técnicas
ascéticas, o con complicados métodos
psico-gimnásticos. Y pensar que sería
más sencillo pedírselo a Nuestro
Padre que está en los cielos que,
como lo afirmó Jesús, no nos
negará su Espíritu Bueno si
se lo pedimos con actitud de hijos necesitados.
La vida será
siempre un misterio. Pero real y presente
en todas partes. Nos está permanentemente
contando sus parábolas, si es que
tenemos los oídos para oír,
y el corazón para escuchar.
Contemplativo
no es el que se encierra en sí mismo
evadiéndose de todo lo que lo rodea.
Lo es aquel que tiene los ojos dilatados
y los oídos abiertos para rastrear
las huellas de Tata Dios por allí
donde haya pasado.
Y donde veamos
algo que vive ... el dedo de Dios está
ahí.
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Guía
de Trabajo Pastoral por
Marcelo A. Murúa
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Cuento
El
misterio de la vida, de Mamerto
Menapace.
Publicado en el libro Cuentos
Rodados, Editorial Patria Grande.
Lectura
Realizar
la lectura del cuento en grupo.
Es importante que todos los
presentes tengan una copia del
texto. Se pueden ir turnando
dos o tres personas para leer
el cuento en voz alta.
Rumiando el relato
Al
terminar la lectura entre todo
el grupo se reconstruye el relato
en forma oral (se lo vuelve
a contar).
- ¿De
qué nos habla el relato?
- ¿Qué
comparación realiza
al principio del cuento? ¿Cómo
se puede aumentar la producción
de una fábrica? ¿Es
posible realizar lo mismo
con los procesos de la vida?
- Recordar
los ejemplos del campo que
menciona, en la zona donde
vives ¿qué se
puede plantar, en qué
tiempo se siembra y cuándo
se cosecha cada variedad?
- ¿En
qué se parece la vida
espiritual, la oración
a estos procesos de la naturaleza?
- ¿Qué
significa ser contemplativo
en la mirada del autor?
- ¿Qué
enseñanza ofrece el
cuento?
Descubriendo
el mensaje
El
cuento es una hermosa y profunda
motivación para pensar
en la vida espiritual, su crecimiento
y sus ritmos.
Repasa
las etapas que el cuento señala
cuando habla del plan de siembra
del agricultor
comparalo
con tu vida espiritual. Los
frutos de hoy son las semillas
de ayer. ¿Sigues un plan
de crecimiento espiritual? ¿Siembras
hoy para recoger en el futuro?
¿Riegas convenientemente
tus brotes de espiritualidad?
El
gran alimento de la vida espiritual
es la oración, diálogo
abierto con el Dios de la Vida,
escucha atenta de su Palabra,
lectura y discernimiento de
los signos de su presencia en
la historia que vivimos
¿Cómo anda tu oración?
¿Le dedicas tiempo a escuchar
a Dios? ¿Si tienes dificultades
para orar, cómo puedes
salir adelante? ¿Qué
enseña Jesús con
respecto a la oración?
Ser
contemplativo es tener la capacidad
de descubrir y asombrarse con
la presencia de Dios en nuestra
vida, en la realidad que vivimos,
en la vida de los demás.
Dios habla desde allí
e invita a la conversión
y al cambio para seguir a su
Hijo. ¿Qué concepto
de contemplación tienes?
¿Intentas discernir la
presencia del Señor y
sus huellas en la realidad que
vivimos, en la vida de tus hermanos,
en tu propia existencia?
¿Cómo
puedes aplicar las enseñanzas
del cuento a tu vida?
Compromiso
para la vida
Sintetizar
en una frase el mensaje que
has descubierto en el cuento
para tu vida. Compartirlo con
los demás.
Para
terminar: la oración
en común
Leer
en común el texto del
evangelio citado por el autor,
donde Jesús nos invita
a pedir el Espíritu al
Padre Bueno
Compartir
oraciones espontáneas
en común. A cada intención
acompañar diciendo:
Señor,
enséñanos a descubrir
tu presencia
Terminar
leyendo la oración.
Enséñanos
a descubrir tu presencia
Señor,
vivimos
ciegos
en
medio de la vida que
nos rodea.
nos
cuesta descubrir tus
huellas
y
tu presencia.
A
veces buscamos
donde
quisiéramos
encontrarte
y
no donde tú
nos enseñaste
que
estabas siempre.
Ayúdanos
a contemplar el mundo
para
conocer tu rostro
y
escuchar tu palabra.
Danos
tu Espíritu
para
enseñarnos
a abrir el corazón
y
convertirnos al evangelio.
Danos
paciencia para aceptarnos
y
aceptar a los otros.
Danos
coraje para cambiar
y
cambiar el mundo.
Danos
sencillez
para
aprender a ver,
a
escuchar,
a
contemplar la vida.
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Que así sea
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